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El regreso del Teatro Odeón: de las salas fantasmas al productor que sueña con devolverle el brillo perdido

Durante casi una década, adentro de una gran torre ubicada en pleno microcentro porteño de 40 pisos hubo dos teatros fantasmas que nunca levantaron el telón. Fueron, en cierto modo, dos salas fa...

Durante casi una década, adentro de una gran torre ubicada en pleno microcentro porteño de 40 pisos hubo dos teatros fantasmas que nunca levantaron el telón. Fueron, en cierto modo, dos salas fantasmas. El edificio vidriado está ubicado en el mismo terreno en donde estuvo el Teatro Odeón, una gran sala que supo ser emblema de la actividad artística de Buenos Aires, y que, como lamentablemente sucedió con otros grandes teatros de Buenos Aires, alguna vez fue demolida.

Se instaló allí una playa de estacionamiento hasta que se construyó la gran torre con sus salas teatrales, cumpliendo con lo que dictamina la Ley 14.800, la que el gobierno actual quiere derogar, que sostiene que “en caso de demoliciones de salas teatrales, el propietario tendrá la obligación de construir en el nuevo edificio otra sala con las mismas características”. Pero, detalle no menor, una sala teatral sin que levante su telón es un espacio muerto, aunque la novedad ahora es que, de cumplirse los plazos, el 14 de enero del año próximo en la esquina de Esmeralda y Corrientes se empezará a escribir la historia de la nueva versión del Teatro Odeón.

La prehistoria de una larga historia

Antes de avanzar con esta novedad, el Odeón merece que se repase parte de su pasado. En 1872, año de la apertura del actual Teatro Liceo, en la citada esquina se erigió una gran sala teatral. Fue Ba-Ta-Clan, Theatre Français y Edén hasta que un empresario cervecero lo compró y pasó a llamarlo Teatro Odeón. El 26 de julio de 1896 se realizó allí la primera proyección cinematográfica en la Argentina. Se llamó La llegada del tren a la estación de la ciudad, de los hermanos Lumière. Al año siguiente, en ese mismo ámbito se lanzó la candidatura de Julio Argentino Roca para su segunda presidencia.

En la década de 1920, en el bar Royal Keller, ubicado en el subsuelo, se reunía el Grupo Florida, por el que pasaron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, entre otras figuras clave del momento. A lo largo de los años por su escenario pasaron desde Carlos Gardel a Luis Alberto Spinetta, de Margarita Xirgu a Lola Membrives, de Astor Piazzolla a Osvaldo Pugliese, de Luigi Pirandello a Vittorio Gassman o Les Luthiers, entre tantos, tantísimos artistas.

En 1985 se declaró al Odeón como Monumento Histórico. Esa resolución lo salvó, por un tiempo, de la demolición, pero en los 90 se dejó sin efecto esa protección. El hecho despertó el descontento de la comunidad artística. Susana Rinaldi, megáfono en mano en la misma puerta del Odeón, fue una de las tantas artistas que expresaron su indignación. Pero vinieron las máquinas y el gran lote, en donde había una sala con capacidad de casi 2000 butacas, pasó a ser un estacionamiento como sucedió con el Teatro Argentino de Buenos Aires y el Politeama.

Así fue que llegó el inversor que compró el codiciado terreno y que, cumpliendo con lo que determina la ley, como parte de la torre construyó dos grandes espacios para salas teatrales. Durante años todo quedó en modo pausa. Hasta ahora.

Tiempo de revancha: el nuevo Odeón

A 154 años de la primera sala que funcionó en la famosa esquina de la ciudad, todo indica que en enero el teatro Odeón volverá al ruedo. El emprendimiento abarca tres salas teatrales más otros espacios al aire libre de mixtura entre lo gastronómico y lo artístico. Serán casi 1000 butacas distribuidas entre tres salas destinadas al teatro, la música y a propuestas de pequeño formato.

En la misma esquina de Esmeralda y Corrientes comienza la recorrida por este complejo en pleno proceso de obra que guía a LA NACION Giuliano Bacchi, productor teatral y representante de artistas, quien junto a sus socios se hará cargo del Odeón por la próxima década. Apenas se prende el grabador, aclara con una sonrisa: “No voy a hablar de la historia del Odeón porque vos ya la sabés y lo que yo sé, el 70 por ciento lo leí en LA NACION”.

El Odeón está rodeado de otras salas icónicas como el Ópera, el Gran Rex, el Multitabaris, El Nacional y el Astros. En las grandes paredes de vidrio de la esquina se instalará una pantalla de LED hacia Corrientes como hacia Esmeralda en la que se irá anunciando la programación. El actual kiosco ubicado en la vereda pasará a ser la boletería. En las grandes puertas de ingreso se instalará un sistema de vinilo LED que oficiará de pantalla traslúcida.

En el hall de la Torre Odeón, en donde hay una cafetería, las dos escaleras mecánicas llevan al nivel de la primera sala, que contará con una capacidad para 420 personas. Se llamará Carlos Bacchi, como recordatorio y homenaje al padre de Giuliano Bacchi, un reconocido productor teatral. Cuando lo recibió este gran espacio que se despliega por cuatro niveles, las dos grandes salas eran carcasas vacías de hormigón. Ahora hay obreros trabajando y parte de los paneles acústicos ya están instalados. Faltan la iluminación de la sala y del hall, los equipos de aire acondicionado, cartelería e infinidad de detalles.

El escenario tiene 16 metros de frente y 8 de profundidad. En el costado derecho está el ingreso a uno de los tantos camarines. Los actores podrán ingresar por el ascensor directamente desde la playa de estacionamiento de la torre. En lo que se refiere al público, al momento de la compra de la entrada se podrá adquirir el acceso a una cochera subterránea con capacidad para 500 autos. La sala principal contará con dos palcos VIP con baños privados, cafetería y minibar que estarán disponibles tanto para los sponsors principales del teatro como para los invitados.

Al mismo nivel de ingreso a la sala principal, se tiene acceso a una de las terrazas con vista privilegiada a la esquina de Corrientes y Esmeralda. Será — se entusiasma Bacchi— un lugar de tragos y picadas o de un buen café para el antes o el después de los espectáculos.

“Como van a presentarse varias propuestas al mismo tiempo, la idea es que se sepa que en el Odeón siempre pasa algo. Apuntamos a tener una programación al estilo del Teatro Metropolitan, una oferta variada de títulos con una obra que haga entre tres y cuatro funciones semanales y otras propuestas con una sola presentación semanal. Pensá que tenemos tres salas: dos grandes y una pequeña. La idea es tener al menos dos funciones diarias, de lunes a lunes, de espectáculos diferentes. Serían 28 funciones semanales como mínimo en las salas grandes y 14 en la pequeña”, cuenta mientras recorre el enorme espacio de esta torre.

“Yo le puedo cumplir el sueño”

En todo este proyecto, Bacchi no está solo. La torre tiene infinidad de socios y, durante un buen tiempo, se lo pasó llamándolos para tentarlos con la idea de un nuevo Odeón. No tuvo suerte. “Yo no podía hacer esto solo —reconoce—, pero casualmente aparecieron los socios”. Se refiere a los hermanos Hernán y Sergio Ramos, dos empresarios dedicados a la hotelería y el turismo. Los conoció cuando la mujer de uno de ellos lo contactó para que llevara a un cumpleaños de 15 a un artista que él representa.

Lo volvió a llamar en otra ocasión para otra contratación y, en medio de ese almuerzo, le contó que era productor teatral. En ese contexto, la mujer le confesó que el sueño de su hermano era tener un cine o un teatro. “Yo le puedo cumplir el sueño”, cuenta que le respondió rápido de reflejos. La cosa avanzó. Y avanzó rápido. En menos de 15 días estaban firmando la sociedad. Alquilaron el Odeón por 10 años con opción para otros 10 años. “Es morirme acá”, reconoce.

Sobre el costo de inversión prefiere no brindar demasiados detalles, aunque desliza: “Son muchos millones de dólares, pensá que estamos comprando equipamiento de luces, pantallas, equipos de aire, butacas... A un emprendimiento de este tipo hay que pensarlo como un matrimonio de largo plazo. Lo que sí teníamos en claro era volver a poner en funcionamiento una sala en donde existió el viejo Odeón. Yo me crie en el Broadway, en el Astral, porque era el trabajo de mi padre como productor teatral y encargado de sala. Me acuerdo de que de muy chico cada vez que pasábamos por la esquina mi papá me contaba anécdotas del Odeón. Yo no podía creer que en ese lugar hubiera existido una gran sala teatral, en donde había una playa de estacionamiento. Cuando se levantó la torre, supe al tiempo que estaban los espacios dedicados a salas teatrales y no lo podía creer...”.

Ecos de un pasado de gloria

La recorrida por el nuevo Teatro Odeón continúa. En el piso superior, el tercero, está la otra sala, que cuenta con una capacidad de 380 butacas. Se llamará Sala Susana Rinaldi. Será una especie de homenaje y reconocimiento a la cantante, que forma parte de su círculo íntimo y quien subió al escenario del viejo Odeón cuando estrenó Vamos ya, en 1977, y que le abrió las puertas para actuar en el prestigioso Teatro Olympia, de París. Volvió a presentarse en 1982, con Hoy como ayer, con dirección de María Herminia Avellaneda y textos de María Elena Walsh.

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Para el retorno del Odeón a la actividad, Giuliano Bacchi y sus socios imaginan armar un evento al aire libre el 29 de diciembre dedicado a la historia de la histórica sala. Pero el 14 de enero promete subir el telón con, por lo menos, dos de las salas. En una, sin poder dar demasiadas pistas porque la negociación sigue su curso, se presentará un “espectáculo internacional muy fuerte de una figura muy popular”. A partir de ese momento, la programación se nutrirá de producciones de terceros como las que genere Bacchi Producciones, que lleva más de 30 años de trayectoria.

“El perfil del Odeón será sumamente variado. Habrá música, comedias, dramas, stand up y propuestas del circuito alternativo. Queremos que la gente se acerque sabiendo que todos los días se encontrará con algo distinto, que acá pasan cosas. En el teatro comercial está el circuito clásico que programa un título con funciones de miércoles o jueves a domingo que, de ser un éxito, mucho mejor. Acá no puedo. Necesitamos movernos de lunes a lunes con dos y hasta tres funciones por día. El Odeón tiene que estar en completo movimiento. El año tiene 12 meses y yo tengo que trabajar los 12 meses, por eso mismo abrimos en enero para aprovechar el turismo del interior. Respeto y admiro mucho la programación de Pablo Kompel en el Paseo La Plaza y el Metropolitan y ese es el perfil al que queremos apostar”, define el productor teatral que, de chico, se la pasó jugando a la pelota en los camarines de teatros.

Después de la apertura vendrán espectáculos rotativos y, en marzo, llegarían los títulos que harían 4 funciones semanales. A contramano de los grandes musicales que se estrenaron este año, también imagina presentar este tipo de propuestas, pero acorde con la capacidad de las salas del nuevo Odeón. “Acá todos tienen las puertas abiertas —cuenta durante la primera recorrida con medio periodístico—. El desafío es que vuelva a existir un espacio teatral en donde estuvo el Odeón. Estamos rodeados de salas vecinas espectaculares y queremos darle a esta esquina de Buenos Aires una nueva vida”, señala.

De una sala para stand up a una terraza con clásicos de cine

La tercera sala, que tendrá una capacidad para 220 espectadores, todavía no tiene definido su nombre. “Decidí convertir este espacio hace dos domingos. No quería un salón de fiesta, quería otra sala teatral”, confiesa. A todo esto hay que sumarle un espacio pequeño, un club de stand up, para unas 40 personas.

Un pasillo a cielo abierto oficia de entrada a una gran terraza ubicada en el pulmón de manzana. Desde ahí se divisa la torre del Teatro Astros, donde el productor teatral tiene sus oficinas.

En la terraza piensa instalar mesas, sillas y sillones rodeados de food trucks con tragos y comidas al paso como si fuera parte del modelo de la otra terraza que da justo a la esquina de Esmeralda y Suipacha. En el inmenso lugar habrá una pantalla, en donde planea proyectar clásicos de cine. Tal vez se rescaten algunas de las tantas películas que se estrenaron en el viejo Odeón.

¿Quién es el señor del Odeón?

La cara visible de esta nueva historia del Odeón es el productor teatral Giuliano Bacchi, de 34 años. Así como su padre fue una figura reconocida en el medio, maneja un perfil bajo. Hasta el momento de las fotos reconoce una inseguridad que su padre nunca tuvo ante las cámara.

—¿Cómo te presentarías?

—Soy productor teatral; todos mis recuerdos remiten a teatros. Mi papá fue Carlos Bachhi, productor. Mi mamá, prosecretaria jefa de la Cámara Federal. Mis primeras fotos mentales remiten al Broadway o al Astral viendo las revistas de Nito Artaza, Miguel Ángel Cherutti y Moria Casán, que producía mi padre. En el verano siempre íbamos a Mar del Plata a un departamento ubicado frente al teatro en donde vivía Aldo Aresi, representante de Sandro y socio de mi papá. Yo me despertaba temprano y desde el balcón contaba la gente que estaba haciendo la cola en la boletería. Cuando se llegaba a las 714 localidades vendidas, despertaba a mi papá para avisarle que la primera función ya estaba vendida. A las 14, ya había volado la segunda función. Eran otros tiempos...“.

La misma rutina cumplía en las grandes salas de la avenida Corrientes. Cuando de chico le preguntaban qué quería ser de grande, aquello de convertirse en Superman o astronauta no le cuadraba. “Yo quiero ser productor de teatro”, decía muy seguro de sí mismo.

Su primer jefe fue un productor teatral. Él tenía 13 años. A esa edad se las ingenió para conseguir de canje el globo terráqueo que se necesitaba para una obra. Con su padre comenzó a trabajar a los 15. Con su primer sueldo se compró una play y una tele y se quedó sin un peso. A los 18 años, su padre había tomado la administración del Broadway junto a Ariel Diwan. En 2020, en tiempos de Covid, su padre murió. “El día de su velatorio estuvieron todos los personajes de los que me había hablado durante toda la vida. Desde Carlos Rottemberg a la gente que cuidaba los autos en las puertas de los teatros”, cuenta con indisimulable orgullo. “Lo mucho o poco que sé se lo debo a mi papá y a Nito Artaza, quien trabajó 20 años con mi padre”, agrega.

El año pasado produjo el espectáculo Cha Cha Cha, con Alfredo Casero, en Buenos Aires y otras ciudades que tuvo su cierre en el Movistar Arena. Actualmente maneja al grupo Los Palmeras. De todos modos, ese perfil de artistas y títulos que viene manejando no será parte del emprendimiento que está encarando con los hermanos Ramos. “Nito es parte de mi familia, pero no es el estilo que queremos para el Odeón”, aclara.

“Hace 10 años que tomé la decisión de hacer esto y es un proyecto a largo plazo y totalmente privado”, asegura quien se ilusiona con subir el telón del Odeón el 14 de enero con un espectáculo protagonizado por una figura internacional.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/el-regreso-del-teatro-odeon-de-las-salas-fantasmas-al-productor-que-suena-con-devolverle-el-brillo-nid28092026/

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