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El tabaco, siempre pernicioso

El negocio del humo no se rinde. Si vapeadores y calentadores de tabaco son una preocupación, las bolsas de nicotina también parecen estar a la orden del día. Como casi todo, hoy se consiguen en...

El negocio del humo no se rinde. Si vapeadores y calentadores de tabaco son una preocupación, las bolsas de nicotina también parecen estar a la orden del día. Como casi todo, hoy se consiguen en tabaquerías y kioscos tanto como por internet. Una lata con 15 a 20 unidades cuesta 5500 pesos. Aunque se publicitan como “forma más limpia de disfrutar la nicotina” con “sabor auténtico, sin humo y sin tabaco”, el envase ya advierte sus efectos adictivos e incluso se aclara que “no están diseñados para ayudarte a dejar de fumar”. Claro que no tienen las restricciones de los cigarrillos; otro ejemplo de cómo la industria va por el carril rápido y la ley por el lento.

Planteados como una alternativa al tabaco convencional, no están para nada exentos de riesgos. Así como los vapeadores lograron captar a adolescentes que no fumaban, las bolsitas se presentan como una alternativa “más saludable” que, en rigor, vuelve a ser una peligrosa puerta de entrada a una perniciosa adicción.

Con sabores variados y atractivos para los jóvenes, las bolsitas descartables se colocan entre la encía y el labio durante no más de 30 minutos, para que la mucosa de la boca absorba su contenido y provoque efectos que se describen como “una tormenta de nicotina”, además de ardor y aftosas, ansiedad y trastornos del sueño. Entre otros compuestos tóxicos, incluidos metales pesados, contienen sales de nicotina sintéticas, que al ser absorbidos generan efectos similares a los cigarrillos tradicionales. El peligro se agrava ante el llamado “stacking”, que propone utilizar varias bolsitas a la vez para intensificar sus efectos, al punto que en un solo uso puede equivaler a un paquete de cigarrillos entero, con un consumo discreto difícil de identificar por adultos responsables.

A medida que han ganado popularidad, Europa asiste a una epidemia de estas bolsitas que no solo pueden producir efectos leves como mareos y náuseas, además de efectos adversos para la salud bucal como encías sangrantes, sino también aumento de presión arterial, aceleración del ritmo cardíaco e incremento del azúcar en sangre. Francia, Países Bajos, Bélgica y Alemania ya las prohibieron. En enero de 2025, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos autorizó su comercialización, sin considerar por ello que sean seguras. En América Latina, Colombia, Perú y Panamá ya las regulan.

Su silenciosa circulación en la Argentina también aumenta, bajo el engañoso disfraz de ser menos dañinas que el cigarrillo, al punto que sus envases coloridos se asemejan a un paquete de caramelos infantiles, a pesar de contener concentraciones que pueden variar entre 1,5 y 6 mg de nicotina por unidad. Desde el Ministerio de Salud bonaerense ya se emitieron las alertas sanitarias respecto de su falta de autorización ante riesgos comprobados, además de su potencial adictivo. Sin aval de la ANMAT y carentes de una normativa específica y de advertencias en sus envases, circulan sin controles, asegurando ganancias para las industrias involucradas que sortean así todos los obstáculos.

El gobierno nacional no puede demorar un encuadre normativo claro y contundente asimilable al que rige para el tabaco en general, incluyendo campañas educativas de advertencia. Bajo el falso paraguas de una moda inofensiva, el tabaco amenaza una vez más la salud de la población.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/el-tabaco-siempre-pernicioso-nid25052026/

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