Dejó el mundo de las finanzas para dedicarse a su gran pasión: “Me hipnotizaban los postres y platos que preparaba mamá con tanta dedicación”
Todos enfrentamos momentos de insatisfacción que nos hacen cuestionar el rumbo de nuestra vida, pero siempre está en nuestras manos dar ese giro valiente: dejar atrás lo cómodo por lo que nos a...
Todos enfrentamos momentos de insatisfacción que nos hacen cuestionar el rumbo de nuestra vida, pero siempre está en nuestras manos dar ese giro valiente: dejar atrás lo cómodo por lo que nos apasiona de verdad, perseguir sueños postergados y descubrir que nunca es tarde para reinventarnos. Esta historia es un recordatorio vivo de que, con coraje y pasión, cualquier capítulo puede transformarse en el comienzo de algo extraordinario.
Marcos Speroni se graduó en licenciatura en Administración y Finanzas en la UCA. Durante los últimos años de la carrera, inició su trayectoria profesional como analista de riesgo crediticio en un banco local, y luego ascendió a jefe de productos para préstamos inmobiliarios destinados a la construcción en otra entidad financiera.
Posteriormente, cursó una maestría en Evaluación de Proyectos en la Ucema y el ITBA. Tras la crisis de 2001, se incorporó a una constructora estadounidense como gerente administrativo financiero. Continuó su carrera en el sector financiero en una consultora especializada y culminó como CFO para el Cono Sur en una empresa de tecnología europea.
Algo no andaba bienAunque parecía cómodo en el mundo de las finanzas, con un ingreso sólido y una posición estable, en algún momento sintió la necesidad de salir de esa zona de confort para explorar nuevos desafíos.
En 2017, tomó una decisión que venía postergando desde hacía mucho tiempo: algo le hacía ruido por dentro y quería dedicarse por fin a su gran pasión, que evidentemente no eran las finanzas.
No encontrando una experiencia laboral gratificante ni estimulante durante un largo y frustrante período en la empresa donde trabajaba, Marcos comenzó a cuestionarse todo: ¿y si dejaba atrás la rutina asfixiante para lanzarse a algo verdaderamente personal, algo que lo encendiera de pasión y le devolviera el control de su destino?
Una decisión trascendentalFinalmente, tras meses de introspección profunda, Marcos tomó una decisión audaz que cambiaría su vida para siempre: un giro radical, impredecible y lleno de riesgos, que lo llevaría por un nuevo camino.
En una de esas noches eternas de insomnio, acosado por dudas persistentes y deseos postergados, evocó, de repente, una anécdota preciosa y olvidada de su pasado: un recuerdo mágico que irrumpió como un rayo de inspiración, revelándole una oportunidad transformadora para reinventar su vida.
“Siempre me había encantado la cocina, sin sospechar que algún día se convertiría en mi vocación. En la época de la facultad, me fascinaba desconectar del agotador estudio con alguna actividad creativa en la cocina. Recuerdo una madrugada inolvidable, en plena época de finales, alrededor de las 3:00 AM: entró mamá a la cocina y me encontró preparando con devoción la receta ancestral de tapas de empanadas que heredé de mi abuela materna. No lo podía creer”, rememora Marcos con una sonrisa.
Su gran pasión por la cocinaEn realidad, Marcos, siendo mucho más joven, ya había oído ese llamado irresistible de la cocina, un susurro que resonaba en su interior mucho antes de lo que imaginaba.
Ya en 1999, había realizado un curso de cocina en el restaurante Patagonia Sur de Francis Mallmann, junto a Paola Carosella y Juliana López May, quienes le transmitieron una pasión contagiosa por el arte culinario. En 2002, profundizó un año con el chef Martín Carrera, otro ferviente amante de la gastronomía; ambos fueron hobbies sin vislumbrar una carrera profesional. No fue hasta 2019, al cursar la carrera de Profesional Gastronómico y Pastelero en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), que empezó a considerar seriamente un emprendimiento gastronómico, impactado por la pasión y el profesionalismo de sus profesores.
“Creo que mi amor por la cocina viene desde chico, en la casa de mi abuela materna, donde se cocinaba con el corazón y el aire siempre estaba cargado de aromas irresistibles y preparaciones llenas de cariño. Luego, en mi casa, me hipnotizaban los postres y platos que preparaba mamá con tanta dedicación; a veces me sumaba, ayudando en algún proceso, y sentía que ahí latía algo especial en mí”.
“Fui mejorándola hasta obtener la actual fórmula”Marcos tenía claro que no quería seguir en relación de dependencia y anhelaba dedicarse a algo que verdaderamente lo apasionara. Ya con la idea de las mousses en mente, envió una muestra de varios sabores a Odette Vergos, fundadora de Lucullus —la Asociación de Gastronomía Francesa en Argentina- para obtener su opinión y participar en la feria francesa. Fue su debut, en septiembre de 2018, frente a la Embajada de Francia: las mousses triunfaron y el emprendimiento empezó a tomar forma real.
De esa manera nació Morris Mousse, el primer Bar de Mousses de Argentina. Cuenta con más de 15 sabores diferentes que se van incorporando según la temporada.
“Era la mousse que hacían en casa para los distintos eventos. Era muy rica y aplaudida por los invitados. Esa fue la base que tomé y fui mejorándola hasta obtener la actual fórmula. A partir de ahí fui experimentando con los distintos gustos”.
El cambio resultó trascendental para Marcos. Desde que abrió el local, durante los dos primeros años su único equipo fue su familia, especialmente Chantal, su mujer, quien lo apoyó sin dudarlo desde el primer momento.
Realizó un exhaustivo análisis de mercado, estudios de costos, flujos de fondos y evaluación de productos sustitutos, entre otros; mucho estudio previo antes de lanzarse. Su vida laboral se transformó radicalmente: pasó de trabajar 8 o 9 horas de lunes a viernes a 12 o 13 horas de lunes a sábado, e incluso abriendo los feriados, hasta formar un equipo actual que potencia lo mejor del emprendimiento.
¿Cómo te sentís a casi 9 años de haber dado ese salto tan importante en tu vida?
Siento que fue un gran paso y no me arrepiento para nada el haberlo dado.
¿Cómo lo vive tu familia?
Mi familia me apoyó desde el primer día y está contenta con los resultados que vamos logrando.
¿Cómo es un típico día tuyo de trabajo?
Generalmente empezamos el día temprano batiendo los sabores que faltaron del día anterior y los pedidos que tengamos. Vamos ajustando los volúmenes según la demanda que observamos. Al principio de cada semana revisamos las materias primas para pedir lo que haga falta. A partir de las 11:00 abrimos al público hasta las 19:30 de lunes a viernes; los sábados, en el mismo horario, pero cerramos a las 17:00.
Para las ferias o pedidos especiales armamos una proyección de tareas y volúmenes para llegar con tiempo a todos los pedidos.
¿En algún momento te picó el bichito de volver al mundo de las finanzas?
No, si bien le dedico bastante a los números del proyecto, quiero seguir en el mundo gastronómico.
¿Cuáles son tus próximos objetivos?
Seguir trabajando en nuevos sabores y alternativas como la Mousse a la Maison, la cual van a poder llevar a sus casas para batirla.
¿Qué mensaje le darías a las personas que todavía no se animan a dejar todo por cumplir su gran sueño?
Lo primero es tener ese sueño o idea de lo que uno quiere hacer. Tener pasión por lo que uno quiere emprender. No esperar a tener el producto perfecto e ir validándolo con familiares y amigos. Hacer una buena prueba piloto y ver las repercusiones. Estudiar el mercado, ver la potencial competencia y hacer un análisis de costos y precios para estimar la viabilidad.