Cómo surgió el barrio de las barrancas, las mansiones y la quinta presidencial
“Olivos, con sus quintas que miran al horizonte abierto, es el refugio donde el aire se vuelve puro. Cuando sopla la sudestada, el río parece querer abrazar las arboledas, y las casonas, firmes ...
“Olivos, con sus quintas que miran al horizonte abierto, es el refugio donde el aire se vuelve puro. Cuando sopla la sudestada, el río parece querer abrazar las arboledas, y las casonas, firmes en su elegancia, miran el espectáculo de una naturaleza indomable, pero bellísima”, escribía el periodista Nicolás Granada en Caras y Caretas, en 1912. La cita remite a la virtud natural que convocó a los pobladores y, a partir de finales del siglo XIX, al arte edilicio (las elegantes casonas) al “pago del Monte Grande”.
Francisco Romeo Grasso, historiador de Vicente López, señala que, desde la época del Virreinato del Río de la Plata, la zona que hoy ocupa este partido fue “el granero del Gran Buenos Aires por espacio de dos siglos”. Quintas y huertas ocupaban este espacio cedido en suertes tras la conquista de Juan de Garay en 1580. Los montes y olivares contribuyeron a la toponimia.
Para compensar a su gente, el vasco repartió parcelas de lo que hoy serían de 2,5 a 4,5 cuadras y una legua de fondo —unos 5,5 km—, precisamente hasta el “Fondo de la Legua”, nombre que aún se conserva en el partido de San Isidro para este límite que, en Vicente López, corría cerca de la actual avenida de los Constituyentes.
Otro historiador de Vicente López, Julio Luqui Lagleyze, cita de sur a norte los primeros propietarios españoles del actual partido, que va desde la avenida General Paz hasta la calle Paraná: Alonso de Escobar, Antón Higueras de Santana, Gonzalo Martel de Guzmán, Juan Ruíz de Ocaña, Juan Fernández de Enciso, Hernando de Mendoza, Pedro Morán, Rodrigo de Ibarrola, Andrés de Vallejo, Pedro de Sayas y Espeluca, Lázaro Griveo, Juan de Carvajal, Francisco Pantaleón, Pedro de Medina y Juan Martín.
Dos siglos más tarde, Santiago Saavedra era dueño de la franja entre Zufriategui y Lavalle; Urbiña, entre Lavalle y Melo; Ibáñez, de Melo a Roca; Vicente de Azcuénaga, de San Martín a Villate, donde lindaba con la parcela de Manuel de Basavilbaso, que llegaba a Corrientes; Marcos de Riglos y Gaetano Pesoa completaban la cuadrícula hasta Paraná.
El plano de García, de 1813, muestra que las familias Saavedra, Azcuénaga y Riglos mantenían sus parcelas, mientras que en medio se situaban otros propietarios, como Segismundo, Santa Coloma y Pelliza, fruto de los casamientos, las herencias y las ventas. En la bisagra con el siglo siguiente, aparecieron algunos nuevos apellidos enraizados con los anteriores: Anchorena y Bosch, que tenían las tierras que habían sido de Saavedra; Llavallol, Uribelarrea, Parravicini, Olaguer Feliú, Trabucco, Hintermeyer, Monasterio de Haedo, Mihanovich y Petrona de Nouguier.
La topografía era favorable para la radicación de los pobladores, ya que hacia el norte del arroyo Medrano la llanura no tenía interrupciones de consideración más allá de algunas cañadas que no requerían obras de arte.
Las tierras se fueron subdividiendo en grandes lotes. Era la época en que se levantaban las casonas en la ceja de la barranca (la parte más alta está sobre la calle Roca) para contemplar el paisaje del río y disfrutar de sus buenos vientos. Luqui Lagleyze menciona las residencias de Laprida, Llavallol, Cano y Parravicini, entre otras.
Matías Sturiza propuso, en 1890, la creación de una avenida costanera por donde se instalarían “villas y castillos, y parques y monumentos”, que expondrían “la potencialidad económica y la civilización alberdiana”. A la belleza natural, añadirle belleza artística.
El extenso pago de Monte Grande se fue fraccionando administrativamente, ya que ocupaba Retiro, Villa Devoto, Belgrano, Flores, San Martín, Tres de Febrero, San Isidro, San Fernando y Tigre. Hasta su escisión en 1905, Vicente López era parte del partido de San Isidro. Ángel T. de Alvear trabajó políticamente por la separación e interesó a su familiar Marcelino Ugarte, proponiendo incluir en la nueva administración al barrio de Martínez, pero solo se llegó hasta la calle Paraná.
Caminos entre los olivaresEn 1897 fue inaugurado el templo Jesús del Huerto de los Olivos, en terrenos que donó el dentista de Mitre, Hernán Wineberg. Hermosa obra del arquitecto Fernando Moog, con torre central y campanario, fue drásticamente modificada por el edificio actual, de estilo gótico, en 1939.
Al no tener puertos naturales por la amplia y rasa playa costera, quienes vivían o pasaban por Vicente López usaban principalmente el eje norte-sur para contactarse con Buenos Aires o sacar la producción por agua a través del puerto de Las Conchas, actual Tigre.
Entonces Vicente López estaba atravesado por el camino del Bajo, que seguía la actual línea del Ferrocarril Mitre a Tigre, pasando por el único accidente significativo, la punta de los Olivos (a la altura de la estación La Lucila); el camino del Alto (la actual avenida llamada Maipú desde 1911, cuando abandonó su nombre Santa Fe); y el camino de Las Tahonas a las Lomas de San Isidro (hoy avenida Mitre y su prolongación figurada para seguir por Francisco Uzal).
Las estaciones del partidoHombres de a pie, a caballo, carretas y diligencias dejaron paso al gran avance del “camino de hierro”. El Ferrocarril del Norte atravesó el partido uniendo Retiro con Tigre y estableciendo la intermedia estación Olivos, en 1863. Recién un cuarto de siglo después se inauguró Vicente López y, en 1933, La Lucila.
Por entonces, la empresa pionera había sido alquilada y comprada por el Ferrocarril Central Argentino que, por algún tiempo, compitió con el Ferrocarril Buenos Aires y Rosario, que se había “infiltrado” en su área al habilitar un ramal desde la vía Retiro-Rosario de Coghlan a Bartolomé Mitre, pasando por Florida, ambas habilitadas en 1891. La línea prosiguió hasta su propia estación Tigre (Delta, en 1950), muy cercana a la otra terminal, adonde empezó a llegar con sus trenes en 1896. Desde octubre de 1895 estaba habilitada Borges. Juan B. Justo y Cetrángolo son muy posteriores: 1931 y 1952, respectivamente.
La tercera y última línea (Central Córdoba) llegó al partido en 1909 y, a diferencia de las anteriores, lo atravesaba en diagonal. Fue la única que debió sortear desafíos de ingeniería por la fuerte pendiente, en dirección oeste-este, para atravesar la barranca y pasar por arriba a las dos líneas anteriores para luego dar un marcado giro al sur e internarse, literalmente, en el Río de la Plata.
Luego de desarmar el peligroso viaducto sobre el río y transitar unos metros más adentro por “tierra firme”, el Estado Nacional habilitó a esta línea para el tráfico de pasajeros desde y hacia la terminal Retiro, en 1913. Los cuatro años anteriores, la terminal de pasajeros hacia el norte era la modesta Villa Adelina, ubicada justo en el límite entre Vicente López y San Isidro.
En 1912 se habilitó Munro, edificio único en su estilo en toda la línea y preservado hasta hoy. En 1913 se inauguró Kilómetro 12 (luego Aristóbulo del Valle) a metros del cruce por debajo de la avenida Maipú en el llamado Puente Saavedra, que dio nombre al barrio; y Kilómetro 16, luego conocida como Agüero y Florida. Kilómetro 14 (M. M. Padilla) se abrió en 1930 y Kilómetro 18 (Carapachay), en 1943.
Las grandes residenciasNinguna calle en Vicente López reúne más arquitectura e historia que Gaspar Campos. Nace en la trinchera del Ferrocarril Central Córdoba y va hasta la quinta presidencial, con un par de cortes debido a los accidentes del terreno, como la destacada pendiente de la calle Laprida, verdadero tubo de viento desde el río.
En 1888, José María Bosch compró la quinta Buenas Vistas y, luego de fraccionarla, edificó su casona, con torre y estilo castelar, sobre la barranca. Hoy es parte del colegio Highlands, fundado y dirigido hasta 1944 por Clara May Nilsson, esposa del cineasta Leopoldo Torres Ríos y madre de otro cineasta, Leopoldo Torre Nilsson. En el ingreso, sobre la rotonda de la primera cuadra de Gaspar Campos, se encontraba un viejo ombú, que pertenecía a la quinta de los Morales.
En Gaspar Campos al 500 se alza el ingreso al Colegio Michael Ham. El edificio original fue encargado por Jorge Saavedra al arquitecto Alberto Bourdon en 1919. Es una réplica de la casa que este arquitecto hizo para sí en Mar del Plata en 1910. La curiosidad es que solo se mantiene en pie la copia en Vicente López.
El irlandés Michael Ham la compró un año más tarde y, en 1923, la donó a las Hermanas Pasionistas para fundar un colegio católico para niñas. A su muerte, su viuda, Ana María Lynch, se casó con Frank Tooley, quien, en 1942, donó la capilla de Santa Ana. La extensión edilicia de principios de la década de 1950 está firmada por el arquitecto Francisco Salamone, cuya obra monumentalista se conserva en gran cantidad de pueblos de la provincia de Buenos Aires. Curiosamente, también hizo un sencillo edificio de rentas de siete pisos en Zufriategui al 700.
Siguiendo por Gaspar Campos, se destacan hermosos chalés con sus clásicos techos de tejas hasta llegar al 787, donde sorprende el frente ladrillero de la parroquia San Gabriel de la Dolorosa, inaugurada en 1954. Se dice que las maderas del techo fueron traídas desde Dinamarca.
Una cuadra más adelante aparece el Museo de la Fundación Rómulo Raggio. El gran arquitecto Francisco Terencio Gianotti concibió una hermosa residencia para su propietario, Héctor Dellepiane, en 1913. Tres años después la compró Lorenzo Raggio. En 1918 y 1921 murieron él y su esposa. Rómulo Raggio heredó la quinta de una manzana y la denominó San Lorenzo, en honor de su padre. El ingeniero civil Andrés Raggio afrancesó el edificio entre 1933 y 1936. El Museo de Arte empezó a funcionar en 1983.
Al arribar al 1000 se encuentra una de las obras más bellas y desconocidas de los arquitectos Alfredo y Alberto J. Olivari, construida por Santiago Cemersoni y rescatada por el gran blog de arquitectos italianos en Buenos Aires. Vale la pena detenerse a contemplar los detalles del edificio, que resalta por estar en alto y aprovechar los desniveles del terreno.
En Gaspar Campos 1065 se encuentra una casa que pasa inadvertida por su similitud con otras de esta zona, si no fuera que la habitó Juan Domingo Perón entre 1972 y su muerte en 1974, a excepción del tiempo en que volvió a Madrid para retornar a Argentina definitivamente.
La historia es curiosa porque fue construida a mediados de la década de 1930 a pedido de Alfonso von der Becke que, en 1955, integró el tribunal que le sacó el grado militar a Perón. Luego pasó a manos de otra familia de raíz alemana, Bauer Megelbeck, que la vendió a través de una inmobiliaria sin que supieran que la compraban para el político.
Sin embargo, Perón no murió en Gaspar Campos, sino donde alternaba sus días junto a su esposa, Isabel Martínez: la quinta presidencial.
La quinta presidencialEntre las actuales Maipú, Malaver, Villate y el río se encontraba la chacra de los Azcuénaga, que llegó a ser propiedad de Carlos Villate Olaguer. Al morir, en 1913, la legó al Estado Nacional para que fuera quinta presidencial o, en su defecto, un parque. El presidente Hipólito Yrigoyen aceptó la propuesta. Curiosamente, José Félix Uriburu, que derrocó a Yrigoyen en 1930, ocupó la casa como residencia de verano en 1931. La usó muy poco tiempo, pues falleció en 1932.
Su sucesor, el general Agustín P. Justo, pasó el verano de 1936-1937 allí. En 1933 la había reformulado como Colonia de Vacaciones de Niños Débiles y había construido nuevas dependencias, plantado árboles y armado un alambrado perimetral, que subsistió hasta el paredón hecho por la presidenta Isabel Martínez de Perón. Además, cedió al Círculo Militar el sector entre el ferrocarril y la actual avenida del Libertador, donde se levantó un edificio de madera y, luego, una sólida edificación. El plano original de la quinta fue hecho por el arquitecto Prilidiano Pueyrredon para Miguel de Azcuénaga en 1854.
El presidente Juan Perón la ocupó en los veranos de sus primeros mandatos, ya que vivía en la mansión Unzué (demolida tras su derrocamiento y en cuyo predio se levantó la Biblioteca Nacional). Hizo varios cambios y cedió partes a la Unión de Estudiantes Secundarios. Fue el único presidente que murió en esta casa.
En 1940, los herederos de Olaguer habían reclamado la revocación de la donación por no destinarse a los fines establecidos, pero perdieron en tribunales. Recién el presidente Pedro E. Aramburu, en 1956, fue el primero que vivió permanentemente en la quinta.
Alrededor del ferrocarrilEl casco de la antigua quinta San Antonio, que sirvió de descanso para el virrey Vértiz y luego pasó a manos de las familias Castelli y Llavallol, fue luego usado por el hotel Edén, sucedido por el Parque Hotel que, en 1929, derribó la antigua capilla de Nuestra Señora de Lourdes, donde se había casado María Elena Llavallol con el futuro vicepresidente de la Nación, Julio A. Roca.
Los pilares de entrada a la “Quinta del Virrey” son Monumento Histórico Nacional y se encuentran al lado de la estación Vicente López. Las escalinatas se mantienen en la intersección de las calles Roca y Madero.
La escalera a una gruta anexa a la capilla fue conservada por uno de los propietarios tras el fraccionamiento de los terrenos y demolición del hotel, uno de los más importantes en la década de 1920: Pedro Saccagio, famoso ingeniero ferroviario. Un viejo ombú, de cerca de 20 metros de circunferencia y, probablemente, varios siglos de antigüedad, que se encontraba en Penna y Madero, fue derribado en 1932.
Otra casa hermosa de la zona pertenecía a Jacobo Parravicini, ministro del imperio austrohúngaro ante el gobierno de Rosas, abuelo del actor Florencio Parravicini, que vivió en Acassuso. El edificio, en la barranca de Yrigoyen, fue demolido por el Club de Teléfonos en 1945. La calle Yrigoyen llevó el nombre de Emilio Parravicini.
Al lado, en Eduardo Madero al 1500 se encontraba La Olinda, casco de mitad del siglo XIX, de la quinta del mismo nombre, de la familia Cano y, luego, de Guillermo Medda, que fue remodelado por el Club Banco Ciudad de Buenos Aires.
Entre Yrigoyen y Malaver se alzaba La Manuela, casona perteneciente a Juan Manuel de Rosas, expropiada por el Estado tras su caída en 1852. El club Banco Provincia compró las tierras sobre las que estaba edificada pero, en 1934, la demolió para construir canchas de tenis.
Luciendo un esplendor increíble, en la parte alta de las actuales calles Libertador, Debenedetti y Darwin se encontraba el palacio La Lucila, obra muy probablemente del arquitecto Paul Pater, construida por Juan Barassi en el primer lustro de la década de 1910. Lucila Anchorena, la esposa de Alfredo de Urquiza, dio su nombre a la residencia de 21 habitaciones y garaje para ocho autos y, luego, al barrio. A la muerte de Alfredo se ofreció el palacio en donación al Centro Naval y a los Estados provincial y nacional, que no pudieron hacerse cargo, por lo que se demolió en 1944.
La quinta y casa de Fernández Blanco se encontraba en Pelliza, Rawson, Roma y las vías. En 1906 se instaló el Colegio Internacional, dirigido por Francisco Chelía entre 1914 y 1935, que dejó de funcionar y fue demolido en 1940.
Otro ícono de Olivos, que sorprende al que llega a la estación del mismo nombre, es la casa San Roque, construida en 1922 para Leopoldo Rodríguez Ortega por el arquitecto italiano Icilio Chiocci, réplica del ala de un castillo belga. El ladrillo a la vista, la torre y la glorieta la hacen inconfundible al lado del paso a nivel de la calle Corrientes. Este profesional, aparentemente, compró la manzana delimitada por Pelliza, Rosales, Borges y Rawson, la loteó y construyó algunas casas que aún están en pie, entre ellas, la suya en Pelliza 667.
A cuatro cuadras de allí vale la pena una visita al edificio del Cine York, exsede de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Olivos, inaugurada en 1910, obra del ingeniero Antonio Bergallo.
El puertoEn 1912, el ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires convocó a una comisión para estudiar el embellecimiento de la costa. Sturiza, Avelino Rolón, Jorge Mitre, Félix Armesto y Samuel Hale Pearson eran sus integrantes.
En 1917 se le concedió a Sturiza la construcción de un balneario, cuyo proyecto pertenecía a los ingenieros Frase y Cooks. En busca de una adecuada ubicación, dialogó con el ingeniero Humberto Canale, director de Navegación y Puertos. Ambos llegaron a la conclusión de que el mejor lugar era Punta de Olivos, entre las calles Alberdi y Corrientes, para erigir un puerto de cabotaje y recreativo.
En 1922 se inauguró la escollera sur. En la década de 1930 se construyó una pequeña isla hacia el norte, donde se instaló el Club Náutico de San Isidro. Luego quedó unida a la escollera norte y se hicieron dos ramblas de madera: en una se levantó el Balneario de Olivos, con vestuarios y confitería, y, en la otra, el Club Náutico Olivos. En 1936 se fundó el Club de Pescadores de Olivos que, cuatro décadas después, construyó la primera etapa del muelle de hormigón en Olivos, internándose unos 150 metros en el río, duplicados en 1989.
El puerto pasó por varias categorías: frutero, arenero e, incluso, de descarga de explosivos. Enfrente se fueron instalando balnearios (como Las Escaleritas), confiterías, restaurantes y boliches. Y, más hacia el sur, el popular balneario El Indio, administrado por la firma Calvo y Brichetto, que tenía una larga rambla paralela al río entre Roca y Arenales. Escaleras y rampas daban acceso hacia tierra firme y el agua. Tenía salón de baile, juegos, vestuarios, comedor, cocina, bar y potentes parlantes sobre el agua. Llegó a contar con una orquesta propia que, por ejemplo, tocaba en Radio El Mundo en 1941.
Entre Yrigoyen y la prolongación de Italia se encontraba el balneario más elegante, Los Ángeles. Inaugurado en 1938, tenía menor tamaño, pero similares comodidades al anterior, aunque sumaba un lujo para la época: piscina. Luego llevó el nombre de El Ancla hasta que cerró en la década de 1970.
Un dato muy poco conocido y que revela un plano del Automóvil Club Argentino, de 1974, es la ubicación de los balnearios y recreos en esa fecha. Al norte del puerto se encontraba el del Centro Lucense; al sur, la Playa Municipal. Entre Irigoyen y San Martín, el famoso El Ancla, donde había estado la playa del Centro de Almaceneros (citado en un mapa Filcar de 1966) y el Club Shell; Playa Dorada, a la altura de Roca; más al sur, el Centro Asturiano y la Playa Güemes; les seguían centros recreativos: de Aeronáutica, Obra Social del Ministerio de Marina, Bunge y Born (E.S.S.O. en 1966) y Sefaradí (C.A.S.R.).
Edificios que son culturaMerecen citarse dos edificios de Vicente López porque pertenecen actualmente al Municipio, que los ha destinado a exponer la cultura. La quinta de la familia Trabucco fue donada en 1939 por Ana Vigliano, esposa de José Antonio Trabucco, al municipio de Vicente López para uso y disfrute público. Recién fue concretado el traspaso al morir, muy anciano, el último descendiente de la familia. Queda en Melo y Rosetti.
Bernardo Ader, pariente del barón Bieckert, que había instalado su famosa cervecería en Buenos Aires, solicitó a los ingenieros Artazo y Marino la construcción de una Torre Monumental para homenajear a la patria. Con sus poco más de 42 metros fue inaugurada en 1917, en Triunvirato y Castelli. Los descendientes la donaron al Municipio. Allí funciona el Instituto de Investigaciones Históricas de Vicente López.
Personajes en Vicente LópezEn el Hotel Carapachay se reunía el Grupo Anaconda, nombre dado por un famoso libro escrito por uno de los participantes, Horacio Quiroga. Según Conrado Nalé Roxlo, el establecimiento tenía “un prestigio aristocrático y nupcial por ser de moda para las parejas de recién casados”. Entre 1927 y 1931 se reunían, a veces, en la casa que Quiroga había comprado en Vicente López, donde funcionaba un verdadero zoológico con búho, coatí, aguará, carpincho, mono, oso hormiguero y aves zancudas.
A continuación, algunos de los personajes que nacieron, vivieron o murieron en Vicente López: el escritor Álvaro Yunque, que vivió en la calle 25 de Mayo; el Navegante Solitario, Vito Dumas; el pintor Cesáreo Bernaldo de Quirós; los actores María Rosa Fugazot, José Marrone, Juan Carlos Altavista, Ángel Magaña y Nury Montsé; el cantante Jairo, que alternó su vida entre París y Vicente López; la cocinera Petrona de Gandulfo; la médica y política Julieta Lanteri; el escultor Líbero Badii, que vivía en Ramseyer 3220; y el político Raúl Scalabrini Ortiz, que vivió en Alberdi 1164 (casa en pie y señalizada). Caso curioso: en la vereda impar de Fernán Félix de Amador al 1900 vivió el escritor que usaba ese seudónimo, Domingo Fernández Beschtedt. En 5 de Julio (hoy Lisandro de la Torre) 1160 asesinaron al concejal Carlos Ray, crimen que mantuvo en vilo al país en 1926.