Creó una cátedra de la felicidad en una universidad y tiene lista de espera
En un contexto de creciente preocupación por la salud mental de las nuevas generaciones, en un aula de la Universidad Torcuato Di Tella un grupo de jóvenes de veintipocos años cursa una materia ...
En un contexto de creciente preocupación por la salud mental de las nuevas generaciones, en un aula de la Universidad Torcuato Di Tella un grupo de jóvenes de veintipocos años cursa una materia poco común.
En lugar de balances o estrategias de negocios, aprenden a reconocer qué les pasa cuando algo les sale mal, por qué la mente tiende a quedarse con lo negativo, qué peso tienen los vínculos en el bienestar o si una persona pesimista puede entrenarse para mirar de otra manera aquello que le pasa.
La materia se llama “Fundamentos de la felicidad para un liderazgo efectivo”, aunque podría resumirse de una manera más sencilla: una cátedra universitaria sobre la felicidad.
Es optativa, dura un semestre y está dirigida a estudiantes de los últimos años de sus carreras. Se dicta en inglés porque también participan alumnos extranjeros. Empezó en 2023 casi como un experimento, con treinta y pico de estudiantes. Hoy tiene 64 inscriptos, además de algunos oyentes que no consiguieron lugar. En total, alrededor de 70 jóvenes pasan por sus clases cada semestre y hay lista de espera.
Al frente está la especialista en bienestar organizacional y psicología positiva Florencia Bravo, quien reconoce en el aula algunos fenómenos que distintas investigaciones vienen describiendo entre las nuevas generaciones: inseguridades, soledad, dificultades con la autoestima y una comparación con los demás que las redes sociales llevaron a una escala inédita.
“Cuando yo era chica me comparaba con mi familia y mis amigas, y con lo que veía por televisión. Estos chicos se comparan con el mundo”, dice.
Cuando las clases avanzan y se habilitan espacios para hablar, algunas de esas cuestiones aparecen. “En los ejercicios surgen temas como la autoestima, el sentirse solos, que uno no lo piensa porque los ve rodeados de amigos y conversando”, cuenta Bravo.
Descubrir que al otro pueden pasarle cosas parecidas tiene efecto: “Ese compartir que están en la misma les baja la ansiedad. Porque del otro lado ven en sus redes todas vidas fantásticas, experiencias fantásticas”.
La cátedra no propone recetas para estar contento ni fórmulas de autoayuda. Su punto de partida es otro: qué dice la ciencia sobre la felicidad y qué podemos hacer con ese conocimiento en nuestra vida cotidiana.
—¿Podemos aprender a ser más felices?
—Sí. La ciencia de la felicidad se llama psicología positiva y es la rama de la psicología que estudia qué hacen las personas que se sienten bien. Sabemos que hay mucho que podemos hacer para mejorar nuestro nivel de bienestar. Hay factores y circunstancias que influyen, por supuesto, pero también cosas que podemos aprender, trabajar y entrenar para sentirnos mejor. Eso es lo que trato de enseñarles.
Ese es el espíritu de la cursada: entender qué factores inciden en nuestro bienestar y aprender herramientas para trabajar sobre aquellos en los que sí podemos intervenir.
“Muchos chicos me dicen: ‘Debería haber una materia como esta en todas las universidades’. El impacto que vi en ellos es impresionante”, asegura Bravo.
Primero fueron los adultosPara entender cómo una materia sobre la felicidad terminó en una escuela de negocios hay que retroceder algunos años. Bravo llevaba años trabajando con empresas y líderes cuando empezó a notar un cambio.
—¿Qué empezaste a ver en las empresas?
—Gente que te decía que estaba quemada, con burnout, agotada, incluyendo altos directivos. También veía aumentos de licencias psiquiátricas. Me empecé a preguntar por qué la gente la estaba pasando mal trabajando.
Eso la llevó a profundizar su formación en psicología positiva, mindfulness y bienestar organizacional. Al principio, recuerda, hablar de estos temas generaba resistencia. “En las áreas de recursos humanos casi que se me reían. Me decían: ‘¿Querés que todo el mundo esté contento?’”.
La pandemia marcó un punto de inflexión. En una oportunidad, una empresa la convocó después de atravesar tres suicidios en un mes. Bravo aclaró que su trabajo no era clínico ni de posvención. Estaba, dice, “un paso antes”.
—¿Qué significa trabajar “un paso antes”?
—Que los líderes sepan cómo generar ámbitos de seguridad psicológica, donde la gente se sienta bien y pueda decir lo que le pasa. Muchas empresas ya tenían programas de bienestar: comedores con frutas y verduras, gimnasios o ayudas financieras. Todo eso suma, pero el bienestar pasa porque la gente se hable bien, sienta que su trabajo importa y se sienta respetada por sus líderes y compañeros.
Ese recorrido también la llevó a la docencia: hace unos siete años creó la Diplomatura en Bienestar de la UCEMA y da clases en programas de posgrado de la Universidad del Salvador vinculados con coaching y liderazgo. En 2023 llegó la propuesta de la Universidad Di Tella y nació la cátedra.
De la teoría a la prácticaLa primera parte de la cursada está dedicada al bienestar individual. Bravo trabaja, entre otros marcos, con el modelo de Martin Seligman, referente de la psicología positiva, que identifica cinco dimensiones: emociones positivas, compromiso, relaciones, propósito y sentido de logro. En la segunda mitad, esos aprendizajes se trasladan al liderazgo y el bienestar organizacional.
Pero las clases no se limitan a la teoría. Bravo define la materia como un “laboratorio constante”: los alumnos hacen ejercicios y reciben “tareas personales de aprendizaje” para probar en sus vidas aquello que estudian.
—¿Cómo hacés para que todo esto no quede solamente en conceptos?
—Acá aprendemos poniendo el cuerpo. Ellos manifiestan: atravesé tal situación, primero me sentí de determinada manera, pero cuando usé las herramientas de clase me sentí o actué distinto.
No hay, aclara, una receta universal. “La ciencia de la felicidad no es un guante que a todo el mundo le queda bien. Mi clase es como un muestreo de todo lo que podemos hacer y trabajar para sentirnos mejor y ser mejores líderes”.
Herramientas para sentirse mejor1. Aprender a detectar qué nos pasaPara Bravo, todo empieza por registrar qué pensamos, sentimos y hacemos.
—Si tuvieras que elegir una primera herramienta para mejorar nuestro bienestar, ¿cuál sería?
—Tomar conciencia de lo que sentimos, pensamos y hacemos. Si empezamos a tomar conciencia, podemos trabajar sobre eso. Si no, es muy difícil, casi imposible, porque no se puede cambiar lo que no se ve.
Por eso, el mindfulness atraviesa la cursada. Los alumnos practican pequeñas meditaciones, escaneos corporales y ejercicios centrados en sonidos, movimientos o pensamientos. La propuesta no es dejar “la mente en blanco”, sino observar lo que ocurre antes de reaccionar automáticamente.
2. Entrenar una mirada más optimista¿Una persona pesimista puede aprender a ser más optimista? Bravo sostiene que sí. Uno de los ejercicios consiste en identificar las explicaciones que nos damos frente a lo que nos sucede.
Un alumno desaprueba un examen. Puede pensar: “Soy malo para esto”. O preguntarse cuánto estudió, cómo se preparó o qué podría hacer diferente la próxima vez.
—¿Por qué importa esa diferencia?
—Si vos sos distraído, no hay nada que hacer, punto. Pero si estabas apurado, la próxima vez vas a hacer un checklist. Un estilo explicativo te propone una acción positiva; el otro, la parálisis, la inacción o sentirte mal y punto.
3. ¿Cómo lidiar con una persona “tóxica”?La materia también aborda situaciones que los jóvenes probablemente enfrentarán en el mundo laboral: recibir feedback, atravesar conversaciones difíciles o relacionarse con un jefe complicado.
—¿Qué les enseñás a hacer frente a una persona o un líder tóxico?
—Lo primero que les digo es que la gente no va al trabajo a hacer daño. La gente que te lastima, te maltrata o te falta el respeto muchas veces lo hace porque no sabe o no puede hacer otra cosa. Si pensás eso cuando el otro te menosprecia, no te provoca la misma reacción fisiológica.
¿Y si existe una intención deliberada de lastimar? Bravo propone observar a esa persona como si fuera un objeto de estudio. “Cuando uno dice: ‘A ver qué me va a decir ahora, qué tono de voz va a usar’, está recibiendo el mensaje, pero todo lo que te lastima de una persona tóxica se cayó”, explica.
Requiere entrenamiento. “La primera vez que tomes a un líder tóxico como experimento te va a costar, pero después le vas a ver la cara de ratón de laboratorio directamente”, dice, entre risas.
4. Cuando aparece la soledad, hacer lo contrario de lo que pide el cuerpoLas relaciones ocupan un capítulo entero de la materia. Bravo parte de una distinción fundamental: estar solo no es lo mismo que sentirse solo.
—¿Por qué los vínculos tienen tanto peso en nuestro bienestar?
—El bienestar es muy difícil que aparezca si te sentís solo. Y sentirse solo no es estar solo: es sentirse solo.
Cuando aparece esa sensación, muchas veces el primer impulso es aislarse. Bravo propone intentar hacer lo contrario. “Mi recomendación es salir y al menos estar en un espacio donde haya gente riéndose o pasándola bien”.
En este punto aparece una de las consignas más simples de la cursada: llamar a los abuelos.
“Estos chicos están a mil, con muchos contactos en las redes. Les digo: ‘Llamen a sus abuelos y vean qué les pasa’. Para los que no están acostumbrados, la primera vez va a ser incómodo. Pero hablen con sus abuelos y después me cuentan cómo se sienten”.
Algunos vuelven sorprendidos: “¿Sabés que ahora hablo todos los días con mi abuela?”, le cuentan. “El día se lo van a cambiar a sus abuelos y, con el tiempo, a ustedes mismos”, dice Bravo.
La segunda mitad de la materia lleva estas herramientas al mundo laboral: cómo conversar, recibir feedback, construir confianza y generar entornos de bienestar. Después de todo, muchos de esos jóvenes serán quienes mañana lideren equipos: “No podés liderar si primero no estás bien vos”, concluye.
Hablemos de TodoEsta nota forma parte deHablemos de Todo, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca cuidar y acompañar la salud mental de los niños y adolescentes. El proyecto ofrece herramientas, visibiliza historias en primera persona y acerca recomendaciones de especialistas.