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La imprescindible reforma de la Carta Orgánica del BCRA

La moneda es una de las principales instituciones económicas sobre la que se asienta el progreso de un país. Pero una moneda estable requiere más que un “plan de estabilización” o la decisi...

La moneda es una de las principales instituciones económicas sobre la que se asienta el progreso de un país. Pero una moneda estable requiere más que un “plan de estabilización” o la decisión de un gobierno. Exige contar con instituciones monetarias y fiscales diseñadas para asegurar la estabilidad en el largo plazo. La iniciativa del Gobierno de llevar este debate al Congreso tiene una enorme trascendencia. Me refiero a la propuesta de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y a las limitaciones al uso de los decretos de necesidad y urgencia (DNU) para elevar el techo de gasto sin autorización previa del Congreso.

Una de las lecciones del último siglo es que una moneda estable requiere de un banco central independiente. Su carta orgánica es el “santo grial” de la estabilidad monetaria. Según cómo se escriba, se puede construir una moneda estable o una hiperinflación. El debate “reglas versus discrecionalidad” ha conducido a conclusiones muy intuitivas. Cuanto más baja es la credibilidad de un banco central, mayor es el valor de seguir una regla de política monetaria. A lo largo de la historia, nuestro país administró 5 signos monetarios y le quitó 13 ceros a la moneda.

Parece evidente la necesidad de construir credibilidad sobre la base de reglas. Y esto conduce a dos preguntas esenciales: ¿qué reglas deberían fijarse y cómo lograr que perduren en el tiempo? En los períodos en que la Argentina respetó reglas básicas para su moneda, la inflación dejó de ser un problema. Las reglas que fueron comunes a todos esos períodos de estabilidad no fueron instrumentales a la política monetaria, como fijar o flotar el tipo de cambio o fijar la cantidad de dinero o la tasa de interés, sino reglas profundas relativas al funcionamiento institucional del BCRA.

El Banco Central tenía como únicos objetivos la estabilidad de precios y la estabilidad financiera

Esas reglas, comunes a los períodos de estabilidad, fueron las siguientes: el Banco Central tenía como únicos objetivos la estabilidad de precios y la estabilidad financiera; enfrentaba límites severos o, lisa y llanamente, una prohibición de emitir dinero para financiar al fisco; contaba con independencia y autonomía funcional, y la moneda era libremente convertible.

La segunda pregunta es más difícil de responder. La gran mayoría de los países que sufrieron procesos de alta inflación a lo largo de su historia resolvieron este problema de manera contundente: consagraron la independencia de sus bancos centrales y fijaron reglas fiscales en la propia Constitución nacional. Chile, Colombia, Perú y Uruguay son ejemplos cercanos, pero hay muchos. Por varias razones, la Argentina no lo hizo en su reforma de 1994. Y ese camino, por el momento, luce inconveniente y azaroso.

Una parte del problema ha sido el uso y abuso de los DNU para vulnerar la independencia del Banco Central, el presupuesto e, incluso, el crédito público

Sin embargo, hay mucho por hacer dentro de la Constitución para fortalecer la independencia del Banco Central. Una parte del problema ha sido el uso y abuso de los DNU para vulnerar la independencia del Banco Central, el presupuesto e, incluso, el crédito público. Dotar de autonomía al Banco Central exigirá, paradójicamente, devolverle soberanía al Congreso. Con Horacio Liendo hemos propuesto incorporar la figura penal de “incumplimiento de los deberes de funcionario público” en caso de violación de la Carta Orgánica del BCRA o de alguno de sus artículos.

No se trata de una simple formalidad o de establecer castigos más severos. Se trata de limitar el uso de DNU, que nuestra Constitución prohíbe en materia penal, tributaria, electoral y de régimen de partidos políticos. El riesgo de reversibilidad de las leyes existe. Pero eso no puede inhibirnos de diseñar las normas correctas. Porque el diseño de las instituciones influye en los resultados. Y los buenos resultados influyen en la continuidad de las instituciones. Henry Ford decía que “el fracaso es una oportunidad para empezar otra vez, pero con más inteligencia”. Eso debemos hacer los argentinos si pretendemos recuperar la moneda nacional.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-imprescindible-reforma-de-la-carta-organica-del-bcra-nid14072026/

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