El negocio millonario que transforma el streaming y preocupa a los músicos
En 2019, mucho antes de que términos como inteligencia artificial (IA) y ChatGPT comenzaran a formar parte de la conversación pública, un particular nombre irrumpió en la escena musical: FN Mek...
En 2019, mucho antes de que términos como inteligencia artificial (IA) y ChatGPT comenzaran a formar parte de la conversación pública, un particular nombre irrumpió en la escena musical: FN Meka. Sus canciones de trap y hip-hop se convirtieron en hits instantáneos y alcanzaron millones de reproducciones, con una fuerte presencia en TikTok.
Su éxito fue de tal magnitud, que firmó un contrato con Capitol Records, una reconocida discográfica. Hoy, acumula 152.000 seguidores en Instagram.
Pero FN Meka no es un artista común y corriente, sino un rapero virtual generado con IA. ¿Los responsables detrás de esta creación? Anthony Martini y Brandon Le, fundadores de la startup Factory New.
El caso expone una tendencia creciente en la industria musical: proyectos musicales sin una identidad real, que inundan las plataformas de streaming y redefinen a diario las reglas del juego. “Una persona promedio con buen gusto y paciencia puede llegar sorprendentemente lejos con estas herramientas”, asegura a LA NACION Jamian Gerard, licenciado en Bellas Artes por la Columbia College Chicago y profesional creativo especializado en IA que se dedica a crear contenido con esta tecnología.
Sin embargo, remarca que los artistas generados con IA no funcionan por sí solos, sino que su éxito reside en la visión humana que haya detrás.
Más allá del trasfondo artístico, hay otro aspecto que despierta incertidumbre entre bandas y músicos: la monetización de canciones creadas con IA. De hecho, se prevé una reducción del 24% en los ingresos de los profesionales de la música para 2028 por el avance de esta tecnología, lo que representa cerca de 4000 millones de euros anuales, según un reciente informe de la Unesco.
El lado B de la música creada con IANo hay una cifra exacta de cuánto dinero puede recaudar un usuario con música generada de manera artificial. El monto depende de varios factores, como el modelo de monetización de cada plataforma y la cantidad de reproducciones.
Spotify, por ejemplo, opera bajo un modelo en el que los ingresos generados, que funcionan a través de suscripciones y publicidad, se distribuyen a los titulares de derechos en función de su participación en el total de reproducciones en la plataforma. Es decir, la empresa no le paga directamente a los artistas ni tampoco existe un pago fijo por stream. Por el contrario, el monto que recibe cada artista o titular depende de múltiples factores, como el volumen de escuchas, el mercado y el tipo de suscripción. Luego, los pagos se canalizan a través de sellos discográficos, distribuidores y otros titulares de derechos.
“Nuestro rol es garantizar que el contenido disponible en la plataforma cumpla con los acuerdos de licencia y con las políticas de protección de identidad y derechos. Nuestro foco está en asegurar que los pagos reflejen la escucha genuina de los usuarios y que los artistas, independientemente de sus herramientas creativas, compitan en igualdad de condiciones dentro de un entorno justo”, subrayan desde la plataforma.
Aunque Spotify no publica una tarifa oficial por reproducción, distintos sitios especializados, como Tune Core, estiman que la plataforma paga entre US$0,003 y US$0,005 por stream. Bajo ese cálculo, algunas canciones creadas con IA muestran el potencial económico de este tipo de proyectos.
Un caso ilustrativo es el de How Was I Supposed to Know?, de la artista virtual Xania Monet, que supera las 14 millones de reproducciones en Spotify. Con una tasa promedio de pago de entre US$0,003 y US$0,005 por stream, ese volumen equivale a ingresos brutos que rondan los US$42.000 y US$71.000. Tras comisiones y reparto de derechos, el ingreso efectivo podría ubicarse cerca de los US$30.000 a US$50.000. Todo ese dinero, con una sola canción.
En proyectos con alto nivel de repetición, como música ambiental, el número de reproducciones por oyente puede ser significativamente mayor, lo que incrementa las ganancias.
Ya hay usuarios que sacan provecho de esta situación: en marzo, un hombre oriundo de Carolina del Norte se declaró culpable ante la justicia luego de generar “cientos de miles de canciones con IA” y de utilizar “programas automatizados para reproducir fraudulentamente sus canciones miles de millones de veces”. Con este circuito, se estima que obtuvo más de US$8 millones en regalías en plataformas como Amazon Music, Apple Music, Spotify y YouTube Music.
Ética y algoritmosPara Carlos Arana, profesor de la Universidad del CEMA, UBA y Berklee College of Music, el problema no reside en la tecnología, sino en qué incentivos genera el sistema en un escenario donde producir canciones se vuelve cada vez más fácil, barato y masivo. “Cuando la oferta crece de forma explosiva, pero la atención humana sigue siendo finita, los algoritmos de recomendación pasan a tener todavía más poder para decidir qué música llega efectivamente al oyente y cuál queda perdida en esa mar interminable de canciones que el catálogo de la plataforma”, analiza.
Y añade: “Esas canciones pueden entrar al mismo sistema de reparto económico que las canciones humanas, aún cuando no tengan detrás el mismo tipo de autoría, responsabilidad creativa o trazabilidad legal”.
Por este motivo, el experto considera que solo puede tratarse de una práctica ética si se establecen condiciones claras, como transparencia, y si la IA es utilizada como herramienta creativa y no como “un mecanismo para llenar plataformas de contenido sintético, manipular algoritmos o extraer regalías de manera artificial”.
El panorama empuja a las plataformas a tomar cartas en el asunto. Recientemente, Spotify implementó nuevas insignias de verificación para los artistas, que indican que el perfil representa a un artista real con contenido propio.
“Nuestra posición es apoyar la innovación responsable mientras protegemos activamente la integridad de la plataforma y a los artistas que construyen carreras reales”, afirma la plataforma a LA NACION.
Por su parte, Apple Music comenzó a implementar etiquetas de transparencia para distinguir si la IA intervino en el track, la composición, el artwork o el video, y YouTube exige declarar contenido alterado o sintético.
Competir contra la IASi bien lograr visibilidad nunca fue sencillo, diferentes artistas consultados por este medio coinciden que la IA amplifica la competencia. En una oportunidad, Delfika, cantautora independiente, encontró una de sus canciones en una playlist donde varios de los primeros puestos estaban ocupados por temas generados con IA. “Mi canción será buena o mala y eso es subjetivo. Lo que yo sé es que requirió meses de trabajo y muchas personas detrás”, comenta.
Bajo esta línea, Mora Vichot, artista independiente, apunta: “Intentamos generar más visibilidad con distintas herramientas en redes sociales, pero es difícil competir contra algo que fue creado para ser visto todo el tiempo y pegadizo”.
“Bad Bunny llegó al estrellato solo con una computadora, disparando tracks y cantando encima de ella. La IA no es más que la profundización de ese camino de recorte de costos“, reflexiona Nacho Zarzur, miembro de la banda rosarina Los Mapaches Benévolos.
De cara al futuro, Gonzalo Solimano, artista y fundador de Artlab, sostiene que la industria avanzará hacia una fuerte polarización: de un lado, habrá contenidos genuinos con narrativas propias y personalidad, mientras que, por otro lado, se destacarán productos masivos de baja calidad.
“La clave van a ser las micro audiencias y generar ecosistemas propios en la comunidad. Los artistas tendrán que armar su propia audiencia y desarrollar sus ecosistemas”, detalla.
En este sentido, los músicos señalan que la responsabilidad no recae únicamente en las plataformas, sino también en los propios oyentes. “¿La IA puede escribir una canción como Nick Cave? ¿Puede tocar el saxo como John Coltrane? ¿Puede cantar como Mercedes Sosa? Si pensamos que la IA transmite un sentimiento igual que lo hace un ser humano, estamos perdiendo como sociedad", concluye Delfika.