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Exit 8: inquietante film japonés acerca de los terrores cotidianos, con los pasillos del subte como escenario

Exit 8 (8-ban deguchi, Japón/2025). Dirección: Genki Kawamura. Guion: Genji Kawamura, Kentaro Hirase, Kotake Create. Fotografía: Keisuke Imamura. Edición: Sakura Seya. Elenco: Kazunari Ninomiya...

Exit 8 (8-ban deguchi, Japón/2025). Dirección: Genki Kawamura. Guion: Genji Kawamura, Kentaro Hirase, Kotake Create. Fotografía: Keisuke Imamura. Edición: Sakura Seya. Elenco: Kazunari Ninomiya, Yamato Kochi, Naru Asanuma, Kotone Hanase, Nana Komatsu. Calificación: Apta para mayores de 13 años. Distribuidora: BF Paris. Duración: 95 minutos. Nuestra opinión: buena.

3 stars

La cultura urbana fue la primera en detectar el agobio de los espacios públicos minimalistas y repetitivos. Esos no-lugares de la llamada “modernidad líquida”, espacios de tránsito, sin permanencia. Estaciones de servicio, autopistas, estaciones de tren, pasillos de subterráneo. Espacios donde la gente desconocida transita con apuro y desinterés por quien tiene a su lado, corriendo siempre hacia un destino que parece importante, ensimismado en cavilaciones y asuntos pendientes. Paseantes de una urbe anónima, cada vez más monstruosa, que en las grandes metrópolis deriva en recorridos extensos y reiterativos como una larga cinta de Moebius siempre lista para reiniciar. Lógicamente esa idea fue el germen de reflexiones sobre la posmodernidad y el nuevo milenio hacia fines del siglo pasado, pero también sobre formas del entretenimiento que convirtieron esa experiencia cotidiana y recurrente en una pieza lógica del terror contemporáneo.

Así resultó para el videojuego japonés Exit 8, cuya esencia es la del pasillo subterráneo convertido en un pasadizo eterno a miedos e incertidumbres humanas. Su éxito lo hizo atractivo para otro lenguaje, el de un cine que está en constante búsqueda de ideas, efectivas y rendidoras, aunque no siempre originales. Y así llegó la versión cinematográfica, Exit 8, dirigida por Genki Kawamura -productor de Monster de Hirokazu Koreeda y de varias películas de animación- y concentrada en esa idea: un hombre viaja en subterráneo a su trabajo y al bajar de la formación se pierde en los pasillos de la estación intentando hallar la salida. La clave no está tanto en la premisa sino en los detalles: las reglas del juego. Por ello las instrucciones que descubre al poco tiempo de encontrarse perdido son claras: lo conocido lo urge a seguir, las anomalías le exigen retroceder. ¿Es tan solo una mera alegoría?

Y algo de eso tiene la historia, vestida de una pátina de horror contenido, no demasiado proclive al gore y el golpe de efecto. Sí, es cierto, hay momentos de sangre chorreando por las paredes, una inundación violenta de líquido oscuro y acuoso, rostros que se desfiguran y se tornan monstruosos; pero la verdadera experiencia inquietante se concentra en la necesidad de salida y en la imposibilidad de detectar el error a simple vista. Es por ello que la película comienza con un plano subjetivo del protagonista en un vagón atestado de gente cuando un bebé llora, un pasajero reacciona con violencia, y él decide bajar para no involucrarse en la disputa. Apurado por salir a la superficie, recibe un llamado de su exnovia que le anuncia un embarazo y una decisión en suspenso. ¿Qué hacer? ¿Seguir adelante o retroceder?

Las artimañas de Kawamura no son sofisticadas, al igual que su idea no es del todo novedosa. Simplemente se limita a explotar la concentración del espacio y la angustia creciente del personaje para trasladarla al espectador. Quizás si su ambición hubiera quedado allí, el misterio hubiera triunfado frente a la tentación de hacerse explícita y sobreexplicada, con guiños a El resplandor de Stanley Kubrick, con aspiraciones psicoanalíticas. Eso es lo que generan los intercambios con un niño que aparece en el largo pasadizo, metáfora de su propio dilema sobre la paternidad, que se continúa con el “hombre que camina”, una figura ominosa que parece ser parte de un decorado repetitivo primero, para luego convertirse en una amenaza o un espejo deformado, y que asume forma definitiva en la recurrencia de la voz de su exnovia, corporizada en una fantasía final. Ir de mayor a menor es quizás su mayor pecado, aun sin dejarnos del todo con las manos vacías.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/exit-8-inquietante-film-japones-acerca-de-los-terrores-cotidianos-con-los-pasillos-del-subte-como-nid14052026/

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