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Empezó a los 5 en una plaza en Concordia, se probó en River y quedó en el equipo: “Tengo ojos para cualquier puesto”

Desde que tiene memoria, Alyson Guerra vive con una pelota pegada al cuerpo: a los cuatro o cinco años ya repetía que le gustaba el fútbol, siempre buscando aprender algo nuevo sobre el juego. H...

Desde que tiene memoria, Alyson Guerra vive con una pelota pegada al cuerpo: a los cuatro o cinco años ya repetía que le gustaba el fútbol, siempre buscando aprender algo nuevo sobre el juego. Habla de fútbol todo el día, lo mira, lo juega; cuando está sola con la pelota parece que no existe nada más en el mundo.

Alyson empezó pateando la pelota en una plaza de Concordia, Entre Ríos; sus padres la anotaron después en el Club Salto Grande y, con el tiempo, encontró su lugar en el Club Defensores del Barrio Nebel, donde hoy juega en cancha de 11.

“Tengo ojos para cualquier puesto: depende del equipo y del rival, me sé acomodar donde haga falta”, cuenta Alyson, que tiene 11 años y está en Sexto Grado. “Siempre miré y sigo mirando fútbol, por eso aprendí a jugar en varias posiciones. Con la categoría 2015, donde juego con chicos, salgo de lateral derecho, a veces de volante o de central. En la sub-12 femenina, suelo jugar de 9 o de extremo; y a veces le pido a la profe jugar más en el medio para ayudar a mis compañeras”.

“Si alguna vez ves una convocatoria para una prueba de fútbol, anotame”, le dijo a su mamá

El camino de Alyson hacia el fútbol profesional comenzó con una duda que pronto se transformó en deseo. Aunque de más chica la idea de probarse en un club grande le daba cierta timidez y decía que no, un día el chip cambió. Con apenas 11 años, tomó valor y le hizo una promesa a su mamá: si alguna vez veía una convocatoria para una prueba de fútbol, que la anotara sin dudarlo. Su mamá no dejó pasar la oportunidad y completó un formulario para una prueba que el Club Atlético River Plate realizaría en Hurlingham para la categoría 2015.

A partir de ahí, el sueño empezó a construirse a base de esfuerzo colectivo. Tras recibir el correo de confirmación para el 12 de diciembre de 2025, la familia se enfrentó al desafío económico que implicaba el viaje. Sin embargo, no estuvieron solos: la comunidad y las familias del Club Nébel se solidarizaron de inmediato, impulsándolos a abrir un alias y organizar rifas para recaudar los fondos. La gran noticia llegó en una cena familiar, cuando su papá, con complicidad, le pidió a su mamá que le diera la sorpresa. Al preguntarle si realmente quería ir a probarse, Alyson no lo dudó un segundo.

“No podía creerlo. Sentí una felicidad inexplicable”

El proceso de selección fue exigente y requirió de toda su templanza. Aquel 12 de diciembre, tras jugar varios partidos intensos, Alyson logró superar el primer filtro junto a solo 10 nenas más, ganándose el derecho de viajar a Buenos Aires en febrero de 2026 para entrenar con el plantel estable. Durante casi dos semanas, del 9 al 20 de febrero, dejó todo en la cancha. El día final, el cuerpo técnico comenzó a llamar a las familias una por una para dar las devoluciones. A la mamá de Alyson le pidieron un último esfuerzo: querían verla entrenar una semana más para estar completamente seguros.

“El último día, los profes llamaban a las familias una por una para dar el veredicto; los nervios eran totales cuando llamaron a mi mamá y le pidieron que me quedara una semana más. A los tres días, el teléfono volvió a sonar con la noticia más hermosa: querían que fuera, oficialmente, jugadora de River. No podía creerlo. Sentí una felicidad inexplicable porque era mi primera prueba en un club gigante y lo había logrado", se emociona Alyson.

“Al principio, me dolió verla tan nerviosa y frustrada; se notaba en su carita que se estaba comparando con las demás y las cosas no le salían. En un descanso la llamé a un costado y, mirándola a los ojos, le pedí que soltara todo, que simplemente jugara a lo que ella ama. Cuando entendió que no tenía que demostrarle nada a nadie, su fútbol cambió por completo: se relajó, empezó a disfrutar y su talento fluyó de otra manera. Me llenó de orgullo ver cómo escuchaba cada indicación de la profe, entendiendo que el fútbol no es solo meter goles o gambetear a todas, sino saber ser parte de un equipo. Verla divertirse en esa cancha fue el momento en que supe que, pase lo que pase, ella ya había ganado“, se enorgullece Flavia, su mamá.

“Vivir el día a día en River es una locura hermosa”

Para Alyson, vestir la camiseta de River Plate sigue pareciendo un sueño del que no quiere despertar. Al principio, ver el enorme talento de tantas chicas la hizo dudar de sus propias posibilidades, por lo que haber quedado seleccionada se convirtió en una felicidad inexplicable. Hoy, vive esta oportunidad con una madurez admirable, consciente de que ocupa un lugar con el que muchas nenas sueñan y que no todas pueden alcanzar. Por eso, no hay un solo día en que no vaya feliz a entrenar, dejando el alma en el gimnasio y en la cancha, y sintiendo una gratitud inmensa hacia su familia, que sigue haciendo un esfuerzo enorme para apoyarla y acompañarla en cada paso de este camino.

Esa inmensa alegría también se traduce en la hermosa vida de club que disfruta día a día. Los pasillos de River se volvieron el escenario de momentos mágicos, donde junto a su familia espera el paso de los jugadores de Primera División para conseguir una firma o una foto de recuerdo. Entre risas, Alyson recuerda una anécdota muy especial de sus primeros días: una compañera la invitó a conocer el Estadio Monumental por dentro y, sin saber que el acceso estaba restringido, terminaron las tres caminando por el lugar hasta que el personal de seguridad, muy amablemente, tuvo que pedirles que salieran. Esas travesuras y la emoción constante hacen que su experiencia en el Millonario sea, simplemente, inolvidable.

“Vivir el día a día en River es una locura hermosa y siempre pasa algo divertido. ¡Una vez me metí sin querer en la sala de conferencias y estaban ensayando los del coro! Todos se me quedaron mirando, así que salí corriendo y me tenté de risa. También me cruzo seguido con las chicas de la Primera del femenino; nos sacamos fotos, nos empezamos a seguir en Instagram y hasta fui a verlas al clásico contra Boca en Casa Amarilla. Además, en los pasillos ya me saqué fotos con un montón de jugadores: Quintero, Meza, Driussi, Subiabre, Beltrán, Páez, Vera, Castaño, el ‘Huevo’ Acuña, Pezzella, Rivero, Díaz, Centurión, Salas, y hasta con ´El Chacho´ Coudet. Son tantos que ya ni me acuerdo de todos los nombres, pero tengo los recuerdos guardados. Ya le dije a mi papá que me tiene que imprimir todas las fotos para armarme un cuadro gigante en mi pieza".

El apoyo incondicional de sus padres

El acompañamiento de su mamá es un refugio emocional indispensable en este camino. Con una sensibilidad única, está siempre atenta a los estados de ánimo de Alyson, detectando al instante esos días de frustración cuando las cosas en la cancha no salen como esperaba. Su rol es recordarle lo inteligente que es para jugar, impulsándola a confiar en su potencial y a ver cada obstáculo como una oportunidad para preguntar y mejorar.

Por su parte, su papá, Carlos, vive la experiencia desde una doble perspectiva muy movilizadora, teniendo que equilibrar su rol de padre con el de profesor. Aunque este doble lazo tiene sus ventajas, también confiesa que, a veces, se sufre el doble al intentar descifrar cómo responder exactamente a lo que Alyson necesita en cada momento de frustración. Así, combinando la contención de mamá y la mirada comprensiva de papá, Alyson camina con paso firme y contenida por un amor familiar que es su verdadero motor.

Hoy en día, la vida de Alyson es un trencito de esfuerzo que va y viene entre dos ciudades. Durante las semanas que pasa en Buenos Aires, su rutina es la de una verdadera profesional: arranca el día con el desayuno y las tareas del colegio, almuerza y se va derecho a entrenar a River, regresando a la noche a descansar para volver a empezar al día siguiente.

Cuando le toca estar en Concordia, el chip sigue siendo el mismo. Va a la escuela por la mañana, descansa un rato a la tarde y se va a entrenar, sumando además un turno nocturno en el gimnasio para seguir mejorando. Aunque ama estar en su casa, la pasión por el Millonario la desborda: no pasa un solo día sin que les pregunte a sus papás, con los ojos brillantes, cuándo arman las valijas para volver a Buenos Aires.

¿Cuáles son tus sueños en relación al fútbol?

Primero poder seguir entrenando en River porque se nos dificulta juntar el dinero para viajar. Sueño con jugar en la Primera de River y en la Selección Argentina. Me gustaría un día jugar con Palo, Meme y Lara Esponda de la Primera de River.

“Me genera una emoción enorme ver que es una nena madura pero que conserva su inocencia. Valora muchísimo cada esfuerzo que hacemos y no desperdicia el tiempo metido en las pantallas o el celular. Me llena de satisfacción que le guste estudiar, que tenga sus objetivos tan claros y que entienda que la vida no se termina en el fútbol, que siempre hay otros caminos. Pero lo que más me conmueve es su generosidad: sueña con llegar lejos para poder ayudar a otras nenas que hoy pasan por las mismas dificultades que le tocaron a ella. Verla practicar este deporte con tanta pasión es mi mayor orgullo”, cierra su mamá.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/empezo-a-los-5-en-una-plaza-en-concordia-se-probo-en-river-y-quedo-en-el-equipo-tengo-ojos-para-nid19062026/

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