El mundial de la escultura se disputa en Resistencia y el público tiene voz y voto
RESISTENCIA.- Cada dos años, la capital de Chaco se convierte en el centro del mundo de la escultura. Un parque multitudinario, mezcla de feria popular y museo a cielo abierto, convoca a los mayor...
RESISTENCIA.- Cada dos años, la capital de Chaco se convierte en el centro del mundo de la escultura. Un parque multitudinario, mezcla de feria popular y museo a cielo abierto, convoca a los mayores exponentes de la disciplina en una competencia. La Bienal Internacional de Escultura del Chaco sucede en estos días en un sector del Parque Dos de Febrero que se extiende hasta el Río Negro, donde diez hombres y mujeres dan forma al mármol y el acero. Trabajan hace una semana para realizar su mejor obra posible, y este sábado se sabrá quién es el ganador. El premio que otorga el público es uno de los más anhelados.
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Los perros tienen chalecos de staff con sus nombres (Tucho, Negro…) y se echan entre los artistas. Morocha se sube a una escultura, mientras otros retozan sin importarles el chirrido de pulidoras ni sus chispazos. En cambio, los artistas no se detienen. Se soplan el polvo de la cara y vuelven a ponerse guantes, máscaras, auriculares y gorros. La gente no anda apurada ni indiferente, sino que se detiene y pregunta. Piensan sus votos. Pero a veces es difícil caminar en el predio: anoche había 100.000 visitantes. Como sea, llegaban a ver las esculturas de la competencia. Los resistencianos son resistentes y aman la escultura.
Todo alrededor tiene clima de fiesta y hermandad. Por eso, Chaco es el sueño de creadores de todo el mundo. Se postularon para participar 439 escultores de 70 países. Quedaron sólo diez, y son los que trabajan a toda máquina: Néstor Vildoza (Argentina), Alex Sorokin (Bielorrusia), Georgi Minchev (Bulgaria), Mauricio Guajardo (Chile), José Carlos Cabello Millán (España), Francesca Bernardini (Italia), Anna Teresa Rasinska (Polonia), Furkan Depeli (Turquía), Lyudmyla Mysko (Ucrania) y Ulash Urakov (Uzbekistán).
Ya se cumplieron 38 años desde el primer Concurso de Escultura a Cielo Abierto celebrado en la Plaza 25 de Mayo, un legado que administra la Fundación Urunday. “Venimos teniendo una edición formidable, por la concurrencia, por la calidad de los artistas participantes, por la energía que se vive en este predio, así que estamos felices”, comenta Josese Eidman, presidente de la entidad.
Hoy la ciudad exhibe su cosecha: 731 obras instaladas en el espacio público (a las que se sumarán pronto las diez realizadas durante esta edición). “Es un patrimonio muy importante, que reúne obras de los grandes artistas de la Argentina, de todos los tiempos, y también de los artistas de las últimas tres generaciones de escultores contemporáneos de todo el mundo, que a través de las bienales vienen a este espacio y trabajan en obras que finalmente encuentran su destino en alguna de las veredas o parques de la ciudad”, explica Eidman.
La calle es así una escuela que forjó un público con conocimientos de arte y un interés en la creación de las obras que los extranjeros equiparan con algo tan único de los argentinos como el fervor futbolista y el sentido de la amistad. Ayer se sumó una obra más, Sintonía de Amor, de Lucy Mattos, que habla sobre el amor a la profesión, cualquiera sea. “Acá pasa algo que no ocurre en otras partes: se ve cómo se hacen las esculturas”, dice Mattos.
Son las últimas horas antes de la final, y la artista italiana corre con ventaja. Nacida en Carrara —la ciudad del mármol más blanco del mundo— Bernardini se formó en la Academia de Bellas Artes y aprendió su oficio en los talleres históricos de esa ciudad. “El mármol es mi elemento”, admite. Pero en Chaco trabaja con un travertino traído de las canteras de San Juan: “Yo quería que fuera como un tango, pero él me rechaza. Ahora ya tengo buena conexión. Al principio no fue fácil”, cuenta.
“El trabajo ha sido muy intenso, estamos ultimando los detalles. La semana fue dura, empezamos con cierto stress pensando en el final y los días han avanzado muy rápido”, dice Cabello Millán. “Esta Bienal es referente en la escultura en el mundo”, comenta. Su par chileno también batalla con los últimos retoques: “Ya estoy casi listo, estoy contento. Al menos el clima acompañó y no hizo calor”.
El representante argentino es otro favorito. Vildoza participó en la edición 2016 y se llevó el Premio del Público. “Ya conocemos lo que es la gente del Chaco que admira, quiere, espera este momento. Y con los compañeros compartimos mucho, se habla de arte, de experiencias, de simposios donde fuimos, se recuerdan colegas, se ven nuevas herramientas. Chaco es la meca para nosotros. A toda la gente que vino acá le cambió la vida, porque a partir de Chaco hicieron otras cosas. El pueblo entero está acá. Esa energía se siente”, dice Vildoza, que es riojano.
La artista letona Solveiga Vasiljeva ganó la edición 2024 y volvió ahora como jurado, integrado por escultores con credenciales y que no coincidan con los países de los participantes. “Lo mejor del encuentro es ver a los amigos que hice aquí, una familia que conformamos”, cuenta.
Alrededor de este hecho central, hay un sinfín de concursos, encuentros, simposios y conciertos. Por ejemplo, se celebra el Décimo Encuentro de Escultores Invitados, donde participan Carola Zech, Norma Siguelboim, Rafael Blasco Ciscar, Lucas Caricato y Oscar Leiva, que también producen obras pero sin competencias y con libertad técnica y de materiales. Entre ellos, Desirée de Ridder quemó anoche una figura de cuatro metros de alto que formó con barro que amasó con los pies. “Es un yaguareté guerrero que quedará en el parque para que la gente recuerde a este animal”. También hay en marcha un aguará guazú, hecho por el sueco Eka Acosta.
Otro corral agrupa las obras del Concurso de Escultura para Estudiantes de Artes, que es un poco más extremo: en sólo 48 horas representantes de trece universidades de arte tallaron bloques de madera. Ganaron los cordobeses Néstor Ponce, Luca Vargas y Gustavo Pizarro: “Dormimos solo la primera noche. La segunda jornada fue de ocho de la mañana a doce del mediodía del otro día”. El artista Fabriciano Gómez es el fundador de la bienal que nunca termina de irse, porque en cada edición se siguen cumpliendo sus sueños aunque ya no esté. En 2024 se erigió la réplica del David de Miguel Ángel que él anhelaba. En esta edición resuena ese sueño de que Chaco sea la Bariloche de los estudiantes de arte. “Vivimos un clima de viaje de egresados. Conocimos chicos de todo el país, se formó un lindo grupo”, confirman los cordobeses.
Hay exposiciones de escultores chaqueños, un Encuentro de Maestros Artesanos Argentinos, actividades de arte indígena y artesanías de pueblos originarios, un festival filarmónico, propuestas de artes escénicas, espacios dedicados al arte y la tecnología, un ciclo educativo y el Congreso Internacional de Artes organizado por la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Por los múltiples escenarios hay actividades variopintas, desde la música del Chango Spasiuk a concursos de bellezas para coronarse Embajadora de la Cultura.
La Bienal es también sede de la Reunión Anual y el Simposio del Comité Científico Internacional de Asuntos Legales, Administrativos y Financieros ICLAFI-ICOMOS, organismo consultivo de la UNESCO. Es la primera vez que se realiza en una ciudad del Hemisferio Sur, que incluye una visita a los meteoritos de Campo del Cielo, otra rareza chaqueña. “Trabajamos comparando legislación sobre protección de herencia cultural. Estamos encantados de estar debatiendo acá sobre la valoración y gestión del patrimonio, el arte y el espacio público. ¡Nunca estuvimos en una ciudad con tantas esculturas!”, comenta Mona O’Rourke, irlandesa que preside la entidad. Claro, Resistencia no es cualquier ciudad.