Generales

El vecino que llamó al 911 cuando vio a José López tirar los bolsos con dólares en el convento

El timbre que José López tocó una y otra vez, con desesperación, aquella madrugada, ya no está. Solo queda su estructura vacía. Tampoco hay rastros del cartel que identificaba al lugar como ?...

El timbre que José López tocó una y otra vez, con desesperación, aquella madrugada, ya no está. Solo queda su estructura vacía. Tampoco hay rastros del cartel que identificaba al lugar como “Monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Monjas orantes y penitentes”. Lo que todavía sigue en pie es la casilla del medidor de gas que el ex secretario de Obras Públicas usó para ganar altura y saltar el paredón después de arrojar bolsos llenos de dólares al interior del convento.

Frente a ese portón vive Jesús Ojeda, el vecino que escuchó ruidos, salió a mirar y llamó al 911. Diez años después, todavía recuerda aquella madrugada en la que pensó que alguien estaba lastimando a las religiosas y terminó exponiendo, sin saberlo, uno de los casos de corrupción más emblemáticos del país.

La noche que cambió todo

–Jesús, se cumplen diez años de aquella noche. ¿Qué recuerda?

–Yo me acuerdo de todo, como pasó todo. Esa noche venía de cargar pollos. Había llegado con la camioneta, me tomé dos mates y me acosté. Después escuché el ruido y pensé: “Uy, ¿me estarán sacando los pollos?”. Minutos más tarde, escuché un portazo y me levanté. Estaba convencido de que me estaban robando. Me asomé por la ventana.

–¿Y qué vio?

–Miré hacia donde estaba mi camioneta, pero no vi a nadie. En ese momento acá no había pared, había un alambradito nada más... Entonces miré hacia afuera y vi la luz de un auto.

–¿Dónde estaba detenido el auto?

–Salí para ver mejor y vi que el auto estaba frente al portón del monasterio. Había un hombre, pero yo no lograba entender qué estaba haciendo: iba y venía, tocaba el timbre... Tenía la puerta del auto abierta y, mientras tanto, sacaba cosas. En ese momento, pensé que eran bolsas de basura. Sacaba y tiraba para aquel lado, por sobre el portón. Yo primero pensé: “¡Este sucio está tirando la mugre para el otro lado!”.

–Aquél hombre, se supo después, era el ex funcionario kirchnerista José López. ¿Él lo vio a usted?

–Sí, me vio. Pero no me dio importancia. En un momento cruzó la calle, se arrimó hasta el cordón del otro lado, y dijo: “¡Ahora sí!”. Lo escuché clarito. Dio media vuelta, pisó ahí arriba y saltó para adentro.

–Se trepó al gabinete de gas para saltar.

–Sí, eso, no sé bien qué era. Pero pisó ahí y saltó.

–¿A usted no le dijo nada?

–No, no. No habló directamente conmigo. Solo dijo bien claro: “Ahora sí”.

–¿Qué pensó usted que significaba ese “ahora sí”?

–En su momento pensé que dijo ‘ahora sí’ por mí, pensando en que yo iba a mirar lo que llevaba en el auto. No lo sé... Pero dejó el auto en marcha ahí y saltó para adentro del convento.

En ese momento, el predio todavía funcionaba como convento. Ojeda conocía a las hermanas apenas de vista: las veía pasar, las saludaba, pero no tenía trato con ellas. Por eso, cuando vio al hombre saltar el tapial y no salir, empezó a imaginar lo peor.

–Después de verlo saltar, ¿qué hizo? ¿Cómo termina llamando a la policía?

–Me quedé esperándolo. Dije: “Bueno, va a golpear en lo de las monjas, le van a abrir la puerta y va a entrar”. Lo curioso es que el auto estaba en marcha, con todas las luces prendidas. Me empecé a inquietar cuando noté que pasaba el tiempo y no volvía... Entonces entré a mi casa. Como tenía el termo con agua, me tomé dos o tres mates y seguí mirando para ver si aparecía.

–¿Y el hombre nunca salió?

–No, nunca. Yo me imaginé cualquier cosa: “Sigue adentro, le va a hacer algo a las monjas, les va a robar”. Así que llamé al 911.

–¿Qué denunció?

–Que un hombre había saltado hacia adentro del convento y no salía.

–¿La policía llegó rápido?

–Tardó un rato... no sé, 15 o 20 minutos.

Cuando los policías llegaron, Ojeda esperaba que entraran al convento. Pero, según recuerda, los efectivos no quisieron ingresar enseguida. Él insistió: temía que, del otro lado del tapial, el hombre estuviera lastimando a las hermanas.

–¿Qué pasó cuando llegó la policía?

–Les expliqué que un muchacho se había metido adentro. Pero no, no querían entrar. Yo les decía: “Entren, si ustedes se quedan acá esperando, capaz mata a las monjas”. A esa altura, yo me imaginaba lo peor. “¡Pero entren! ¿Para qué los llamé? Si era para mirar, miraba yo”, les dije. Estaban que sí, que no... estuvieron hasta las seis de la mañana esperando que el hombre saliera.

El hallazgo detrás del paredón

Cuando los policías llegaron, encontraron el auto de López todavía en marcha, con las luces encendidas. Revisaron el vehículo con linternas, tocaron el timbre del convento y, después de varios intentos, una de las monjas respondió desde adentro. Al principio dijo que no había nadie y que estaban bien. Pero, tras la insistencia de los efectivos, abrió la puerta. Entonces los policías vieron a López, que se presentó como un colaborador del convento y según declaró uno de los agentes, estaba tranquilo y comía scones.

Los efectivos inspeccionaron el lugar y le preguntaron a la hermana Alba Martínez si el hombre había entrado con bolsos. Ella respondió que sí y dijo que estaban en la cocina. Cuando los policías abrieron los bolsos, encontraron una gran cantidad de dinero y un arma de guerra. Recién entonces lo aprehendieron. Según contaron los agentes, en ese momento López dijo: “Tengo plata”.

Lo que Ojeda había visto como simples “bolsas de basura” era, en realidad, el cargamento que convertiría esa madrugada en una escena imposible de olvidar. En el convento se secuestraron 8.982.047 dólares, 153.610 euros, 59.114 pesos, relojes Rolex y Omega, y una carabina Sig Sauer 522LR semiautomática. Por ese expediente, López fue condenado por enriquecimiento ilícito y por la portación ilegal del arma. En 2023, la Corte Suprema dejó firme la pena de siete años y seis meses de prisión. El dinero decomisado fue destinado al Hospital Garrahan y al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

Después del llamado

Jesús Ojeda llamó al 911 porque pensó que alguien podía estar lastimando a las monjas. Sin embargo, cuenta con sorpresa que las religiosas nunca le agradecieron el gesto. Incluso sintió que, durante un tiempo, lo miraban con desconfianza.

–¿Tampoco le reprocharon que haya llamado a la policía?

–No, nunca me dijeron nada. Tampoco las volví a ver mucho. Después vendieron el convento y se fueron. Pero sí, al principio me miraban mal. Una vez le dije a una de las hermanas: “¿Por qué me mira así? Yo lo hice para protegerlas. Si sabía que estaban bien, no llamaba”. Le pedí disculpas y ella me contestó: “No, mejor que tengamos vecinos así”. Pero igual me miraba con mala cara. Entonces le dije eso, que yo no lo había hecho queriendo perjudicarlas. Yo pensé que le iba a pasar algo malo a alguien.

Antes de aquella noche, Ojeda asegura que nunca había sospechado nada extraño. Aunque veía movimiento, autos que entraban y salían, gente que iba a misa, siempre pensó que era parte de la rutina del lugar.

–¿Aquella fue la primera vez que notó algo raro en el convento?

–Sí. Yo vivo acá hace mucho y antes nada me había llamado la atención. Siempre venía gente, había misa, entraban y salían autos, pero nada como esa noche. Yo siempre pensé que era un convento donde vivían las monjas y se celebraba la misa. Después, cuando pasó todo esto, me enteré de que decían que hacían fiestas adentro... Pero yo nunca lo vi. Entraban autos, pero no sabía quién venía. Nunca vi políticos ni nada. Si entraban, entraban en auto.

Con los años, la vida de Ojeda también quedó atravesada por aquella madrugada. Dice que no se arrepiente de haber llamado al 911, aunque admite que desde entonces quedó más atento a los movimientos extraños frente a su casa.

–Después de que salió a la luz el escándalo de corrupción relacionado con los bolsos de José López, ¿tuvo miedo? ¿Se arrepintió de haber llamado al 911?

–No, no me arrepentí. Miedo, tampoco. La única preocupación fue por mis hijos. De hecho, si por ahí viene algún auto, capaz me dirán que soy chusma, pero yo salgo y miro. Acá no se va a meter nadie.

–¿Con el nuevo vecino tiene buena relación?

–Sí. Pero capaz que pasa un mes y no lo veo. Veo la camioneta que entra y sale, pero no lo veo mucho.

Ojeda fue citado a declarar en la causa. Recuerda que se presentó dos veces. Años después, López fue condenado por enriquecimiento ilícito y por la portación ilegal del arma secuestrada aquella madrugada. En 2025, además, sus condenas fueron unificadas en una pena única de 13 años de prisión, que incluye también el caso Vialidad.

–López transportaba nueve millones de dólares esa noche.

–Sí, eso me dijo una periodista. Yo no tengo mucha idea. Acá más de uno me dijo: “Ya te van a llamar, te van a dar algo”. Pero no, nada. Uno encuentra una billetera y le dan propina. Yo encontré esta plata y no me dieron nada.

Además de esa historia, Jesús cuenta su presente: tiene 58 años, hace más de dos años que no consigue trabajo estable y dice que, si no fuera por el ingreso de su mujer, la situación sería muy difícil.

–Si hoy viviera una situación similar, ¿volvería a hacer lo mismo?

–No sé... Capaz que le pregunto “¿qué estás tirando?” o le digo “dame uno” (ríe). Pero sí, volvería a llamar a la policía, lo haría por la gente de adentro, pensé que les estaban haciendo daño.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/a-diez-anos-de-la-noche-de-los-bolsos-el-vecino-que-llamo-al-911-cuando-vio-a-jose-lopez-yo-me-nid12062026/

Volver arriba