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El dilema del café helado y la entrevista laboral

NUEVA YORK.– Para esta cronista, el café se toma muy caliente, sentada a una mesa —o mejor aún, parada en la barra— de un bar. En su defecto, el café instantáneo batido a mano con azúcar...

NUEVA YORK.– Para esta cronista, el café se toma muy caliente, sentada a una mesa —o mejor aún, parada en la barra— de un bar. En su defecto, el café instantáneo batido a mano con azúcar, preparado en la propia cocina donde transcurre buena parte de la jornada laboral, siempre es bienvenido como un cálido recuerdo de infancia.

Es por todo esto que el gran debate del momento —si aparecer con un café helado en una entrevista de trabajo constituye un faux pas imperdonable o es simplemente parte de la vida cotidiana laboral— resulta ajeno desde múltiples dimensiones. Pero como una se debe a su oficio, aquí va un resumen de la muy inesperada controversia.

Wehniainen señaló que cada vez más candidatos de la Generación Z llegan a sus entrevistas laborales con un café helado, generalmente de esos que vienen en enormes vasos transparentes, con pajita y una cantidad considerable de cubitos

Todo comenzó con un video de TikTok de Caitlin Wehniainen, una reclutadora de personal de grandes empresas. Wehniainen señaló que cada vez más candidatos de la Generación Z llegan a sus entrevistas laborales con un café helado, generalmente de esos que vienen en enormes vasos transparentes, con pajita y una cantidad considerable de cubitos. Según explicó, esto transmite la impresión de que la entrevista es apenas otro trámite en la lista de mandados, entre pasar por la farmacia y buscar el tapado de la tintorería. Su consejo fue muy simple: terminar el café antes del encuentro. Pero la recomendación desató una guerra generacional.

En las redes, algunos profesionales coincidieron en que llevar una bebida a una entrevista es una muestra de excesiva informalidad. Otros se preguntaron qué relación puede existir entre la capacidad de un candidato para desempeñar un trabajo y el acarreo de una bebida dulce y refrescante. Según recogieron Bloomberg, Fortune y The Washington Post, entre otros medios, para los jefes de generaciones anteriores, el café helado en la mano al llegar a una entrevista de trabajo sería una señal de que los jóvenes desconocen las normas no escritas del profesionalismo o, peor todavía, de que las conocen pero no tienen intención de obedecerlas. Para muchos integrantes de la generación Z, en cambio, la exigencia representa otra de esas arbitrariedades heredadas convertidas en pruebas de carácter.

El asunto es menos trivial de lo que podría parecer porque, en una época en que las cartas de presentación pueden estar escritas por inteligencia artificial y las búsquedas laborales pueden convertirse en meras conversaciones entre algoritmos, adquiere un valor renovado la presencia física del candidato. Y qué está tomando. O qué no.

“Creo que lo que está en juego -dijo un gran amigo, sociólogo porteño devenido ejecutivo de uno de esos hedge funds que hacen al imaginario popular -es quién domina el espacio. ¿Los Gen Z son recién llegados o son los dueños de casa? En la Argentina el empleador todavía tiene más poder, pero en muchas partes la mayor parte de los trabajos son tecnológicos en alguna medida… y ahí los Gen Z son amos y señores. Encima, si vas a una entrevista para un puesto en una empresa muy de avanzada, se puede pensar que te conviene aparecer con todos esos modismos porque reafirmás que sos groso”.

El asunto es menos trivial de lo que podría parecer porque, en una época en que las cartas de presentación pueden estar escritas por inteligencia artificial y las búsquedas laborales pueden convertirse en meras conversaciones entre algoritmos, adquiere un valor renovado la presencia física del candidato

Aún así, su recomendación después de décadas de hacer entrevistas sería no hacerlo: “Están los que dicen mostrate siempre como sos, espontáneo, auténtico -subrayó-. Pero si lo que querés es demostrar quién manda, mejor que no se den tanta cuenta de entrada”.

En The Washington Post nadie se animo a ser tan categórico. El matutino publicó una nota en la que periodistas de distintas generaciones intentaron zanjar la cuestión, pero quedó la sensación de que hubo un único punto en el que todos estuvieron de acuerdo: que no hay que caer con bebida en mano si se está llegando tarde, porque queda demasiado obvio que uno tuvo tiempo de detenerse a comprarla. Para quienes toman café caliente en la casa o en el bar resulta un poco evidente la conclusión, pero, bueno, quizá sea así la gente que toma café helado…

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/el-dilema-del-cafe-helado-y-la-entrevista-laboral-nid25102026/

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