Lionel Messi, el capitán del corazón valiente argentino
ATLANTA (enviado especial).- Nadie se quería ir del estadio de Atlanta. Los jugadores, que acababan de regalar los minutos más emotivos del Mundial, se fundían en abrazos interminables. Más de ...
ATLANTA (enviado especial).- Nadie se quería ir del estadio de Atlanta. Los jugadores, que acababan de regalar los minutos más emotivos del Mundial, se fundían en abrazos interminables. Más de veinte minutos habían pasado del heroico triunfo que llevó a la selección a una nueva final mundialista, y Messi seguía ahí. Como ese chico que solo quiere jugar a la pelota y seguir ganando. Con sus 39 años, a pesar del cansancio de un torneo extenuante y una exigencia mental que solo pueden enfrentar algunos elegidos. Los hinchas, a pocos metros, extendían sus brazos para intentar hacer contacto con ese grupo que saca amor propio en la adversidad.
Millones de compatriotas explotaron en todos los rincones del país y del mundo tras la épica batalla de coraje y fútbol que desplegó el plantel argentino. Ante un resultado que era inmerecido y frente a un equipo metido atrás, la selección dio una nueva lección. Con la pelota en los pies. Y el corazón en la mano.
Messi “volaba” en andas en la medialuna. Recibía una vez más la reverencia del público y de sus compañeros que son desde hace tiempo su grupo de amigos. “Por Malvinas, por el Diego”, cantaban los jugadores frente a una bandera blanca desplegada en el punto penal con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”.
El Ministerio de Seguridad, desde la Casa Rosada, había advertido que no se podían ingresar banderas de Malvinas al estadio. “Las Malvinas son argentinas es un mensaje político”, dijo la ministra Alejandra Monteoliva el día previo. Los jugadores, que representan mejor que nadie el sentimiento argentino, interpretaron el mensaje a su manera.
Cuando habló tras la victoria, Messi lo dejó en claro con sus palabras. “Fue increíble lo que vivimos desde el principio. Si bien era un partido de fútbol, cuando empezamos a entrar en el Himno vivimos sensaciones especiales y el grupo lo sintió. Sabíamos que no era una victoria más; el pueblo argentino lo quería y nosotros también”, afirmó el capitán que -sin perder capacidad de asombro ante todos sus récords rotos- sostuvo: “Es una locura jugar dos finales del mundo seguidas”.
El diez argentino también llenó de elogios a sus compañeros. Dijo que no le sorprende lo que logra el grupo, porque él lo conoce bien. “Por ahí la gente tenía dudas por cómo llegábamos, porque había jugadores muy al límite, pero este grupo cuando se junta y está unido siempre da un plus. Se contagia el uno al otro y saca para dar el máximo”, refirió.
En la cancha, Lisandro Martínez golpeaba el bombo mientras De Paul seguía revoleando su camiseta. Lautaro lloraba como un chico. “Es muy fuerte de verdad. Desde la primera vez que mi viejo me compró un par de botines, siempre soñé con hacer este gol”, expresó.
Scaloni, el arquitecto de un equipo inolvidable, destacó: “Somos únicos. No es arrogancia, es corazón. Esta gente hoy nos llevó a ganar el partido, así que agradecido”.
Para la historiaDe Diego a Leo. De Messi a Maradona. Cuarenta años después del “Gol del siglo” en el estadio Azteca, Messi ganó el “Partido del siglo”.
Si algo le faltaba al capitán de esta selección de los milagros para completar su legendario ciclo era pasar la prueba más exigente de este Mundial. Porque esta tarde se enfrentaba a varios obstáculos: una selección rival que en la previa se había planteado como favorita, especialmente por el funcionamiento del equipo de Scaloni, al que le costó sangre, sudor y lágrimas sortear a Cabo Verde, Egipto y Suiza.
En su mejor partido de la Copa del Mundo más larga de la historia, la selección se encontró en desventaja. Pero fue a buscar el partido una y otra vez.
Messi ni siquiera había debutado en primera división cuando se disputó el último cruce mundialista con los ingleses. Contra ellos Messi no había jugado nunca. Aunque Scaloni y varios protagonistas intentaron llevar tranquilidad en la previa, el rosarino sabía que cargaba sobre sus espaldas una mochila que se acrecentó antes del partido en cada rincón del país y también acá en Estados Unidos.
Por la tarde de Atlanta sobrevoló aquella polémica expulsión de Rattín, quien falleció el sábado pasado, en Inglaterra 66. También estuvo presente la guerra de 1982 y la “revancha” cuatro años después en el césped del estadio Azteca que Maradona coronó con “La mano de Dios” y “El gol del siglo”. La selección de Passarella eliminó a los ingleses por penales en Francia 98 en octavos y los europeos respondieron con un triunfo en 2002 que dejó al equipo argentino al borde de la eliminación.
El pase a la final de un Mundial era el premio que se puso en disputa este 15 de julio de 2026. Los ingleses lo catalogaron como el más importante de su historia moderna. Hacía 60 años que los creadores del fútbol no llegaban a la final de una Copa del Mundo. Y tendrán que esperar al menos cuatro más.
A pulmónEl gran capitán celebró a puro grito el resultado que lo depositó en la tercera final mundialista de su vida, la segunda consecutiva. “¡Vamos!“, arengó con el último aliento que le quedaba.
Fue un primer tiempo de puños apretados y pierna fuerte. Antes de la primera pausa de hidratación el partido era pura intensidad. Inglaterra presionó arriba y la selección intentó salir con la pelota desde el fondo. Un ambiente caldeado en las tribunas y en la cancha era signo del partido más esperado.
Pese a que no hubo llegadas claras en ambos arcos y la posesión estuvo compartida, Messi se fue al descanso con un partido cerrado y en el que no pudo desplegar sus mejores armas, acorralado por una defensa inglesa que cumplió al pie de la letra el plan trazado por el DT alemán Tuchel.
El gol de Anthony Gordon, a los 10 minutos del segundo tiempo, golpeó a la selección. Sin embargo, a partir de ahí desplegó su mejor fútbol.
Argentina se fue contra el área de Pickford. Inglaterra se abroqueló bien atrás. El arquero sacó un cabezazo a quemarropa tras un gran centro de Messi, antes de la pausa de hidratación.
Scaloni juntó a los jugadores y les dio la última arenga. En esos minutos finales del partido los corazones se paralizaron en el estadio. Hubo dos situaciones clarísimas: un cabezazo en el palo de Alexis tras un centro de De Paul y otra gran habilitación de Messi para Nico González, que mandó la pelota cerca del segundo palo del arquero.
La selección iba una y otra vez contra el arco de Pickford, hasta que llegó la recompensa con zapatazo desde afuera del área de Enzo Fernández. El pase fue de Messi. Faltaban cinco minutos de para cumplirse los 90 reglamentarios y la selección lo fue a buscar. Otra vez.
Poco después, la aparición del capitán. El palo le volvió a negar el gol a Mac Allister. De esa jugada, Messi recibió por la derecha y mandó un centro al segundo palo con su pierna menos prodigiosa. Lautaro Martínez la mandó a la red y la historia épica contra los ingleses en Atlanta ya estaba escrita.
Habían pasado 8 minutos de los 12 que se jugaron de adición, y Messi aguantó una pelota en el propio campo, que obligó a un foul que casi cerró el partido. Cuti Romero rechazó cada asedio inglés que llovió en forma de centro.
Llegó el final del partido y Messi fue a abrazarse con sus compañeros.
El equipo del corazón valiente argentino ya había hecho historia. Nadie les pide nada. Aunque los jugadores, antes de meterse al túnel, saltaron con los miles de argentinos que lloraban desde una de las cabeceras: “El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”.
Nos vamos a Nueva York.