Juan Cuattromo, presidente del Bapro: “No veo ni un rebote del crédito ni una baja de la mora”
“No veo ni un rebote del crédito ni una baja de la mora… Y si la hubiera sería circunstancial y se daría por las malas razones”, dice Juan Cuattromo, de 43 años y padre de tres hijas que ...
“No veo ni un rebote del crédito ni una baja de la mora… Y si la hubiera sería circunstancial y se daría por las malas razones”, dice Juan Cuattromo, de 43 años y padre de tres hijas que —fuera de su trabajo— “no le dejan tiempo libre para nada”.
Economista porteño, egresado de UBA, formó parte de la gestión de Axel Kicillof en el Ministerio de Economía de la Nación entre 2013 y 2015 como subsecretario de Programación Macroeconómica. Desde diciembre de 2019 preside el Banco Provincia (Bapro).
En una entrevista con LA NACION, Cuattromo expuso una mirada diametralmente opuesta a las expectativas que hace públicas la administración de Javier Milei al respecto de cuestiones de la economía.
—En su condición de economista. ¿Cómo ve la economía? Las buenas y las malas cosas.
—Mal. Es cierto que hay una sensación de “estabilidad financiera” sobre la que está asentado el programa económico, pero tiene pies de barro.
—¿Por qué?
—Porque tiene como piedra angular una depresión de la demanda, que es la que contribuye a dos objetivos que el Gobierno tiene claramente y que están vinculados entre sí: tener el dólar lo más tranquilo posible para —por la vía de ese control y de la caída de la demanda y de los ingresos— intentar forzar una baja en la inflación. Esto, en el corto plazo, genera una sensación de estabilidad, apoyada en que el sector estructuralmente exportador de la Argentina, que es el agro y al que se le sumaron los hidrocarburos, aporta un mayor ingreso de dólares por la vía comercial.
—Así como lo plantea… mientras eso se sostenga…
—Ese es el punto: cuán sostenible es una estabilidad anclada en una represión muy fuerte de todos los sectores que no son beneficiarios del esquema. Y los perjudicados son sectores que afectan las condiciones de vida de una amplia parte de la población, que ya enfrenta situaciones muy angustiantes.
—En este contexto, usted preside un banco público que tiene sus negocios enclavados en uno de los territorios más afectados por lo que describió. ¿Cómo es ese desafío?
—De la realidad se desprende que hoy, como banco público que debe cumplir un rol, estemos mucho más enfocados en dar planes de refinanciación a nuestros clientes, ante una mora que estalló, que en generar nuevos créditos, naturalmente. Para eso, lo primero fue identificar los focos del problema, ya que no es lo mismo la situación de las empresas que la de personas o familias.
—¿Qué hicieron para cada segmento?
—El apretón monetario entre las empresas se sintió más fuerte a partir de septiembre y octubre del año pasado. Fue entonces cuando empezamos a poner todas nuestras herramientas a disposición de nuestros clientes en condiciones lo más competitivas posibles para acompañarlos. Eso nos permitió, entre esa fecha y ahora, crecer unos 2,5 puntos en el share del financiamiento a empresas. O sea, en contra de la tendencia imperante en el sistema, porque entendíamos que era el rol de la banca pública.
—¿Cómo se traduce ese acompañamiento “en condiciones lo más competitivas posibles”?
—Fuimos muy proactivos porque, antes de llegar a tener que pactar refinanciaciones, en general propusimos opciones de reestructuración de deuda. Cuando le das el alta de cliente a una empresa, le otorgás margen de descubierto, además de otras opciones de financiación. Entonces, cuando detectamos que quedó con mucho endeudamiento corto y malo, que le genera una carga financiera muy alta, nos juntamos con ellos para ver la forma de meter toda esa deuda en un paquete y estructurar un préstamo más largo y de menor costo, para que la empresa tenga la oportunidad de recuperar flujo de caja.
—Igual, en la participación general de crédito al sector privado cayeron un poco.
—Puede ser, no lo tengo claro. Igual, lo que dije es que crecimos en el segmento “corpo”. A nivel general sería lógico, porque tuvimos que ajustar el estándar de colocación, ya que parte del problema que observamos es que hay una tendencia al sobreendeudamiento.
—Es decir…
—Que no creemos que, por más de ser un banco, la meta siempre sea colocar un crédito más, si después con eso vamos a generarle a la gente una deuda mayor que no puede pagar. De allí que es posible que originemos un poco menos, pero acompañamos, por otro lado, la refinanciación cuando lo que hay —y es visible— es un deterioro en los ingresos de las familias. Hay que entender que el crédito sirve cuando apalanca o potencia un crecimiento de los ingresos. Cuando el crédito se utiliza para sustituir ingresos, genera un problema de morosidad, que es lo que estamos viendo ahora.
—¿Y cómo atendieron esta situación en individuos o familias?
—Ahí el problema tiene una naturaleza distinta. Primero, porque la morosidad es más grande y la afectación de ingresos, más importante. Nuestro foco está puesto en acompañar con refinanciaciones, especialmente donde se concentraba la mora más grande.
—¿Dónde?
—En familias o individuos con menos de cuatro salarios mínimos, vitales y móviles. Ahí salimos con una línea que no teníamos, que reduce la tasa a la mitad, básicamente. Y solo en el primer trimestre generamos unos $260.000 millones en este tipo de operaciones, monto que es siete veces mayor al del primer trimestre del año pasado.
—¿Cuál es hoy esa tasa?
—Es fija para ese segmento: 41,67%, equivalente al 50% de la tasa general, y con plazos de hasta 60 meses. Para casos de mora tardía, de más de 90 días, se mantienen plazos de hasta 72 meses, con un anticipo del 5% —o sin anticipo para clientes con haberes— y se habilitan, en situaciones críticas, herramientas de salida definitiva que pueden incluir quitas de capital o cancelación por saldo contable.
—¿Cuántos de los créditos en problemas corresponden a empleados públicos, dada su cartera en particular?
—Sí, somos un banco muy pagador de sueldos públicos, pero la morosidad es transversal. Incluso diría que, en términos de composición de cartera, el foco más grande no está en ese segmento, sino en los que se fueron incorporando a través de, por ejemplo, Cuenta DNI. Lo cual me parece lógico, porque son sujetos de crédito no tradicionales para el banco y para todo el sistema financiero, que se fueron sumando en base a modelos de análisis basados en el perfil de consumo y no necesariamente relacionados con datos de ingreso.
—O sea, entre “los nuevos clientes”…
—Hoy el 90% de los créditos personales que el banco coloca se pacta a través de canales digitales, Cuenta DNI, home banking o banca móvil. De los “viejos” clientes tenemos su historial crediticio, pero con los nuevos canales te acercaste a toda una cartera distinta. El banco pasó de 4,5 millones de clientes en 2019 a 10 millones ahora.
—¿Y en ese sector qué están viendo?
—Que los niveles de mayor morosidad se dan entre quienes tienen de 18 a 30 años, lo que creemos que está relacionado con que tienen otra aproximación al dinero, otra educación financiera.
—O sea que, como banco, tuvieron que adaptarse.
—Sí, a otro perfil de riesgo de las personas. Apareció una nueva demanda de crédito, y nosotros y todos los bancos estuvimos expuestos a ella. Eso derivó en un nivel de morosidad que quizás no estaba bien reflejado en las carteras viejas, en parte porque hubo una transformación muy grande del mercado de trabajo y, a la vez, un deterioro de los ingresos. Al final del día, la explicación es macroeconómica.
—El Gobierno sostiene que viene una baja de la mora y una recuperación de la demanda de crédito por la reciente baja de tasas.
—Yo, por el contrario, veo que los ingresos reales y el mercado de trabajo se siguen deteriorando y que hay una precarización creciente mes a mes. Por nuestra ART podemos seguir casi de forma mensual el empleo privado en la provincia y vemos que sigue cayendo. Por eso no veo ni un rebote del crédito ni una baja de la mora… Y si la hubiera, circunstancialmente, se daría por las malas razones.
—¿Qué quiere decir “malas razones”?
—Porque quienes hoy están complicados zafan consiguiendo que alguien los auxilie, pero en peores condiciones todavía. Y eso, en definitiva, es más problema para mañana porque no están dadas las condiciones macroeconómicas para que ese proceso se dé por la vía virtuosa.