“Era un pilar”. Es la hija de una famosa actriz argentina, sigue sus pasos en la actuación y la recuerda a casi un año de su muerte
Tenía 11 años cuando una invitación a modo de juego cambió su vida para siempre. “Estaba en el baño y me acuerdo que me acerqué a mamá y le dije que teníamos que compartir más cosas junt...
Tenía 11 años cuando una invitación a modo de juego cambió su vida para siempre. “Estaba en el baño y me acuerdo que me acerqué a mamá y le dije que teníamos que compartir más cosas juntas. No me preguntes cómo, pero a la semana siguiente nos preparábamos las dos para trabajar en mi primera película. Fuimos madre e hija en Las voces, de Pablo Torre”, cuenta Wanda Brenner (28), la hija del músico Rubén Brenner y de la famosa actriz, María Socas, quien a fines de 2024 murió tras batallar contra un cáncer de mama.
–¿Qué te aconsejó tu mamá en esa primera instancia?
–Me acuerdo que leímos el guion juntas. Siempre me ayudó, me empujaba a abrir la imaginación, la mente. Aparte de ser una actriz muy talentosa, también era muy buena abriendo caminos para el otro, te alentaba a expandirte. Tenía una generosidad enorme.
Wanda Brenner–¿En qué momento la actuación dejó de ser algo lúdico para transformarse en trabajo?
–Se fue dando con el tiempo, sí me daba cuenta de que había algo en mí que lo sentía como insaciable, como un hambre de seguir formándome. Ese primer año de teatro coincidió con el diagnóstico de mamá que ella siempre quiso mantener muy privado. Esa noticia fue un clic fuerte en mi vida, fue como dar vuelta la página y decir “Voy a empezar a vivir como quiero vivir”. Todo eso que estaba sucediendo a mi alrededor en vez de hundirme, me empujó a tomar decisiones arriesgadas. Estaba en el “vivir ahora”. Dejé el CBC de Filosofía y me fui a estudiar teatro a Francia, a Fontainebleau School of Acting, durante tres años.
–¿Qué sentís cuando actuás?
–Hay una suerte de valentía en ese camino de exposición, de entrega ante un público desconocido. Actuar es animarse a dar un salto al vacío todo el tiempo. No me imagino mi vida sin eso.
–De algún modo, vencés tus miedos cada vez que salís a escena.
–Exacto. Se genera una especie de seducción con el miedo, como sentirte atraída hacia ese lugar incómodo, que te espanta, pero que vas igual porque sabés que lo bueno viene después. Mamá siempre me decía: “Hay que hacerlo siempre, aunque salga mal”. La escena es lo que es en ese momento, no hay bien o mal. Escuchar eso de alguien en quien confiaba era muy reconfortante.
–¿Cómo estás viviendo el primer año de duelo?
–Mamá era un pilar en mi vida. Sé que la tengo cerca, la extraño y la siento todos los días. Tal vez pueda sonar raro, pero creo que soy muy afortunada por haber vivido con ella una revancha. Fueron diez años en los que durante mucho tiempo estuvo muy bien. Detrás de su esfuerzo, había vitalidad y muchas ganas de vivir.
–¿Qué proyectos te esperan?
–Terminé de filmar la ópera prima de Nerina de León Tonno, Yeso, junto a Delfina Pignatiello, y ahora estoy ensayando El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, dirigida por Gabriel Lenn. Y en unas semanas empieza el rodaje de un thriller del que voy a ser protagonista basado en la novela “El circuito de la rabia”, dirigido por su autora, Cinthia Varela.
–Hablando de moda… ¿Tenés un estilo?
–Me visto más bien sobria, con looks sutiles, de piezas simples.
–¿Tenés algún fetiche en tu ropero?
–Me gustan mucho las polleras, estampadas, lisas, de distintas texturas. Siento que me resuelven a la hora de vestirme.
–¿Cómo es tu vínculo con la moda?
–Hay algo del ocuparse de estar bien vestida que me hace sentir bien anímicamente. Me gusta estar cómoda en mi propia piel, segura y plantada para arrancar el día.
Producción: Sergio Bárbaro
Pelo y maquillaje: Rocío Somoza para Sebastián Correa Studio Agradecimiento especial para Patagonia Flooring y Helipuerto Autódromo.