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José María Poirier: “Un Papa no soluciona los problemas de la sociedad, pero esperemos que la Argentina sepa escucharlo”

“Nosotros somos un país de sorpresas. Con su estado de ánimo tan sereno y reflexivo, León XIV sabrá leer nuestra realidad. El problema es que la sociedad argentina, especialmente la vida pol?...

“Nosotros somos un país de sorpresas. Con su estado de ánimo tan sereno y reflexivo, León XIV sabrá leer nuestra realidad. El problema es que la sociedad argentina, especialmente la vida política y económica, sepa escucharlo”. La singular mirada sobre la visita del Papa pertenece a José María Poirier, periodista, director de la revista Criterio y un hombre de la cultura identificado con el pensamiento social cristiano.

En una entrevista con LA NACION, Poirier asume que el mensaje de León XIV recorrerá los desafíos que plantean la pobreza y la fragmentación, signos de un mapa social que forma parte del paisaje cotidiano en la Argentina. Recuerda que se trata de un Papa que conoce nuestro país y ha estado muchos años en América Latina. “Un hombre que piensa y reflexiona antes de hablar”, define el periodista, formado en Filosofía en la Universidad Lateranense de Roma.

“Robert Prevost conoció los cinco continentes como superior general de la Orden de San Agustín. En el Vaticano, al frente del Dicasterio para los Obispos, trató con todos los episcopados. Probablemente conozca a los obispos de todo el mundo mejor que Bergoglio. La sociedad argentina tendrá que saber escucharlo. Y también la jerarquía eclesiástica, porque un cambio de papado dentro del catolicismo es un hecho importante”, describe el intelectual, de 76 años.

-¿Qué se puede esperar de la visita de León XIV?

-Esperar, siempre se puede esperar todo, pero no es sano. Conviene esperar poco, porque puede aparecer la desilusión. A mí me impresiona la gran capacidad de León XIV para escuchar, reflexionar, pensar y después hablar. Es un hombre muy reflexivo y muy profundo. Tal vez sería legítimo esperar que haga un llamamiento a la paz, a la cordura, a la convivencia, a la pacificación de los ánimos. El Papa apunta mucho a eso. Sus constantes referencias a la vida en comunidad en la Iglesia tienen un fundamento muy sólido. En todo caso, la dificultad es entender qué país recibirá a León XIV.

-En la propia Iglesia se dijo que el Papa se va a encontrar con una Argentina herida por la pobreza y la fragmentación. ¿Esa visión quedará reflejada en sus mensajes?

-En los mensajes seguramente. Son dos temas claves para el Papa. Ahora, si eso va a tener impacto en la vida real del país, es una incógnita. El llamado de León XIV va a estar dirigido a afrontar el drama de la pobreza, que es tan grave en la Argentina, así como la fragmentación y la división. Después está en nosotros saber responder. A mí me llamó la atención que después de la espectacular visita que hizo a París, Lourdes y Metz, al poco tiempo Francia se volvió a reencontrar con manifestaciones violentas. Un Papa no soluciona los problemas de la sociedad. Es ficticio pensarlo. Tampoco lo solucionó en España. Sí fue muy claro su mensaje en favor del respeto por las instituciones. El concepto institucional de Prevost es muy importante. Eso nos haría mucho bien a los argentinos.

-¿Las instituciones en la Argentina atraviesan una etapa de fragilidad?

-Es una historia antigua, no solo de fragilidad, sino de pendularidad, lo que acrecienta esa condición frágil. El Papa tiene un interés muy particular en volver a Perú, que es su segunda patria. Si uno analiza la política de Perú, con tantos presidentes presos, es desastrosa. Salvo Uruguay, que siempre fue un país moderado, toda América Latina es un poco ambivalente y muestra su fragilidad institucional.

-¿Los sectores políticos de la Argentina van a tratar de apropiarse de su figura y su mensaje?

-Sería muy ingenuo pensar que no lo van a intentar; está dentro del espíritu político tratar de hacerlo. No me parece lo mejor, pero es inevitable. Van a estar preocupados en el Gobierno y en la oposición, porque en los dos casos llamará la atención si tratan de apropiarse de una figura muy clara y decidida en sus gestos y en sus palabras.

-En la visita a España, León XIV habló en el Parlamento sobre la crispación política y la descalificación permanente. ¿Ese mensaje tuvo un impacto?

-Relativo. Después se profundizó el enfrentamiento entre el presidente Pedro Sánchez y la oposición. Algo similar sucede en Francia, donde está la ultraderecha, con Marine Le Pen, y del otro lado la ultraizquierda. Esto acompaña una derechización de la política internacional general. Hay cambios muy difíciles de prever. No sabemos qué pasará después de las elecciones en los Estados Unidos.

-¿La Iglesia tiene una posición frente a estos escenarios de convulsión?

-En el mejor de los casos, hay algunas figuras del Episcopado y de la dirigencia católica que son interesantes. A mí siempre me sorprende para bien el arzobispo de Córdoba, el cardenal Ángel Rossi, así como el presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo Marcelo Colombo, y el de San Juan, monseñor Jorge Lozano. Otras figuras, ya retiradas, como Jorge Casaretto, siempre han aportado a la unidad dentro de la Iglesia. Hay otros a los que les cuesta estar a la altura de estas circunstancias o hacen una lectura muy parcial. No tenemos la generación aquella que marcaron los obispos Juan José Iriarte, Vicente Zaspe, Jorge Novak, Jaime de Nevares, Justo Laguna. Hoy ellos no están. Hay que aceptar que hoy la dirigencia de la Iglesia argentina ha perdido peso y prestancia.

-¿Eso implica que la Iglesia ha perdido peso e influencia en el terreno político?

-En lo político no creo que tenga mayor peso. En el campo social se nota una presencia mayor.

-¿Cómo se puede definir la Iglesia argentina que dejó Francisco?

-Quizás nos falta perspectiva, porque la historia es muy larga. Pero creo que ha dejado una sensibilidad social absolutamente distante de lo que fue el Episcopado en la época del enfrentamiento con Chile, en la dictadura militar. La renovación que provocó Bergoglio es muy importante. Al mismo tiempo, Bergoglio, con su desconfianza ante lo intelectual, empobreció el mundo episcopal. Con su personalidad tan peculiar, pretendía que nadie le hiciera sombra.

-¿Con Robert Prevost la Iglesia recupera su presencia en el campo intelectual?

-Yo creo que sí. Es muy respetuoso del mundo intelectual. Es un hombre de una formación importante, en ciencia, en teología y en derecho. Como apunta mucho a la comunión y a la corresponsabilidad, y tiene una personalidad que ayuda a eso, es capaz de trabajar en equipo. No era una característica de Francisco, que era un líder personalista, muy fuerte, con todo lo positivo que tuvo en sus reformas y toda la contrapartida en las oposiciones dentro de la Curia romana.

-¿El proceso de reformas que había iniciado Francisco en el Vaticano sigue adelante con León XIV?

-Sí, León XIV es un fiel continuador de estos procesos, como en el tema de la sinodalidad, que es el camino hacia una Iglesia más abierta y horizontal. Llama la atención que, al mismo tiempo que tiene esa mesura y capacidad de escuchar y delegar, es muy claro y decidido. Como pasó con algunas medidas que tomó.

-¿Qué medidas, por ejemplo?

-Con los lefebvristas y con algunas instituciones eclesiásticas en México y Perú, donde aplicó una mano severa. Cuando, después de escuchar y reflexionar, León XIV toma una decisión, esa medida es clara.

-¿Mostró esa misma firmeza en la respuesta a Donald Trump?

-Sí, lo favoreció el hecho de que él es norteamericano. Puede hablarle a su presidente con claridad y con decisión. Y enfrentar, incluso, los despropósitos de Trump.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/jose-maria-poirier-un-papa-no-soluciona-los-problemas-de-la-sociedad-pero-esperemos-que-la-argentina-nid07112026/

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