Alerta, contribuyentes: un plan implacable para cazar en el zoológico
Andrés Vázquez odia las fotos. Algunos sostienen que es una maña heredada de sus épocas en que tenía contacto frecuente con los servicios de inteligencia por su trabajo en la vieja AFIP, pero ...
Andrés Vázquez odia las fotos. Algunos sostienen que es una maña heredada de sus épocas en que tenía contacto frecuente con los servicios de inteligencia por su trabajo en la vieja AFIP, pero el titular del organismo recaudador lo explica de forma distinta cada vez que se lo preguntan. Dice, sencillamente, que no le gustan. Quizás por eso está decidido a descolgar los cuadros de sus antecesores que se ubican al lado de su despacho. Otra tradición kirchnerista —la inició Ricardo Echegaray— que morirá a manos de la gestión libertaria.
Las cosas cambiaron la semana pasada para Vázquez, muchas veces rodeado por la polémica por propiedades en Miami o el ascenso veloz de personal. Debió sacarse una foto junto a Luis Caputo y un grupo de contadores en una reunión a la que el ministro convocó para conocer la temperatura en la calle con respecto a la ley de inocencia fiscal y el régimen simplificado de ganancias. Es una muestra de su aceptación institucional al frente de uno de los organismos más poderosos del Estado.
El organismo recaudador tiene por delante un trabajo difícil. Está obligado a mejorar los ingresos del Estado, que van en caída, en una economía que crece de manera dispar y en un gobierno que debe recaudar impuestos aunque al presidente Javier Milei le fastidie hacerlo. El plan ya se puso en marcha e involucra una implacable cacería en el zoológico de los animales más grandes de ese ecosistema tributario.
Aunque suele estar lejos de las polémicas de la política y los ribetes más vistosos del plan libertario, es una paradoja en el corazón del proyecto libertario: para poder bajar impuestos, primero hay que cobrarlos.
También es clave para el futuro de la Argentina, a tal punto que se involucró en ella el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El organismo difundió en los últimos días un documento que cuenta cómo debería ser la reforma tributaria que aplique el Gobierno. Entre otras cosas, pidió que más trabajadores paguen el impuesto a las ganancias y que se endurezca el monotributo para que los contribuyentes deban pasar al régimen general, más oneroso. Sería la contrapartida de la reducción o la eliminación de ingresos brutos, el impuesto al cheque y las retenciones. Detrás de esas recomendaciones hay una preocupación concreta: cómo sostener la recaudación en un gobierno que promete bajar impuestos.
A una hora de la tarde, el celular de Luis Caputo se convierte en un infierno digital. Recibe informes de todo tipo, pero uno de los que más le importa tiene que ver con la marcha de la recaudación. De esas cifras depende el resultado fiscal que muestra todos los meses, del cual cuelgan también la expectativa de baja de la inflación y la posibilidad de eliminar impuestos, dos promesas de campaña que Milei reconfirma cada vez que puede.
Es curioso que una parte importante de la suerte del ministro de Economía esté atada a Vázquez, una persona a la que él no eligió. De hecho, perdió un casillero en el Estado cuando dejó la silla Juan Pazo, histórica persona de confianza de Caputo.
El actual titular de ARCA llegó a su puesto por la recomendación que le hizo al asesor Santiago Caputo el influyente Leonardo Scaturrice, vinculado en el pasado con tareas de inteligencia, ahora enlace del gobierno argentino con Donald Trump y de negocios crecientes en el país tras la compra de Flybondi y otras empresas. El origen de esa designación hace que mantenga un vínculo cercano con Manuel Vidal, aunque reconoce como jefe al ministro de Economía.
Caputo convalidó una estrategia que Vázquez y su equipo llevarán adelante para ir tras los mayores contribuyentes que deben plata. Esa decisión les permite respirar aliviados a los más pequeños. Al menos, por el momento.
En la era de los algoritmos, el Estado tiene sus propios sistemas predictivos. Es la base objetiva a través de la cual ARCA depuró el padrón de personajes a investigar, que bajó de 4500 contribuyentes a unas 1500 personas y empresas. Es menos esfuerzo para obtener mejores resultados por parte de algunos de los empleados mejor pagados de la administración pública. El objetivo es aumentar la percepción de riesgo. Es decir, que se le pague a ARCA por temor a que el Estado detecte finalmente las infracciones que está buscando.
La conducción del organismo recaudador avanzó con una jugada arriesgada. Va tras los principales bancos del país, los mismos que compran bonos de deuda argentina y de los que depende Milei para reactivar el crédito y empujar nuevamente a la economía.
ARCA ya presentó reclamos ante dos de las entidades financieras más grandes del país, así como en otros bancos más chicos. Quienes recibieron las notificaciones quedaron sorprendidos por semejante movilización: se trata de una movida burocrática importante para diferencias de dinero relativamente pequeñas.
Vázquez está desplegando en esos casos la misma estrategia que usó para ir contra la AFA de Claudio Tapia y Pablo Toviggino. Cree que los bancos podrían haberse demorado en el pago de aportes previsionales. Allí hay una clave de la expectativa del equipo económico para apuntalar un ítem fundamental para el proyecto: con los impuestos relacionados con la actividad golpeados, en los próximos meses la mejora de la recaudación podría llegar por la puesta al día de los empleadores con sus obligaciones. El Gobierno irá a buscarlos.
El caso de los bancos es la estación más visible, pero de ninguna manera se trata del final del camino. El acuerdo en el equipo económico es buscar las irregularidades previsionales y avanzar sobre esas empresas. Ya se detectaron problemas en casas de comida y restaurantes importantes, por ejemplo, que tendrán noticias en los próximos días.
El norte lo marca Caputo. Cuando lanzó el denominado régimen simplificado de ganancias, aseguró que se iba a poder controlar mucho mejor porque sería más fácil que el Estado se concentre donde verdaderamente debe buscar. Ese espíritu llevó a los agentes de ARCA a suspender los operativos tributarios en las playas para tocar la puerta de las propiedades en Costa Esmeralda. La idea tuvo un éxito sorprendente porque los propietarios de ese selecto destino atlántico mostraron buena predisposición a poner las cosas en regla. Ya no hay más tiros al aire, sino a objetivos identificados.
Los bancos son apenas una parte del mapa. Es improbable que la militancia del gobierno que busca bajar impuestos se fastidie por proteger a una actividad cuestionada, como el juego y las apuestas. El plan oficial tiene una parada importante en esa esquina, habitualmente ocupada por intereses millonarios y viejos conocidos de la política. Ya hay investigaciones alrededor del Bingo de Bahía Blanca, de la familia Bojanich, una de las principales fortunas de esa ciudad, y también se avanzará sobre casinos.
Un capítulo aparte le tocará a las apuestas online, la estrella más brillante en el olimpo de los juegos de azar, entre otras cosas, por la explosión del negocio relacionado con el fútbol.
Los datos de ARCA muestran un fuerte crecimiento de la recaudación vinculada al juego y las apuestas, especialmente en el segmento online.
En 2025, el Estado recaudó $189.640 millones por impuestos asociados a apuestas y premios, casi el doble que en 2024. El principal motor fue el juego a través de Internet, que pasó de aportar $39.500 millones a $93.658 millones en apenas un año. Más que duplicó su aporte, cuando la inflación en el año estuvo apenas por encima del 30%.
Solo en el primer trimestre de 2026, las apuestas online generaron casi $33.000 millones, por lo que constituyen el rubro más importante del sector.
Hay un aliciente para los contribuyentes. El Gobierno espera que hacia la segunda parte del año la recuperación económica se fortalezca y expanda paulatinamente hacia sectores hoy huérfanos de buenas noticias. Es algo que, en los papeles, mejoraría la recaudación y permitiría seguir avanzando en la reducción de impuestos a la producción, como las retenciones.
El equipo económico habla casi todos los días de eso con la expectativa de lograr mucho más que mejores ingresos. El Gobierno busca que los números positivos de la macroeconomía lleguen a la calle y descompriman tensiones evidentes. Una de ellas es una baja más profunda de las tasas de interés, algo que no convence a los bancos privados porque el retraso en los pagos de los deudores les achicó momentáneamente el negocio.
Las instituciones públicas tienen una mirada distinta. La conducción del Banco Nación, que lidera el karinista Darío Wasserman, está conforme con la utilidad que tiene para mostrar y está a la expectativa de una reducción mayor de las tasas para renegociar más rápido sus acreencias (ya lo empezaron a hacer otros bancos provinciales) y reducir el ignominioso nivel de morosidad. El tema se está discutiendo en despachos públicos. Por ahora, la respuesta es la misma que se podría usar para responder muchas otras preguntas: hay que esperar.
Todo está conectado. Si ARCA recauda más, el equilibrio fiscal se consolida, la inflación baja y las tasas pueden ceder. Y si las tasas ceden, el crédito llega a donde todavía no llegó. Es una cadena larga, con varios eslabones que aún no cierran. Pero es la gran cadena de la que tira el Gobierno.