Ishaan Tharoor: “Siempre hincharé por la Argentina por encima de Inglaterra”
WASHINGTON.- Hace menos de dos meses, el reconocido periodista norteamericano Ishaan Tharoor, quien fue hasta febrero columnista estrella sobre asuntos internacionales de The Washington Post, se su...
WASHINGTON.- Hace menos de dos meses, el reconocido periodista norteamericano Ishaan Tharoor, quien fue hasta febrero columnista estrella sobre asuntos internacionales de The Washington Post, se sumó a las filas de la emblemática revista The New Yorker para escribir ensayos semanales sobre los vaivenes de un mundo convulsionado. Lo que seguramente nunca imaginó fue que, en muy poco tiempo, un artículo de tono personal en plena Copa del Mundo generaría un impacto semejante en un país cercano a sus sentimientos: la Argentina.
La semana pasada, antes de la final en Nueva Jersey, su columna titulada “No lloraré por ti, Argentina” en la que expuso su desenamoramiento con la selección nacional tras haber sido un gran admirador, generó fuertes críticas de hinchas argentinos en redes sociales, en medio de la creciente percepción de una campaña internacional en contra del país que escaló a niveles insospechados.
En una entrevista con LA NACION, Tharoor señaló que “francamente” nunca pensó que su columna tendría tamaña repercusión, y explicó que “no era realmente” sobre los argentinos, “sino más bien sobre lo que su seleccionado ha significado para muchos otros” y su “experiencia personal”.
“Creía estar participando en un debate sobre la selección argentina que se desarrollaba en un ámbito separado del debate general sobre la Argentina y los argentinos. Me equivoqué, y, francamente, desconocía las inseguridades y el frágil orgullo que podría estar tocando con esa columna”, dijo el periodista norteamericano. "Nunca quise herir los sentimientos de nadie", zanjó.
Además, Tharoor, quien pasó parte de su infancia en la India como un admirador del seleccionado que en su momento lideraba Diego Maradona, dijo que no cree que haya habido una “campaña organizada” contra el país, aunque reconoció que “sí hubo mucho sentimiento antiargentino”. Y, sobre el final de la entrevista, les hizo un guiño a los hinchas argentinos en código futbolero.
-¿Qué lo llevó a escribir la columna titulada “No lloraré por ti, Argentina” antes de la final de la Copa del Mundo?
-Tengo una columna semanal en The New Yorker, que al menos hasta ahora sale publicada los jueves, y quería escribir una última nota sobre la Copa del Mundo antes de que finalizara el torneo. Soy un obsesivo del fútbol y fui periodista acreditado tanto en el Mundial de Rusia 2018 como en el de Qatar 2022. Llegué al punto de escribir mi columna de geopolítica de The Washington Post desde el lateral del campo de esos torneos. Esta vez no fui como periodista acreditado, así que decidí escribir algo un poco más personal.
-¿Se imaginó que iba a generar un impacto semejante entre los hinchas argentinos y que desataría un rechazo tan generalizado?
-Francamente, no. Yo escribí muy específicamente como no-argentino, hablando tal vez por otros no argentinos que experimentaron sensaciones y sentimientos semejantes. Sé que puede sonar raro, pero la nota no era realmente sobre ustedes, sino más bien sobre lo que su seleccionado ha significado para muchos otros.
-En su columna describe el amor que sentía hace años por el seleccionado argentino y por Maradona, y habla de ese “extraño dolor y devoción por un país que no es el propio”. ¿Cuándo y por qué se produjo ese quiebre, y cómo empezó ese proceso de desenamoramiento?
-No estoy seguro de cuándo empezó exactamente. En 2014 quedé desconsolado cuando Argentina no pudo ganar en el estadio Maracaná. Quería que Lionel Messi ganara el Mundial, y me encantó que tuviera su gran momento en Qatar. Tal vez después de ese broche de oro, me sentí menos conectado emocionalmente con el equipo y empecé a desencantarme con sus jugadores. Todo esto es muy subjetivo, pero mi era favorita del fútbol argentino fue hace 20 o 25 años, cuando mi hermano y yo nos sentábamos en Nueva York a ver por televisión los partidos de la liga argentina. Si pienso en los jugadores que me gustaba ver jugar en aquella época recuerdo a Luis “Lucho” González, Fernando Cavenaghi, y ese increíble elenco de números 10 como Andrés D’Alessandro, Federico Insúa, Román Riquelme, Pablo Aimar, Ariel Ortega, Javier Saviola, y tantos otros… y recuerdo el entusiasmo que me generaba su modo de jugar, y hoy no siento ese tipo de conexión con el seleccionado actual.
-Su columna fue publicada en el contexto de muchas otras notas y comentarios en redes sociales que abrieron un fuerte debate sobre la Argentina durante el Mundial y los días posteriores. ¿Cree que hubo una campaña antiargentina?
-No creo que haya habido una especie de campaña organizada, pero vivimos en una era dominada por las redes sociales y todos, en mayor o menor medida, nos vemos influenciados por el ambiente que se respira. Y sí, hubo mucho sentimiento antiargentino.
-En su columna menciona videos en redes sociales que muestran a argentinos comportándose de manera inapropiada en los estadios, incluyendo a hinchas que le lanzaban insultos racistas al influencer Speed y que les arrojaban cerveza a los egipcios, mientras que el reconocido actor Samuel L. Jackson acusó a la Argentina de ser “uno de los países más racistas del mundo” e instó a la comunidad afroamericana a no apoyarla. ¿Usted cree que Argentina es un país racista?
-Es absurdo pensar que un país pueda ser categóricamente racista. Creo que cada país tiene sus propios problemas en materia de raza e identidad, y no soy yo quien pueda explicar cuáles son los de la Argentina.
-En ese sentido, ¿por qué cree que la atención se centró en la Argentina en particular, dado que el racismo y la xenofobia son un problema en muchos países?
-No lo sé. Sospecho que se trata de un debate sobre todo en América Latina, donde obviamente existen algunos estereotipos sobre la Argentina o los argentinos que lamentablemente parecieron proliferar durante el Mundial.
-En la columna, señala que “en las redes abundaban las especulaciones sobre una conspiración para que Messi llegara nuevamente a la final” y que la selección argentina se benefició de decisiones arbitrales cuestionables. ¿Le da alguna credibilidad a esas teorías?
-No, me limité a mencionar la existencia de esas especulaciones.
-¿Tiene una opinión crítica de la conducta de Messi a lo largo de su carrera profesional y de su participación en este Mundial en particular?
-Messi es una leyenda, el mejor jugador de todos los tiempos. Cuando trabajaba en la revista Time, tuve la oportunidad de ser el escritor fantasma del artículo de Thierry Henry sobre Messi para la edición de 2011 de las 100 personas más influyentes del mundo. En ese Mundial, Messi fue inmenso y llevó a la Argentina a la final. Me impresionó menos su intento de conseguir la expulsión de Cucurella, pero nadie es perfecto.
-También describe a Maradona como un “ángel vengador”, y que ahora “la Argentina de Messi es el orden establecido”. ¿Con cuál de los dos identificaría más el comportamiento de los argentinos respecto al fútbol, y por qué?
-No creo ser la persona más indicada para responder a esto, pero uno tiene la sensación de que Maradona es más auténticamente argentino: Messi ya estaba en La Masia desde muy chiquito, mientras que Maradona siempre será el hijo de Villa Fiorito. Me gustaría compartir algo que mi hermano gemelo escribió en 2014 sobre ese contraste, un texto que redescubrí hace poco y que sin duda influyó en mi forma de pensar: “No puedo evitar sentir un poco de lástima por los chicos que hoy están creciendo con superestrellas como Messi, un pequeño genio completamente desprovisto de personalidad, y como Cristiano Ronaldo, una acumulación de músculos y cejas perfectamente delineadas. En esta era de hipermarketing y empaquetado comercial, esos inmensos futbolistas parecen criaturas alienígenas talladas en acero y esculpidas con gel para el pelo. Uno siente que al final del día Messi y Ronaldo vuelven a sus mansiones espaciales para desenchufarse y dormir un sueño robótico sin sueños. Maradona, en cambio, nos regalaba la ilusión de que no había barreras que separaran el mundo de su fama del mundo exterior. Dentro y fuera de la cancha, el seguía siendo el pibe luchador de los barrios marginales, desbordante de exuberancia y de deseo”.
-¿Cómo describiría la pasión que sienten los argentinos por el fútbol, especialmente durante el Mundial? ¿Cree que lo vivimos de manera diferente a hinchas de otros países, y que eso podría explicar, al menos en parte, el sentimiento que tienen hacia los argentinos?
-Creo que sirve para explicar por qué tienen tanto apoyo en otras partes del mundo. Su fanatismo y su devoción por el fútbol son únicos, contagiosos. Como alguien ajeno a la cultura argentina, es muy inspirador ver lo mucho que significa para ustedes, tanto para los jugadores como para los aficionados, y uno no puede evitar querer ser parte de eso. ¡He visto tantos Mundiales deseando ser argentino! Es un tremendo “poder blando” . Pero también tengo la sensación de que el discurso ha cambiado debido a las redes sociales y a antipatías provocadas por dinámicas que nada tienen que ver con el fútbol y que ahora forman parte de cómo se percibe al seleccionado argentino.
-¿Qué opina de que después del partido contra Inglaterra los jugadores argentinos hayan exhibido una bandera que reivindicaba la soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas?
-Como alguien a quien le gusta escribir sobre la intersección entre política y fútbol, me encantó. Nadie salió perjudicado. Generó debates divertidos y molestó a quienes tenía que molestar. Lo entiendo en el mismo contexto que cuando Granit Xhaka, el capitán suizo, hizo el gesto del águila albanesa cuando su equipo venció a Serbia. En ese caso tenemos al hijo de refugiados kosovares evocando en la cancha a toda una generación que sufrió el trauma y el desarraigo. El fútbol importa más que otros deportes, y no finjamos que su poder simbólico puede mantenerse al margen de la política.
-En una publicación en la red social X escribió que le había “conmovido profundamente” la cantidad de argentinos que se preocuparon por lo que alguien tan lejano siente por su seleccionado nacional, y confesó que eso sacudió sus propias conclusiones anteriores. ¿Hasta qué punto cambiaron esas conclusiones?
-Sinceramente, nunca creí que a los argentinos fuera a importarles mi opinión. Vas a la India y a Bangladesh, ves la pasión por la Argentina y te das cuenta de que es un amor unilateral y no correspondido. ¿Cuántos de ustedes piensan en las decenas de millones de personas fuera de la Argentina que se ponen su camiseta, que lloran cuando ustedes lloran, que se quedan despiertas hasta altas horas de la noche para vivir y morir durante los mismos partidos que ustedes? Soy consciente de que estoy en Estados Unidos y escribo para una publicación prestigiosa, así que tal vez eso haya tocado una fibra sensible. Pero creía estar participando en un debate sobre la selección argentina que se desarrollaba en un ámbito separado del debate general sobre la Argentina y los argentinos. Me equivoqué, y, francamente, desconocía las inseguridades y el frágil orgullo que podría estar tocando con esa columna, que, repito, trataba sobre mi experiencia personal, muy alejada de la realidad argentina.
-Finalmente, y ahora que ya han pasado algunos días desde el final del Mundial, ¿qué le diría a los hinchas argentinos que de alguna manera se sintieron ofendidos por los comentarios que hizo en su columna?
-Nunca quise herir los sentimientos de nadie. La selección argentina, sus jugadores y sus hinchas me han regalado algunos de los recuerdos más importantes de mi vida. Son una parte desproporcionadamente grande de mi nostalgia infantil. Y aún no he tenido la oportunidad de visitar su maravilloso país. Tengo muchas ganas de hacerlo pronto. (Y siempre hincharé por ustedes por encima de Inglaterra).