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A los 45, dejó el éxito laboral, una familia ensamblada y su comodidad para vivir en la Patagonia: “¿Esto es todo?”

En Buenos Aires, León Puccio tenía lo que muchos podrían considerar una vida normal, hasta `exitosa´. Hacía catorce años que se desempeñaba en una empresa de seguridad electrónica, manejaba...

En Buenos Aires, León Puccio tenía lo que muchos podrían considerar una vida normal, hasta `exitosa´. Hacía catorce años que se desempeñaba en una empresa de seguridad electrónica, manejaba un equipo de trabajo, organizaba reuniones, visitaba clientes y disfrutaba de su autonomía construida con esfuerzo durante años. Asimismo, tenía una familia ensamblada, dos hijos, amigos y una rutina que le daba contención.

“No había un gran problema que resolver. No estaba escapando de una crisis ni atravesando un momento dramático. Sin embargo, había una pregunta que aparecía cada vez con más fuerza: ¿esto es todo?”, cuenta hoy León, mientras repasa tiempos pasados.

“Con el tiempo entendí que muchas veces podemos tener una buena vida y, aun así, sentir que no estamos viviendo la vida que realmente elegimos. Creo que esa sensación también la viven muchos empresarios y profesionales: cumplen objetivos, sostienen responsabilidades, hacen que todo funcione, pero en algún lugar de su interior sienten que hace tiempo dejaron de escucharse”.

La llama ardiente que conduce a la Patagonia y el impacto de la decisión: “Una de las partes más difíciles del proceso”

La Patagonia no apareció de un día para el otro. Esa tierra vasta, a miles de kilómetros, había despertado algo en el interior de León durante su adolescencia, cuando la visitó por primera vez. Más adelante volvió solo, y en aquel regreso, algo sucedió, una conexión definitiva que quedó guardada en la profundidad de su ser: “Hasta que un día esa sensación dejó de ser un pensamiento y se convirtió en una certeza. Yo la llamo la llama ardiente”, revela.

León no sabía cómo iba a dar ese paso, el gran salto hacia la incertidumbre, donde desconocía qué iba a hacer ni cómo se podría sostener económicamente en esa porción de un mismo país, pero tan diferente a su mundo conocido. Lo único que sabía es que tenía que vivir en la Patagonia.

Por aquel entonces tenía 45 años y una vida organizada que le parecía indicar que no era el momento para empezar de nuevo. Sin embargo, León sentía que era precisamente el momento de ser coherente con él mismo: “Mi pareja me acompañó desde el primer instante en mi decisión. Algunos amigos también. Otros no entendían. Mis hijos la vivieron con tristeza y eso fue, sin dudas, una de las partes más difíciles del proceso”.

Fue así que un buen día, León vendió muchas de sus cosas, cargó su auto -al que llamó Venom- con sus pocas pertenencias y una enorme ilusión: “No vine buscando una nueva profesión. Vine buscando sentirme vivo otra vez”, suele decir. Hoy mira hacia atrás y entiende que las decisiones más importantes de su vida nunca nacieron del miedo: “Nacen de escuchar esa voz interior que tantas veces dejamos en silencio”, reflexiona.

Cambiar la manera de mirar el mundo en un entorno muy diferente: “Lo que me sorprendió fue la calidad humana”

Eligió San Carlos de Bariloche, atraído por la naturaleza, pero también por las oportunidades que podía ofrecer una ciudad con tanta diversidad de personas y actividades. Llegó con un alquiler temporario de dos semanas, conseguir algo permanente -le decían- era casi imposible, sin embargo, al día siguiente halló un lugar donde vivir por el siguiente año. Tal vez, su mentalidad había jugado a favor: el no sentía que había llegado para probar suerte, sino para quedarse.

Los primeros meses fueron una mezcla de incertidumbre y entusiasmo, León seguía con su trabajo de manera remota, recorría senderos, subía montañas, navegaba lagos, aprendía a pescar con mosca, hacía kayak, trekking y descubría lugares que hasta ese momento solo existían en sus sueños: “Muchas personas creen que cambiar de vida significa cambiar de trabajo. En mi caso, primero cambió mi manera de mirar el mundo. Lo demás fue llegando como consecuencia”, asegura.

“De Bariloche, lo primero que me sorprendió fue la calidad humana. Acá las personas se saludan, ceden el paso, ayudan sin esperar nada a cambio y tienen una predisposición que me recordó que todavía existen lugares donde el tiempo parece ir un poco más despacio. También me impactó la sensación de seguridad”, continúa. “Recuerdo una tarde en la que fui a una playa con mi equipo de pesca, un libro y el mate. Me acosté a leer, me quedé dormido y desperté cerca de las once y media de la noche. Lo primero que pensé fue que me habían robado todo. Cuando abrí los ojos descubrí que absolutamente nada había desaparecido. En ese momento entendí algo muy profundo: el peligro ya no estaba afuera; seguía viviendo dentro de mí”.

“Quizás el cambio más grande no fue geográfico, sino interno. La Patagonia me enseñó a bajar el ritmo. A escuchar el viento entre los pinos, el sonido del agua, el silencio de las montañas. A recuperar la capacidad de asombro. Vivimos en una sociedad donde muchas veces normalizamos el estrés permanente. Recién cuando uno baja esa velocidad descubre cuánto ruido llevaba encima”.

Una nueva transformación: “¿Por qué iba a seguir haciendo lo mismo si yo ya no era la misma persona?”

Los meses pasaron y aquella vida entre edificios y bullicio parecía ser otra vida. Para León, caminar por un sendero, respirar aire puro, contemplar un lago o simplemente detenerse unos minutos en un bosque dejó de ser un lujo para convertirse en parte de su manera de vivir. Eso, comprendió, era parte de lo que buscaba, no solo mejorar su calidad de vida, sino descubrir una nueva forma de calidad de vida: “Hoy no imagino una vida lejos de la naturaleza”.

Sin embargo, su entorno no fue lo único que cambió, también lo hizo su manera de trabajar. Llegó con su trabajo de siempre en seguridad electrónica a cuestas, luego se aventuró a emprender con diversos proyectos, se desempeñó en turismo, participó en proyectos audiovisuales, realizó consultorías, colaboró con empresas, distribuyó productos e incluso encontró oportunidades de negocio entre Argentina y Chile.

“Cada experiencia me enseñó algo”, dice pensativo. “Hasta que un día me hice una pregunta que cambió todo: ¿Por qué iba a seguir haciendo lo mismo si yo ya no era la misma persona?”.

Con el interrogante latiendo fuerte, León decidió adentrarse en la formación en coaching, programación neurolingüística, neurociencia, psicoterapia, hipnosis y desarrollo humano. De su recorrido nació su transformación laboral, independiente del mundo empresarial que traía desde Buenos Aires: “Hoy, con Método Alba (el nombre de su proyecto), acompaño a las personas que desean romper patrones, desarrollar una mayor conciencia y construir una vida más coherente con quienes realmente son”, continúa León, quien con el tiempo también comprendió que muchas de las dificultades que viven las personas aparecen dentro de las organizaciones, y creó un programa acorde, donde busca fortalecer la cultura organizacional desde una mirada humana.

“Además, tuve la fortuna de encontrar a cuatro personas con quienes compartimos una misma visión sobre el desarrollo humano. Juntos fundamos Despierta Patagonia, un movimiento que organiza experiencias presenciales donde cientos de personas encuentran un contexto para crecer, vincularse y recordar que no están solas en su camino. Hoy siento que mi trabajo dejó de consistir en hacer cosas para convertirse en acompañar transformaciones”.

La búsqueda de la felicidad: “¿La vida que estoy viviendo es realmente la vida que elijo?”

La búsqueda de la felicidad es una de las grandes obsesiones del ser humano. El camino nunca es sencillo, ante todo porque cada decisión tiene un efecto no solo sobre el que la toma, sino sobre el entorno. Aun así, para León y para tantos otros seres, esa búsqueda es esencial para mejorar el vínculo con ese otro -aunque al principio cueste entenderlo- y dejar una huella positiva, y sin resentimientos, en el mundo.

León se atrevió a dejar su `vida hecha´ y en apariencia buena a los 45 años, y está convencido de que nunca es tarde para emprender el camino hacia la felicidad: “Si tuviera que resumir todo este camino en una sola enseñanza, diría que cada persona tiene una llama ardiente esperando ser escuchada. A veces aparece como una intuición. Otras veces como una incomodidad difícil de explicar. Y muchas veces la tapamos con obligaciones, con rutinas o con el miedo a cambiar”, reflexiona.

“Mi experiencia me enseñó que cuando uno se anima a escuchar esa voz interior y actúa con coherencia, empiezan a aparecer personas, oportunidades y aprendizajes que jamás habría podido planificar”, continúa. “No creo que el éxito sea solamente una cuestión económica. Para mí también es despertarse con ilusión, construir relaciones sanas, sentirse en paz con las decisiones que toma y vivir una vida alineada con los propios valores”.

“Hoy mi propósito es acompañar a otros. Y si esta historia deja alguna reflexión, me gustaría que fuera una muy simple: no hace falta mudarse a la Patagonia para cambiar de vida. Pero sí hace falta hacerse una pregunta que muchas veces evitamos: ¿la vida que estoy viviendo es realmente la vida que elijo… o simplemente la que aprendí a sostener? Quizás esa pregunta sea el comienzo de todo. Y, si existe una respuesta esperándote del otro lado, ojalá tengas el coraje de seguir tu propia llama ardiente. Buena vida”.

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Si querés compartir tu experiencia podés escribir a argentinainesperada@gmail.com .Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas.Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/a-los-45-dejo-el-exito-laboral-una-familia-ensamblada-y-su-comodidad-para-vivir-en-la-patagonia-esto-nid10082026/

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