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Creía que Argentina era fría, tuvo que migrar al país y cuenta lo que más le impacta: “La calidad de vida es excepcional”

Para María Eugenia Fermín la idea de emigrar a la Argentina le revolvía el estómago. Sabía de la arquitectura con aires europeos de su capital e imaginaba a sus habitantes fríos y distantes, ...

Para María Eugenia Fermín la idea de emigrar a la Argentina le revolvía el estómago. Sabía de la arquitectura con aires europeos de su capital e imaginaba a sus habitantes fríos y distantes, tal como en el Viejo Continente. Ella, con su corazón venezolano, conocía bien los países caribeños y jamás creyó dejar aquel clima y ritmo único que se llevan en la sangre.

La situación sociopolítica no fue el detonante, aunque sí sirvió de empujón. Ella llevaba una vida decente en Venezuela como administradora de consorcios y corredora inmobiliaria, sin embargo, hubo una causa que la obligó a mirar hacia un horizonte tan lejano e impensado. Su única hija, una mujer profesional y casada, decidió junto a su marido migrar a la Argentina tras la búsqueda de un porvenir menos turbulento: “Mi vida era sencilla con amigos, familia y el disfrute de mi Caribe hermoso. Mi rutina era trabajar de lunes a viernes en el día en una inmobiliaria, en la noche en un consorcio y los findes de auxiliar contable, pero siempre buscando tiempo para compartir con los míos”, describe.

Pero ahora, el núcleo de su vida había decidido irse, y apenas pocos meses después del adiós, María Eugenia optó por saltar a esa futuro que proyectaba frío y hostil, muy diferente a su amado Caribe.

Llegar a Boedo, “un barrio hermoso, con un encanto especial”

Tras los pasos de su amada hija, atrás quedó su madre que tiempo después murió sin poder despedir. Pero había algo más, no todo había sido felicidad en Venezuela y en su vida pasada; su lugar de origen cobijaba sucesos dolorosos de su infancia y juventud, secretos que hasta el día de hoy María Eugenia guarda, enterrados bajo siete llaves. Y así, sin tener consciencia de que aquel volver a empezar en Argentina podría significar una oportunidad para sanar heridas y renacer, la mujer llegó a Buenos Aires con el prejuicio de la frialdad, pero colmada de una mezcla de felicidad y sensación de extrañeza.

En Argentina no solo la recibió el abrazo de su hija, sino que tenía sobrinos paternos, muy trabajadores, que hicieron lo imposible para que se sintieran a gusto. María Eugenia se instaló en el barrio de Boedo, y desde el día uno se aventuró a caminar por sus calles para conocer su nuevo hogar; lo hizo con menos reticencia gracias a la calidez de la bienvenida.

“Llegué a un barrio hermoso con un encanto especial, hice amistades en el kiosco, en la confitería, en todo lugar al que iba”, revela con una sonrisa. “Me encantó ver a gente adulta tomar café en locales al aire libre, calles adecuadas para ellos, respeto en las calles, un aire bohemio divino, en las noches poder andar sin miedo en la ciudad. Ver como el transporte público funcionaba con normalidad a toda hora. Me sentía en otro mundo”, asegura.

“Algo insólito era ir a los supermercados y farmacias y verlos surtidos y poder comprar lo que quería y podía. Era lo máximo para mí. Yo venía de un país crítico, con tres empleos y no me alcanzaba para nada y acá con lo que me daba mi hija para pasear me sentía millonaria. Sí, extrañaba a mi gente, el calor de mi tierra, pero acá tenía algo que ya perdía en mi país: libertad de acción y de bienestar. Desde el día uno me enamoré de las medialunas, de las milanesas y las empanadas. ¡No puedo dejarlas de comer! Extraño el queso y el ron venezolano. Lo único que hasta ahora no he podido es tomar mate, no me gusta. Tal vez mi nieta o algún amor hagan que me guste en el futuro”.

Un camino laboral complejo y la calidad de vida: “Poder contar con agua y luz las 24 horas ya es ganancia, algo absurdo pero real”

Los días de caminatas por Boedo dieron paso a una realidad menos atractiva: buscar trabajo en un mundo más hostil que las calles del barrio. Para María Eugenia el camino laboral fue difícil. Al principio vivía con su hija y su yerno, pero, por supuesto, llegó el tiempo de independizarse y ganar dinero se transformó en una necesidad urgente. Por primera vez `ser extranjera´ comenzó a pesar y, en su búsqueda, dejó de sentirse tan bienvenida.

Pero, con su perseverancia característica, constancia y ganas de trabajar, María Eugenia no se rindió. Se trasladó a Morón, en el oeste del Gran Buenos Aires, donde hoy vive, y luego de atravesar por empleos que dejaron sus marcas emocionales, su forma de ser tranquila, jovial y de buen carácter rindieron sus frutos.

“Hoy, con un empleo en el que llevo cuatro años, mi mayor reto ha sido cumplir, por encima de todo, con las funciones y tareas que se me han asignado y tener el reconocimiento de clientes atendidos por mí y el respeto y cariño de compañeros de trabajos. No ha sido fácil pero sigo en el mismo lugar, mi primer empleo en blanco en Argentina y con una antigüedad reconocida por propios y extraños”, dice con orgullo.

“Para mí, en Argentina, la calidad de vida es excepcional, poder contar con agua y luz las 24 horas del día ya es ganancia, algo absurdo pero real. Todos los días, y ya son diez años acá, lo agradezco. Poder bañarme o lavar a cualquier hora del día es estar bendecido. Tener internet y luz es un privilegio. Lo agradezco siempre. La inseguridad en esta zona ahora es un poco fuerte, pero resido en provincia, como que es algo normal, solo hay que tomar previsiones. Vivo sola, alquilo y soy feliz a pesar de ciertas deudas financieras. Pero con mi trabajo puedo pagar un alquiler, tener servicios, e ir asumiendo como pueda esas deudas. Vivo en una zona céntrica en la cual puedo andar tranquila con mis cuidados, con un entorno humano cálido, buenos vecinos, no puedo pedir más”.

“Actualmente tengo cerca a los padrinos de mi nieta argentina, mis primas hermanas venezolanas, ambas casadas con argentinos. Sus familias junto a las nuestras integradas de manera especial”.

La equivocación y los aprendizajes: “Que la lucha es luchando por los ideales que se tenga sin dejarse pisotear”

“Me equivoqué con mayúsculas”, dice hoy María Eugenia, mientras busca las palabras para resumir sus sensaciones como una inmigrante que jamás imaginó vivir lejos del Caribe, lejos del calor, en un país como Argentina que hoy admite haber prejuzgado sin demasiados fundamentos.

“Encontré una ciudad hospitalaria, linda, con gente fenomenal que le encanta compartir, donde cuando llegué podía salir a caminar sola a cualquier hora y con mi celular en mano. Donde si me perdía enseguida conseguía un guía, que me indicaba qué hacer para llegar a mi destino. Y lo vuelvo a repetir, el país nunca fue mi opción de vida. Me equivoqué, lo digo de nuevo. Acá encontré un mundo de oportunidades para mí a pesar de la edad”, remarca María Eugenia, a quien la Argentina le dio también la posibilidad de revisar los dolores de la infancia y juventud para renacer en una versión donde todo se integra de manera resignificada.

“La mayor enseñanza, la que me dieron mis padres, mi mejor ejemplo: respetar por encima de todo donde quieras que estés, leyes, normas y costumbres. Eso lo sigo aprendiendo acá, así como fortalecer la fe y esperanza. El argentino me ha enseñado a mí y a mis paisanos a mantener por encima de todo su idiosincrasia y cultura. Que la lucha es luchando por los ideales que se tenga sin dejarse pisotear por nada ni nadie. Que esa pasión que tienen por el fútbol, ese amor por el tango y ese placer por el mate es Argentina y no hay nadie que lo pueda discutir en ningún lugar del mundo. Tuve la dicha de conocer otras culturas, pero esta la siento especial porque ha sido una conjugación latina con europea adaptada a realidades vividas durante el transcurso del tiempo”.

“Además, Argentina me brindó la oportunidad de poderme desarrollar como persona y profesional, tuve la posibilidad de abrirme a otros campos. Me uní al voluntariado de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, en la cual viví la más linda experiencia, me uní a otros voluntariados y he conocido gente extraordinaria. Y lo más grande de mi vida, luego de la búsqueda por más de diez años de un bebé, tengo una nieta argentina, que más puedo pedirle a la vida”.

“Como caribeña me pegó tener cuatro estaciones, pero me encanta y me apasiona el invierno, esa vestimenta es cool como dicen los chicos. Sin olvidarme de mi país, de mis raíces, de mis costumbres, las cuales comparto con mis vecinos argentinos, espero vivir una vejez feliz acá donde veo que la ciudad está hecha para mí, el país me encanta y seguiré conociéndolo. Soy caribeña, con un toque de tango y asado y con dos banderas en mi alma”.

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Si querés compartir tu experiencia podés escribir a argentinainesperada@gmail.com

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/creia-que-argentina-era-fria-tuvo-que-migrar-al-pais-y-cuenta-lo-que-mas-le-impacta-la-calidad-de-nid27042026/

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