Generales

Juan Bautista Yofre: “Durante mucho tiempo, los generales, dentro o fuera del gobierno, estaban en el poder”

“El Tata”, como lo llaman desde hace décadas, Juan Bautista Yofre, es un ensayista “cazador de archivos” por excelencia: documenta todo lo que escribe y ese es su motor; los “papeles”,...

“El Tata”, como lo llaman desde hace décadas, Juan Bautista Yofre, es un ensayista “cazador de archivos” por excelencia: documenta todo lo que escribe y ese es su motor; los “papeles”, como él los llama, son los que traccionan sus textos, referidos a los últimos 80 años de historia política argentina. Nadie fue (2006), su primer best seller; Fuimos todos (2007); 1982, acerca de la guerra de Malvinas, publicado en 2011, y Puerta de Hierro (2015) son algunos de los títulos de Yofre que siguen alimentando discusiones sobre la Argentina reciente y las responsabilidades de cada quien. El más reciente, presentado en la Feria del Libro en abril en una conversación pública con Daniel Hadad, es Los generales. De la Libertadora a Cámpora. Los archivos secretos de la corporación militar.

Entre 1955 y 1973 –años “no peronistas” que el libro reconstruye– las jerarquías castrenses peleaban por espacios protagónicos, involucrados en la política nacional de un modo hoy impensable. Pero lo hacían en paralelo y en tensión con el “tirano prófugo” al que habían echado (otro general, al fin y al cabo) cuya gravitación se prolongaría en el exilio. Esa dinámica es el hilo conductor de Los generales, junto a un personaje omnipresente introducido en el prólogo con un interrogante: “¿Por qué se observa a Alejandro Agustín Lanusse en casi todo el recorrido del libro?”.

Hay quienes leen a Yofre como cronista imprescindible del peronismo y sus sombras, así como quienes cuestionan los usos políticos de archivos por parte de quien estuvo al frente de la SIDE al comenzar la presidencia de Menem. En cualquier caso, las propias pruebas que él aporta en sus trabajos llevan en sí una fuerza narrativa que suele superar a la ficción y revelan cómo el azar o el accidente pueden pesar más que los planes de alto vuelo.

En el primer gobierno menemista, Yofre también fue embajador en Panamá y en Portugal, sucesivamente; luego, asesor presidencial. Desde entonces, no ocupó cargos públicos hasta ser designado en 2024 director de la Escuela Nacional de Inteligencia. Su lectura de los años 70 lo convirtió en una de las voces identificadas con la llamada “memoria completa”, perspectiva que desplegó en el spot –objeto de controversia pública– emitido por el Gobierno Nacional el 24 de marzo de 2024, con motivo del 48° aniversario del golpe de Estado de 1976.

Sus investigaciones –apalancadas en legajos, testimonios, fotografías, pasaportes, partidas de nacimiento, actas e informes reservados, microfilms y registros varios– son como una exploración forense sobre el pasado cercano desde fuentes y archivos que pocos tienen. La salida de este libro da la oportunidad de desandar su hoja de ruta, ecléctica, según dan cuenta las paredes del escritorio donde trabaja. Fotos dedicadas de Salvador Allende, del general Lanusse, de los Rolling Stones, de Guillermo Vilas y del mítico Pappo, entre otros íconos, definen todo un cruce de mundos.

-La primera campaña de Menem conjuga aspectos casi místicos y, a la vez, artesanales de la política argentina. Usted hizo la cobertura periodística para un diario nacional. ¿Cómo la vio desde adentro?

-Julio Ramos, el director de Ámbito Financiero, y amigo de Juan Carlos Rousselot, intendente de Morón, me dice un día que éste le había pedido si podía cubrir la primera caravana de Menem por La Matanza. Yo era jefe de Política en el diario y en vez de mandar a alguien, le dije: “Voy a ir yo, porque le falta color a la sección”. Quería ver cómo era el ambiente, qué tipo de gente iba a estar ahí. Dos días antes, en el Florida Garden, Jorge Domínguez lo había llevado a Eduardo Duhalde a tomar un café con nosotros y él fue el primero en decirme: “Te vas a encontrar algo nunca visto”. A las 10 y pico empezó la caravana y a los periodistas nos pusieron en un acoplado. Yo sabía que si me quedaba ahí no iba a ver nada interesante. Le pedí a Rousselot subir al camión donde estaban los candidatos, me autorizó, y ahí sí: hablaba con los que subían, con los que bajaban, anotaba todo en una libretita, a mano; así trabajé siempre. Estuve siete horas. La nota, finalmente, salió a dos páginas, con dos recuadros, editada por Luisito Beldi. La guardo enmarcada porque esa crónica me cambió la vida. Era mayo del 88.

-¿Por qué dice que le cambió la vida?

-Porque ahí empezó todo: la nota fue un escándalo; hablé de un Menem desconocido, del gentío que había: no menos de cien mil personas, cuando todo el periodismo jugaba para Cafiero. Y porque tres días después me invitan, del entorno de Menem, a la cancha, a ver jugar a River. Yo soy de Boca, pero, claro, fui igual. Después del partido salimos con todo el grupo a comer a la Costanera. Su ingreso al restaurant fue el de un rockstar, se vino abajo de gente que quería acercársele. Esa noche tuvimos una larga conversación; me preguntó: “Decime ¿qué imagen tenemos?” Le contesté: “¿Ustedes? la de una banda de salvajes, pero vos vas a ganar. ¿Sabés por qué? Porque sos el peronismo en estado químico puro”. Me invitó a acompañarlo en la gira; dije que sí, por supuesto.

-Se cuentan varias anécdotas de esa gira por el interior, incluso se hizo serie, hace poco, con Leonardo Sbaraglia como Menem…

-Fue una epopeya. Gente que salía de sus casas, que asomaba por las ventanas, a Menem le acercaban chiquitos, los besaba, las vecinas de los barrios le regalaban cosas de comer, era un tipo muy cercano a la gente. Todo lo contrario a Cafiero, que no le gustaba que lo tocaran. Fue una experiencia, además, para mí, de debate familiar: mi hermano Ricardo era el jefe de Campaña de Angeloz, imaginate…

-Misión Argentina en Chile (1970-1973), su primer libro, publicado en 2000, no fue estrictamente sobre la Argentina sino sobre el ascenso y caída de Salvador Allende ¿Por qué tomó ese tema?

-Porque yo había trabajado muchos años en Relaciones Exteriores y conocía revelaciones importantes de nuestro vínculo con Chile. Así que le pedí permiso a Guido Di Tella para revisar el archivo de Cancillería. Lo primero que descubrí, y no era público, fue el grado de infiltración que tenía Chile, empezando por Luis Fernández Oña, asesor principal en La Moneda, casado con Beatriz Allende, la hija del entonces presidente. Beatriz viajó un día a La Habana y descubrió que su marido tenía una familia paralela allí. Era, al fin de cuentas, un hombre de la inteligencia cubana, que cuando sobreviene el golpe se raja a La Habana.

-Usted conoció a Allende en persona y habló con él ¿qué impresión le causó? ¿Era consciente de que se venía un golpe?

-Era un tipo encantador, simpático, cálido, muy distinto a Frei, que era ceremonioso, formal. Pero lo del golpe estaba en la calle, se sabía. Curiosamente el que se lo va a decir con todas las letras a Allende es un diplomático argentino, Gustavo Figueroa. La última vez que el presidente chileno va a la embajada argentina, en mayo del 73, le pregunta: “Dígame, Figueroa, usted que es un hombre tan informado ¿qué dice la calle?” y este señor, que era encargado de negocios en Santiago, y realmente sabía, le contestó: “Que va a haber un golpe, presidente”. Allende golpeó la mesa, furioso: “¡Ustedes los argentinos creen que todo se arregla como en Argentina! ¡Aquí no va a haber ningún golpe!”. Y el golpe llegó, claro, después de esa semana de paz y de tranquilidad que el presidente había tenido en Buenos Aires. Había venido el 23 de mayo para la asunción de Cámpora, lo recibió Alejandro Agustín Lanusse, que todavía era el titular del Ejecutivo en ejercicio. Tomaron un café en la embajada. Después, el 25 de mayo, en el balcón de la Casa Rosada, ya con Cámpora al gobierno, un ministro de la embajada argentina, Hugo Garzón Valdés, le dice a Allende señalando a la multitud de la JP: “Mire presidente, son como un tigre” y este le contesta: “Sí, pero eso es lo peligroso, porque cuando uno se sube a un tigre no sabe dónde termina”.

-Ya que hablamos de Lanusse, pasemos a Los generales. En el prólogo dice: “No intento presentar una simple biografía del teniente general Alejandro Agustín Lanusse porque no lo es”. Como apertura del libro sorprende un poco…

-Es que en un principio el libro iba a ser, sí, una biografía: “Lanusse y su tiempo”. Pero después se me acumuló tanta información, tenía tantas cosas para contar y por otra parte, tampoco quería ponerme a hablar de su vida personal, que no me interesaba. Me interesaba más su figura histórica. De modo que él está en casi todos los capítulos. A su vez, dado que Lanusse ya está ausente, quería contarle al lector todo lo que él había significado para mí. Le dediqué íntegro el último capítulo: “Lanusse sin uniforme”, que además tiene un mensaje acerca de estos tiempos: Lanusse era la honradez.

-Si hablamos de Lanusse, hay que hablar de Perón, con quien en su libro y en la propia historia del período hay un contraste permanente…

-Es que no puedo evitarlo a Perón. Un amigo me dijo que me equivoqué, que el título de este libro debió haber sido “De Perón a Perón”. Y al hablar de él, tengo que hablar de muchas cosas que la gente desconoce o falsea acerca de su vida privada en el exilio, porque en realidad son los propios papeles los que hablan. Por ejemplo, con relación al supuesto enriquecimiento de Perón, que se fue con no sé cuántos millones de dólares… disparates. Él se fue al exilio con unos dólares que le regaló Dodero, un par de millones de pesos. Llegó a Asunción del Paraguay y se los entregó a su amigo Ricardo Gayol, que con esa plata le iba mandando 1500 dólares cada tres meses. Con eso va a llegar a Panamá, cuyo presidente pensaba que él tenía 700 millones de dólares. Pero yo vi donde vivió Perón. A mí no me lo contaron. Y después sé cómo vivió Perón en Venezuela; muchos pueden mentir, pero el Tuco Paz no mentía; y Raúl Bustos Fierro, que dijo que Perón vivía “en estado de leprosidad”, tampoco mentía. Ni que hablar de Emilio Perina, que lo visitó en Panamá y cuenta lo mismo. ¿Y dónde están los cientos de millones de Isabel Martínez de Perón? Mirá dónde vive. En una casa sobria en las afueras de Madrid.

-Pero usted no tiene la misma percepción de honestidad de Perón que de Lanusse…

-No, y no solo por lo que pudo haber sido Perón en el poder, sino por lo que lo rodeaba. Pero en cuanto a su vida material era un tipo austero. Todos dicen que ir a comer a su casa era una tortura: te daban un bifecito con una papa hervida. Era un militar…

-Volvamos a Los generales ¿podría decirse, por el período que abarca, por ese contrapunto constante con Perón, que es una especie de suma esencial de los temas desarrollados en sus otros libros?

-Podría ser… entre otras cosas porque refleja el nacimiento de Montoneros, el comienzo de la infiltración cubana en la Argentina. No es una época cualquiera: en los 70 va Galimberti a Madrid con las cartas de Montoneros, que no tenían contacto con Perón hasta ese momento. Perón buscaba un acuerdo de tipo táctico, que era el de morderle los talones a los militares para que se fueran, y los Montoneros creían que habría un acuerdo estratégico para la toma del poder. Y por otro lado el Che Guevara enseñando en 1960 cómo había que hacer la guerrilla en la Argentina, y Cuba recibiendo una cantidad inmensa de armas de Rusia para atacar desde adentro a la Argentina, entre otros países de la región. Cosa que va a hacer en el 63 Jorge Ricardo Masetti. Yo creo que todo tiene que ver con el fracaso de la Revolución Libertadora, por eso empiezo uno de los capítulos con una confesión del almirante Rojas a sus nietos donde les habla de ese fracaso. Y luego Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston, el fracaso incluido de Aramburu y Rojas, que jugaban para Balbín. Y en todos esos años, mucho tiempo, estos generales, dentro o fuera del gobierno, estaban en el poder. Esa es la realidad que cuento en este libro.

¿Encuentra algún aspecto comparable entre ese período y el actual momento político-social que vive la Argentina?

-No. Esos fueron años de decadencia… muy difíciles de resolver: Perón, jodiendo desde Madrid y luego también acá…; había mucho odio en el aire. Venimos de una gran decadencia. No podría comparar eso con la actualidad. Es otro clima. Hoy habrá gente que está en contra del gobierno, porque defiende otros intereses. Pero no se puede hablar de decadencia; estamos en un país que, guste o no, va dando pasos y esos pasos hay que entenderlos… se viene de la nada; de los años del kirchnerismo que, para mí, fueron un espanto.

-Las paredes de su escritorio están forradas de discos y fotos firmadas por políticos y especialmente músicos. El interés histórico ya lo conocemos ¿cómo se explica lo otro?

-Empecé a escuchar música con mi hermana María, a los diez años, en Paraguay, donde mi padre fue diplomático. Ahí vi a Los Plateros por primera vez en vivo. Todavía no existía el rock tal como lo conocemos. Ya por el 63 o el 64 juntaba discos, fui armando una colección. La aumenté cuando tuve acceso a los importados que llegaban a Buenos Aires y los compraba en la Galería Alvear. Después entré en el universo de Nashville, que es muy extenso y tiene vida propia. Y por supuesto, en el blues: en 1973 fui por primera vez a Nueva York, donde estaban todos: pude ver a BB King, a Muddy Waters, a Johnny Winter.

-¿Cómo aparece Pappo en su historial de músicos amigos?

-Lo conocí allá por 1994, aunque ya lo seguía desde mucho antes, porque había ido a verlo tocar en la década del 70; yo iba a recitales en la Facultad de Derecho, en el Festival Pinap de la Canción, donde emergieron muchos conjuntos argentinos. Tuve muchísimos discos de los que me fui desprendiendo, aunque conservé algunos. Hoy tengo unos tres mil CD. De vinilos, que eran muchos más, guardo la primera etapa de Led Zeppelin, de los Beatles, de Bob Dylan…

-La suya es una mezcla de intereses, de gustos… alguien podría decir que atípicos, o contradictorios.

-Yo no politizo la música. Hace poco, a raíz de la muerte del Indio Solari, un periodista me llamó para que hablara mal del tipo. Le dije: “¿Vos sabés con quién estás hablando? Yo empecé a escuchar a Bob Dylan en el 63…” Esas cosas no las voy a hacer jamás.

Escritor y político

Juan Bautista “Tata” Yofre (Buenos Aires, 1946), escritor, experiodista y político argentino, es el actual director de la Escuela Nacional de Inteligencia.

Fue secretario de Inteligencia del Estado entre 1989-1990 y embajador en Panamá y Portugal durante el gobierno de Carlos Menem.

Ejerció el periodismo desde 1972, en Radio Municipal. Trabajó después en los diarios La Opinión, Clarín y Ámbito Financiero. Escribió además en las revistas Carta Política y Somos.

Es autor de más de diez libros, entre ellos Fuimos todos, Nadie Fue, Volver a matar, La trama de Madrid, Fue Cuba, Entre Hitler y Perón, y Dios y la Patria se lo demanden. Los archivos secretos de la política argentina.

Acaba de publicar Los Generales. De la Libertadora a Cámpora. Los archivos secretos de la corporación militar (Sudamericana)

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/juan-bautista-yofre-durante-mucho-tiempo-los-generales-dentro-o-fuera-del-gobierno-estaban-en-el-nid25072026/

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