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Darío Barassi: de la transformación para su nueva serie a los innegociables en su vida y la exposición de sus hijas

Darío Barassi, de 42 años, llega a las oficinas de Disney en el barrio de Palermo vestido con un impecable traje azul, camisa y zapatillas blancas, y el detalle de un pañuelo de bolsillo de esta...

Darío Barassi, de 42 años, llega a las oficinas de Disney en el barrio de Palermo vestido con un impecable traje azul, camisa y zapatillas blancas, y el detalle de un pañuelo de bolsillo de estampado geométrico. Un estilo muy coqueto –incluso, recientemente reveló a Mario Pergolini que lleva en su bolso más de un neceser con distintas cremas para el rostro, las manos y los codos– con el que la gente está acostumbrada a verlo en la pantalla chica como conductor de Ahora caigo, por eltrece, y del reality de Netflix Love is blind. Pero el Barassi que el público descubrirá a partir de hoy en la serie de comedia negra Gutiérrez is mai neim (por Disney+) está en las antípodas estéticas, espirituales y morales del que se sienta frente a LA NACION para esta entrevista.

En la ficción realizada por Pampa Films y dirigida por Jesús Braceras, el actor interpreta al subcomisario Roberto Gutiérrez, un policía del conurbano bonaerense poco preparado que, en tándem con el teniente Rubén Torcoletti (Yayo Guridi), recurrirá a métodos de dudosa legalidad para plantar bandera y competir con la CIA en la resolución de un caso que sacude la seguridad del país: el asesinato del embajador ruso en la Argentina.

La transformación de Barassi

−¿Qué es lo que te atrajo de este personaje y de la historia?

−Los actores tenemos momentos en los cuales buscamos proyectos más cercanos porque estamos un poco más vagos, “dame uno que sea medio Barassi, un gordo romántico”. De repente, me llegó Gutiérrez… y era un libro que no tenía absolutamente nada que ver conmigo: conurbano, humor negro, viveza criolla, calle, todo un universo que toco muy de oído. Tenía como desafío también un cambio físico muy grande y yo estaba en un momento en el cual necesitaba que me corrieran de eje radicalmente, así que eso me tentó. El libro era bárbaro y si bien uno piensa “Yayo y Barassi igual a comedia”, hay un caso policial que te mantiene atrapado durante los ocho capítulos, que se van a estrenar todos juntos. La historia me volvió loco y el personaje era un desafío radical.

-¿Qué implicó ese desafío?

-La primera reunión con el director fue intensa porque, aparte, yo soy un conquistador, me gusta seducir y él era difícil de roer. Estaba bastante plantadito con lo que él quería y me vino bárbaro. Creo que es la primera vez en mi vida que me dirigen de esta manera, que me corren tanto de eje, que me ponen tantos límites, cosa que me cuesta en la vida y me cuesta también en un set. Pero el resultado fue bárbaro. “Vamos a sacar a Barassi al punto tal que te tenemos que pelar”, me dijo, y fue como “no, no me voy a pelar, no hay manera, ya bastante soy un adefesio humano, por favor no me quiten este pelo hermoso”, y a los dos segundos me estaban pelando y todos disfrutándolo. La verdad es que Jesús Braceras hizo un gran laburo. Fue maravilloso porque me ayudó muchísimo a correrme de Barassi y a ponerme en otro lugar. Gutiérrez no tiene nada que ver conmigo y eso fue un desafío exquisito. Disfruté tanto de no ser yo un rato, tanto en la vida como en la serie, que fue como un respiro.

-¿Cómo fueron las repercusiones de tu cambio de look?

-Después hicieron un focus group y toda la gente decía “es espectacular la serie, pero qué trucha la pelada de Barassi”. ¡Me quería matar, me había pelado durante tres meses, no había tenido relaciones, mis hijas no me saludaban!

-Tu personaje es políticamente incorrecto. El antihéroe del conurbano, como decís vos. ¿Tenés límites en el humor?

-¿Viste que ahora todo el humor está sobreanalizado y sobrepensado? Yo no entré en esa camada. Para mí, es imposible hacer humor con un marco tan estricto. El límite del humor es cuando molesta, hiere o afecta al otro. Ahí sí hay que frenar, aunque a veces también me cuesta hacerlo, pero creo que el humor tiene que ser amplio. Acá hay muchísimas cosas que no corresponde decir y están dichas dentro de una ficción, entonces, también hay que tomarlas así. En mi programa también lo hago, y si registro que alguien se empieza a molestar o a incomodar, pego el volantazo, pero no me enrosco tanto con los límites del humor. Voy a pleno y si chocamos, chocamos; es mejor pedir perdón que pedir permiso. ¡Odio las frases hechas, pero acabo de decir una!

Los límites de Barassi en el humor

-¿Tenés algo de la viveza criolla de Gutiérrez?

-Muy poco, por eso digo que me costó construirlo, pero me encanta que Gutiérrez y Torcoletti no sean dos boludos, son tipos que tienen mucha calle, despiertos, con mucha viveza. Ellos resuelven de otra manera, viene la CIA con toda su tecnología, pero nosotros somos amigos de los dueños de los “telos” y ellos nos pasan toda la data. Entonces, hay algo de eso que me encantó, pero a la vez me es muy lejano. Soy cero viveza criolla, muy tranquilo, hago todo como tiene que ser hecho. Soy el deber ser, me cuesta correrme de ese lugar, por eso fue tan desafiante todo el universo de Guti. Fueron tres meses que de verdad no solo dejé de ser Barassi, dejé de ser yo porque terminábamos a las 9 de la noche y a las 5 de la mañana ya estábamos citados a grabar. Entonces, volvía a mi casa, me sacaba el maquillaje, roncaba, me despertaba y ya de vuelta me estaban maquillando. Me ponían ocho kilos de maquillaje, me ensuciaban las uñas, las orejas, el pelo. Era imposible no entrar en ese código. Soy poco humilde, pero la entrega fue absoluta, por eso también tengo tanto deseo de que el resultado sea exitoso y quiero 14 temporadas de Gutiérrez... Fue un trabajo colectivo total. Es algo distinto, bien argento. Acá, la argentinidad se defiende.

-O sea que ya estás listo en caso de que haya una segunda temporada.

-Segunda, tercera, cuarta, soy fanático de Gutiérrez... Me cuesta ser humilde, o sea, quiero que la gente vea la serie y siento que les tiene que gustar. Me pelé durante tres meses así que más les vale que la vean y que les guste, ¿ok?

-Tuviste un doble de riesgo para algunas escenas.

-Por suerte tuve un doble, porque además tengo vértigo, así que en las escenas que se hacían en altura había un gordo divino que me hacía la segunda. Si no, no sé qué iba a hacer, me iba a morir, aunque el director no era muy empático con esas situaciones .

-¿Cómo fue el entrenamiento con el uso de armas?

-En mi vida había tocado un arma, así que tuve que practicar sómo se usan, cómo caminar con un arma, cómo disparar, que me gustó un montón, así que, peligroso. Durante el rodaje descubrí, como actor y como persona, sectores un poco más oscuros, más enroscados, que está bueno para mi vida y para el actor, para poder tocar teclas distintas. Pero sí, hubo un gran laburo previo tanto físico como de entrenamiento, estuvimos dos meses y tuve un par de clases a las que íbamos con Yayo. Yayo es una caja de misterios, así como orina en cualquier lado, de repente agarra un arma y la descose toda, yo soy un poco más lento, pero estuvo buenísimo el proceso.

-¿Cuántas tentadas tuvieron con Yayo?

-Cuando Yayo se tienta es un problema porque podemos estar 8 horas, pero es muy prolijo, un soldado de la letra, que yo no soy tanto, muy ordenado, meticuloso y correcto. Y robador de café, cosa que no me gustaba, no me gustaba que entraba a mi motorhome. Tiene un tema con el control de esfínteres y cuando tiene que ir al baño, tiene que ir sí o sí en ese momento, pero es un tipazo. Una persona muy interesante, es economista, alguien muy culto, así que compartir un rato con él fue un lujito. Tenemos otro problema y es que le gusta mucho el fútbol, y yo tengo menos fútbol que cuello.

-¿Cómo conviven el Barassi conductor y el actor?

-Conviven muy bien. Disfruto mucho de conducir, aunque antes no estaba en mi radar. De hecho, le escapaba bastante y cuando surgían ofertas decía que no, pero en la pandemia fue más una necesidad y se convirtió en una vocación. Conducir se volvió una rutina de vida que me gusta, pero sí o sí necesito hacer algo que toque la tecla del actor porque si no me siento un poco vacío y no es la idea. Me gusta hacer algo de ficción audiovisual y extraño horrores el teatro, pero tengo a las enanas muy chicas todavía, así que me gusta estar en casa, bañarlas, cambiarlas, leerles un cuento. Soy un agradecido, realmente tengo mucha oferta de trabajo y tengo la banca en casa como para poder manipular todo: actuar un rato, conducir un rato y también estar en familia, que me apasiona. Por suerte hay agenda para rato y espero que me dé el cuerpo para poder con todo porque me encanta laburar.

¿Cómo conviven el actor y el conductor?

-¿Qué no negociás en el trabajo en términos de familia?

-Mis hijas, eso no se negocia. A los actos escolares se va. El otro día, la más chica hizo de granadera y cantaba “¡viva San Martín!” y yo estuve ahí aplaudiéndola como cualquier padre. Mucho más que otros padres, en realidad, hice escándalo porque me volvió loco verla. También, a la hora de cerrar contrato con cualquier producción lo aclaro. Hablo al colegio, pido que me pasen fechas de anticipo y aviso que tal día no voy a poder. Mis hijas son prioridad absoluta en mi vida, son lo que más me importa en mi existencia, pero disfruto mucho de mi laburo y también hablo mucho con ellas.

-¿Les explicás?

-Ayer grabamos hasta tarde un par de spots y hoy teníamos la rueda de prensa, así que me quedé a dormir acá en capital . Les avisé: “No duermo en casa” y la más grande me escribió una canción, “Padre te odio”, pero la dejamos que se libere y que sus emociones salgan a flor de piel . La más chiquita no, se hizo fotos mandándome besos. Cada una lo transita a su manera, por eso hago un equilibrio. Así como al trabajo le digo que no por mis hijas, a mis hijas a veces le digo “tengo que salir a laburar”.

-¿Ellas entienden a qué te dedicás?

-La más grande entiende bastante, aparte tiene una veta artística gigante, es recontra actriz, canta y estudia comedia musical, ya le veo mucha verdad a la hora del juego. La más chiquita, mi equipo me reta cuando lo digo, no tiene mucho oído. Cuando empieza a cantar es un momento difícil para la familia, pero es pura ternura y pasión.

-¿Te imaginás actuando con tu hija más grande?

-Sí, me encantaría, lo imagino todo el tiempo, la veo en los actos del colegio y me vuelvo loco. Realmente admiro la valentía que tiene siendo tan chica, yo a esa edad no lo hacía . Si más adelante vuelvo a hacer teatro, me gustaría hacer algo con un dejo infantil así las puedo hacer experimentar el detrás de escena, los camarines. Me encantaría que conozcan todo eso porque es mi lugar en el mundo y quiero que vean si para ellas también lo es, o no.

-Dijiste que tenés mucha banca en tu casa para poder hacer lo que te gusta. ¿Cómo se manejan con Lucía , tu mujer?

-Como cualquier familia con hijos, ella trabajando, yo trabajando un montón, hacemos malabares entre el colegio, comedia musical, el dentista, etc. Es un quilombo y no le escapamos a lo que le pasa a cualquier familia. En casa hay equipo y es mi lugar en el mundo, no hay lugar que me guste más que estar en mi casa con mis mujeres.

Barassi y la exposición de sus hijas

-Con la exposición, ¿cómo se llevan?

-Mi mujer es psicóloga, los dos somos sanjuaninos, ella tiene un perfil mucho más bajo que el mío y ser Barassi también implica mucha exposición. Entonces, a veces tanta exposición mía, de mis hijas, de mi casa, de mi vida, le puede costar un poco, pero somos un equipo, con peleas y amigándonos. Nos conocemos desde que tenemos 18 y soy Barassi en parte gracias a que mi mujer me acompaña, me permite, me ayuda y me potencia. Cuando vienen proyectos como estos es la primera en decirme “hacelo, mandate a pleno”. Lo disfruta un montón, le gusta verme disfrutar y le gusta mucho mi actor, así que en ese sentido me banca a pleno.

-¿Tratás de mantener un equilibrio con lo que mostrás de tus hijas en redes? Si bien compartís bastante, también tapás parte de sus rostros en las fotos.

-El disparador de taparles los ojos, que me lo pregunta todo el mundo muchas veces, fue porque apenas nació la más grande, subí una foto con ella y un carpincho y a los 5 días apareció en Cien argentinos… un tipo con esa foto tatuada en el pecho. Cuando vi a mi hija bebé en el pecho peludo de un caballero, dije: “No sé si está bueno”. Entonces, a partir de ahí le empecé a poner emojis para disimular y la verdad es que siento que ellas no eligieron ser hijas de Barassi, por eso quiero darles tiempo para que esa elección pase por un proceso más intelectual y vean si les copa o no. Son mis hijas así que se la van a tener que bancar, pero, al menos cuánto quieren mostrar de eso y cuánto no. La más grande me dice qué puedo y no puedo subir. “Dejame ver cómo canté acá, bueno, este sí”, me dice, y me va regulando el contenido que puedo postear de ella. La más chica elige los emojis de arcoíris para taparse los ojos en las fotos. Lo hacemos en familia y es un código que está explicado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/dario-barassi-de-la-transformacion-para-su-nueva-serie-a-los-innegociables-en-su-vida-y-la-nid26082026/

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