España neutralizó a Francia y desplegó su fútbol de alfombra roja rumbo a la final del Mundial
Si hacía falta un partido poco menos que perfecto para sumir a Francia en la impotencia y hacerle ver la cara de la derrota, España lo hizo. Y con un premio suculento: el pasaje a la final del Mu...
Si hacía falta un partido poco menos que perfecto para sumir a Francia en la impotencia y hacerle ver la cara de la derrota, España lo hizo. Y con un premio suculento: el pasaje a la final del Mundial, la segunda que disputará en su historia, tras el título obtenido en 2010. En caso de que la Argentina elimine a Inglaterra, se producirá el choque que debió tener el antecedente de la Finalissima, que naufragó entre la geopolítica internacional -los ataques de los Estados Unidos a Irán- y los desencuentros de la AFA y la Federación Española para fijar fecha y lugar.
El libreto de España, ese que abunda en el pase, la asociación y la sincronía colectiva por encima de la dependencia de una individualidad, desdibujó a su rival hasta transformarlo en un equipo desconocido. Ni rastros de la Francia, que con 16 goles ocupa el segundo lugar entre las selecciones más efectivas del Mundial, detrás de la Argentina (17). Al Mbappé sonriente por los ocho tantos que lo tiene codo a codo con Messi por el Botín de Oro se le disparó la frustración, porque no había manera de zafar de los solventes Cubarsí y Laporte, los zagueros centrales que tuvieron un rendimiento para poner de ejemplo en las academias de fútbol. Mbappé no fue salvador ni acompañante de sus acreditados compañeros de ataque; los nervios lo pusieron al borde del descontrol con una amonestación por una entrada a destiempo sobre el arquero Unai Simón.
España está siguiendo el curso que exige un Mundial: de menor a mayor, en evolución constante a medida que aumentan las exigencias y el calendario le opone rivales de envergadura. Fue encontrando el equipo y haciendo los ajustes para estar un poquito mejor que en el partido anterior, aunque hay que reconocerle que frente a Francia dio un salto enorme, si se toma el agónico triunfo sobre Bélgica en los cuartos de final.
Este presente era difícil de imaginar tras el 0-0 del debut ante un Cabo Verde al que nadie tenía en cuenta. Esa España caía en un defecto que ya lo había condenado en el Mundial pasado: empacharse de pases, juego horizontal, control intrascendente. Contra los africanos había entrado unos minutos Lamine Yamal, tras una larga recuperación por una lesión. Su desfachatez para la gambeta en profundidad y armar una situación de gol de la nada es el complemento necesario en un equipo que se define por su cuidada pulcritud. España a veces parece que gana mientras toca una melodía. Es una superioridad con suavidad, sin prepotencia. Cuando ocurre eso, como este martes frente a Francia, el rival no siente que lo matan de un tiro, sino que lo sedan hasta llevarlo a una agonía irreversible.
El entrenador Luis de la Fuente no confió todo a que Yamal se fuera pareciendo a la figura de Barcelona. Atendió las alarmas de Cabo Verde y aplicó correcciones. Afuera Llorente, Gavi y Torres. Las variantes (Porro, Baena y Olmo) le respondieron satisfactoriamente. Y para los últimos dos encuentros tomó una medida de riesgo, hasta osada: quitarle la titularidad a Pedri, uno de los portadores del ADN del estilo español, pero extraviado en un laberinto del que no terminaba de salir. Lo reemplazó con Fabián Ruiz, volante para todo, muy completo: quite, despliegue y llegada. El jugador de Paris Saint-Germain se transformó en un muy buen socio de Rodri, el timón del equipo, el que tiene la cancha en la cabeza y se anticipa con soluciones a los potenciales problemas.
España desactivó a Francia en el primer tiempo como ningún otro equipo lo había conseguido hasta ahora en el Mundial. Que el equipo de De la Fuente tuviera una mayor posesión no era novedad, pero sí que anulara las veloces transiciones del rival. Barcola apenas si tuvo una corrida por la izquierda y en la única galopada de Mbappé se encontró con una barrida del arquero Simón lejos del área como si fuera un líbero.
El desarrollo era cerrado, con la iniciativa para España. El quiebre lo provocó una avivada de Yamal, un pícaro de la calle pulido en la Masía, al sorprender desde atrás a Digne, que al intentar un despeje no hizo más que darle una patada al atacante que ayer cumplió 18 años. Oyarzabal ejecutó el penal con potencia y dirección. El delantero con rostro de empleado contable, que se siente más cómodo lejos del ruido que persigue a Messi, Mbappé, Kane, Haaland o Bellingham, va tarareando que ya tiene cinco tantos.
Francia no hizo goles por primera vez en el Mundial. Y no fue porque tuviera la mira desviada o haya desaprovechado ocasiones increíbles. España no lo dejó correr ni crear. Lo fue empujando a la desesperación y a una ceguera que también pareció afectar a Deschamps, que dejó en el campo más tiempo del debido a un desorientado Digne y tardó en hacer ingresar a Cherki y buscar algún otro revulsivo ofensivo.
España le hundió más la moral a Francia con el 2-0, en una estupenda pared entre Olmo y Porro que definió el lateral de Tottenham. Quedaba más de media hora y Francia empezaba a asumir que no le funcionaba nada. Su colección de delanteros temibles estaba neutralizada. Sin poder desnivelar arriba, el duelo de la mitad de la cancha lo perdió siempre porque España estuvo mejor ubicada y con especialistas en la zona. Hay que saber mucho para doblegar a España en ese sector. Rabiot (amonestado) había durado solo un tiempo, y cuando Koné entró para acompañar a Tchouaméni, fue otro náufrago en una media cancha que España controla como si fuera el jardín de su casa.
Francia vs España - Mundial 2026España estuvo más cerca del tercero que Francia de descontar. Yamal se sumó a la causa solidaria y retrocedía varios metros para aportar en ese bloque compacto. Si bien el fútbol siempre es impredecible y con Francia no hay que dar nada por descontado, una reacción heroica o épica no se veía ni a la legua. España empezó a ser finalista bastante antes de que terminara el partido. De principio a fin desplegó la alfombra roja que conduce al MetLife de Nueva Jersey.