Gen Z: futuro sí, pero en nuestros términos
El 15 de mayo el estadio de la Universidad de Arizona estaba lleno. Miles de estudiantes con sus togas de graduación esperaban el discurso de uno de los hombres más influyentes del mundo tecnoló...
El 15 de mayo el estadio de la Universidad de Arizona estaba lleno. Miles de estudiantes con sus togas de graduación esperaban el discurso de uno de los hombres más influyentes del mundo tecnológico: Eric Schmidt, exCEO de Google y exdirector del Consejo de Inteligencia Artificial del Pentágono. Schmidt subió al escenario y habló de sus años de estudiante, de la “catedral del conocimiento” que cada generación construye sobre los hombros de la anterior y la audiencia lo escuchaba. Y entonces, llegó el momento en que pronunció las dos palabras: Inteligencia artificial. El abucheo fue inmediato, colectivo y sostenido. Cada vez que Schmidt volvía al tema los decibeles subían. Recurrió a una frase que él mismo había pronunciado décadas atrás: “Cuando alguien te ofrece un asiento en el cohete, no preguntas cuál asiento. Simplemente te subís”. El estadio respondió con el abucheo más fuerte de la noche.
El algoritmo como profecía autocumplida
El episodio de Arizona no fue una anécdota, sino un síntoma que se repitió en numerosos eventos este mes. Una encuesta de Gallup de 2026 pone números a lo que esas audiencias expresaron con la voz: solo el 22% de la Generación Z se siente entusiasmada con la inteligencia artificial. El 42% siente ansiedad. La generación más conectada de la historia es la que rechaza el discurso corporativo desconectado de su realidad.
Me quedé pensando en cómo se hace para contar una transformación profunda empatizando con quien la recibe. Primero, nombrar el miedo antes de vender la oportunidad. No como táctica, sino como acto de honestidad. Ethan Mollick, profesor de Wharton y una de las voces más respetadas en el campo, no evangeliza: investiga y muestra. Sus charlas parten de datos sobre lo que la IA efectivamente hace y lo que todavía no hace en entornos reales de trabajo. Cuando alguien así dice “los miedos son válidos”, la audiencia se siente comprendida y baja la guardia. Dos, mostrar casos concretos, no metáforas grandiosas. Las investigaciones sobre comunicación de IA muestran que las personas que entienden por qué una organización usa IA, no solo que la usa, confían más y adoptan más. Sal Khan, fundador de Khan Academy, construyó su argumento a favor de la IA en educación no sobre promesas sino sobre una demo en vivo, sobre datos de tutores reales. No dijo “la educación cambiará para siempre”. Mostró a un estudiante aprendiendo mejor. La diferencia entre hablarle al miedo y hablarle a la curiosidad.
Otra clave está en darle agencia a la audiencia y no resignación. El mensaje “la IA lo cambiará todo y no hay escapatoria” puede ser técnicamente correcto, pero es comunicacionalmente nocivo. Lo que mueve a las personas no es la inevitabilidad sino la posibilidad de ser parte del diseño. Cuando el marco es “subite o quedás afuera”, nadie quiere subir. No es solo la Generación Z, todas las demás también necesitamos que nos muestren que hay lugar para nosotros en el diseño de lo que viene. Que la IA no es un destino al que hay que resignarse, sino un material con el que se puede trabajar.
Sonido recomendado para leer esta columna: Brave, Sara Bareilles
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/gen-z-futuro-si-pero-en-nuestros-terminos-nid13062026/