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El mensaje de Milei en la Rural

Javier Milei podrá decir algún día, sin exagerar, que fue uno de los presidentes argentinos recibido en Palermo como amigo del campo.Anteayer, habló por tercera vez en la exposición anu...

Javier Milei podrá decir algún día, sin exagerar, que fue uno de los presidentes argentinos recibido en Palermo como amigo del campo.

Anteayer, habló por tercera vez en la exposición anual de la Rural, en este caso la 138°, y el aplauso generalizado que interrumpió a menudo su discurso se extendió desde el palco oficial a las tribunas pobladas por familias de productores. Se trató de una demostración de apoyo indicativa de que el campo entiende el giro descomunal introducido por este gobierno respecto de los años del desprecio kirchnerista hacia el movimiento agropecuario. En Palermo se observó que, aun cuando espera más de la actual administración, el campo está dispuesto a concederle más tiempo para que afiance e introduzca cambios por los que ha clamado desde hace muchos años.

En el siglo XXI sucesivos presidentes eludieron la tradición de participar de la inauguración oficial de la exposición de la entidad que este año celebra los 160 años de su fundación. Fue aquello una mala señal sobre la temperatura que regía las relaciones con quienes trabajan la tierra, aunque con esas ausencias deliberadas de jefes de Estado se hayan obviado situaciones que habrían sido incómodas para todos. Año tras año, con excepción de los de la gestión de Mauricio Macri, se apeló al recurso de delegar la representación de la Casa Rosada en la máxima autoridad de turno para la agricultura y la ganadería.

El campo constituye un fenómeno mucho más complejo que el de las dos expresiones madre, la ganadería y sus carnes, y los commodities centrales de la agricultura: soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada. Se diversifica en especialidades múltiples que el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, al preceder en el uso de la palabra al Presidente, repasó cuidadosamente: los cítricos, el vino, la miel, el algodón, la yerba mate, el té y el azúcar, sin olvidar la maquinaria agrícola y las actividades que lo potencian todo a través de tecnologías digitales crecientemente gravitantes en la vida rural.

La característica de ese contexto global fue sintetizada en una mención útil para conocer la relación de fuerzas específicas, pero a la que poco se apela: los aportes a la economía nacional han sido de 40.000 millones de dólares por parte de la agricultura, 34.000 millones por la ganadería y 11.000 millones por las economías regionales.

Desde 2002, de esos resultados, 215.000 millones de dólares fueron a las arcas de un Estado que fue cada vez más demandante y tuvo cada vez mayor tendencia al despilfarro, las regulaciones, la ineficiencia y la corrupción. Esa acción consistió en una verdadera “confiscación” de recursos, adjetivación que el presidente de la Rural no vaciló en reiterar.

El Presidente no pudo haber encontrado mejor ejemplo que Julio Argentino Roca, a quien consideró “el padre de la Argentina moderna”

Pino dijo, como al pasar, que el INTA y el Senasa son organismos muy necesarios para el campo, con lo cual puso ante el presidente de la Nación un límite diferenciador entre acortar las adiposidades que puedan sobrar en esas instituciones y la eliminación lisa y llana que pueda figurar entre los sueños de algún funcionario en exceso exacerbado con la motosierra de la metáfora presidencial.

Hizo bien, además, en reclamar el pleno respeto a la propiedad privada que estipularon los constituyentes de 1853/60 y a la que los obispos argentinos, en una reciente declaración, refirieron con una reticencia sobre su plenitud de la que deberían tomar nota los funcionarios que vinieron al país a preparar el viaje del papa León XIV, previsto para noviembre. Robert Prevost debe estar anoticiado de que, más allá de haberse declarado él un papa continuador de la línea pontificia establecida por Jorge Bergoglio, su estilo sobrio como jefe de la Iglesia Católica es celebrado por una amplia franja de argentinos, entre los que se cuentan no pocos productores agropecuarios. Lo hacen con discreción, pero en términos parecidos al sentimiento que expusieron para exaltar por dos veces la presencia de Juan Pablo II en la Argentina.

Si Julio Argentino Roca es por sí un franco partidor de aguas entre la Argentina de la demagogia y el populismo facilista, por un lado, y la Argentina del progreso, la educación y la administración sana, por el otro, el Presidente no pudo haber encontrado mejor ejemplo a fin de evidenciar el lugar que procura ocupar en el escenario nacional cuando dijo que aquel dos veces presidente de la Nación ha sido “el padre de la Argentina moderna”.

Tal como lo había anticipado días antes el ministro de Economía, Milei no hizo anuncios que satisficieran expectativas todavía vivas entre los productores después de las rebajas introducidas a las retenciones sobre la soja del 33% al 24% y la promesa de introducir otras más hasta llevar de forma gradual ese gravamen en 2028 al 15%; y, en cuanto al maíz, del 12% al 8,5% ya en vigor, y continuar así en una escala descendente hasta alcanzar el 5,5%.

El jefe del Estado se privó de decir que el campo se halla en una de las épocas de mayor florecimiento en la Argentina al cabo de tantas otras de padecimiento por obra de la naturaleza, los malos gobiernos y las desventuras del comercio internacional. Se encargó de puntualizar, en cambio, el significado de que en los primeros seis meses del año las ventas de carnes al exterior hayan superado los 800 millones de dólares, cifra notable.

Como concepto de valor histórico, Milei dejó para la reflexión de quienes están resueltos a tomar nota de su discurso que el campo ha sido el origen de las civilizaciones y el primero en propender al afincamiento de los pueblos, en tal o cual lugar, después de sembrar y de aguardar, lógica y esperanzadamente, las cosechas. “Cuando la política ataca al campo -dijo-, la política ataca a todo lo demás”.

Fue uno de los puntos más aplaudidos de un discurso feliz, pronunciado a no muchas horas del tropiezo diplomático de haberse atrevido a calificar, en tierra brasileña, al presidente Lula de “ladrón”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/el-mensaje-de-milei-en-la-rural-nid28072026/

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