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Litto Nebbia: de “La balsa” y la polémica que va a cumplir 60 años al “halago” que le provoca que lo llamen “padre del rock nacional”

Aunque es dueño de una extensa y prolífica carrera, Litto Nebbia no se cansa de celebrar aniversarios. En 2024, por ejemplo, festejó los 50 años de su emblemático álbum Muerte en la catedral,...

Aunque es dueño de una extensa y prolífica carrera, Litto Nebbia no se cansa de celebrar aniversarios. En 2024, por ejemplo, festejó los 50 años de su emblemático álbum Muerte en la catedral, aquel que incluye el clásico “El otro cambio, los que se fueron”. Ahora se prepara para una doble celebración: el medio siglo de dos de sus álbumes solistas más experimentales: Fuera del cielo (1975) y Bazar de los milagros (1976), que se acaban de reeditar en formato vinilo. ¿Y cómo lo hará? Con un recital en el Teatro Santa María (Montevideo 842) este sábado 31 de octubre a las 21, en el que estará acompañado por Ariel Minimal en guitarra y voz y los hermanos Nicolás y Tomás Corley en bajo y voz y batería y voz, respectivamente.

La ocasión resulta ideal para volver a conversar con el músico rosarino, verdadera leyenda del rock nacional quien, a los 78 años, lleva grabados 120 discos y promete ir por más. “Melopea –su propio sello independiente- publicará en breve mis dos nuevos trabajos discográficos: El hombre de la guitarra feliz y La flor del nuevo día”, adelanta orgulloso.

–¿Cómo estás de salud? En 2023 tuviste un accidente en la calle (se quebró la rótula y el ligamento de una pierna y el húmero de un brazo) por el que debiste ser operado y luego estuviste mucho tiempo inmóvil.

–De a poco voy mejorando del todo. Prácticamente ya no necesito de la asistencia de un bastón. Hago más de una hora diaria de ejercicios en casa, incluyendo un tiempo destinado a una cinta caminadora y otro a oxigenación, respiración y estabilidad postural con una instructora. De todos modos, en cuanto pude volví a tocar en vivo. Ahora no me duele casi nada, pero tengo que tener cuidado dónde piso y de no sentarme en una silla baja. Por eso hoy toco siempre en una silla especial que llevo a todos lados.

-¿Qué te produce revisitar hoy estos dos álbumes?

-Me produce una sensación muy placentera pero extraña. Porque los voy a tocar en vivo con músicos más jóvenes que yo, que me gusta como tocan y a ellos les gusta lo que yo hago, pero que, cuando yo compuse estas canciones, no habían nacido. Lo digo como una particularidad, no como un impedimento. Ellos no se limitan a tocar la partitura, la comprenden y le ponen emoción, pero su impronta es la de otra generación. Después están las sensaciones que me despiertan los temas. Hay canciones que no toco desde que salieron los álbumes, a mediados de los 70. Porque no son como otras mías, digamos más populares, que pueda cantar seguido.

–¿Por qué?

–Porque tienen armonías muy complejas y muchos cambios rítmicos; su textos son más bien largos y poéticos, tienen otro preciosismo. Ahora, cuando las ensayo, me hago una pregunta: ¿cómo puede ser que alguien nos aguantó en esa época hacer esto? Porque nos seguían miles de tipos y era realmente una música difícil. Lo digo pensando en lo que es la vida actual, donde lo que vale es la sencillez y la inmediatez. Lo que no se comprende inmediatamente ya fue. Mi música nunca ha tenido nada que ver con la inmediatez, pero estos temas, específicamente, mucho menos. Si los tuviera que comparar con la música de hoy te diría que, como decía Cadícamo, tienen la novedad de lo viejo.

–Las dos obras forman parte de una etapa marcada por la experimentación, el riesgo y la búsqueda de nuevas formas de composición...

–Sí, integran una trilogía experimental de la década del 70 junto a El vendedor de promesas (1977), caracterizada por obras extensas, arreglos elaborados y textos muy descriptivos.

–Hablemos de la génesis de Fuera del cielo. ¿Es verdad que nació como una colaboración con otra disciplina artística, la del mimo?

–Sí. Nació en 1974 para acompañar la actuación en vivo del mimo Olkar Ramírez en el Festival Latinoamericano del Mimo, que se realizó en el Teatro San Martín. El asunto fue así: a Olkar le había surgido de repente la posibilidad de hacer algo en ese festival y no sabía qué hacer. Entonces yo le escribí un texto al que le puse una música, y como no había tiempo ni dinero para armar una escenografía, nos presentamos los dos solos en el escenario. Yo, desde un costado, oficiaba de narrador, y además era el que cantaba y le ponía música a todo lo que él iba haciendo. Fue una gran experiencia que después devino en un disco.

-¿Fuera del cielo es un claro ejemplo del auge del rock sinfónico en la música progresiva de aquel entonces y de la preeminencia de los teclados?

-Sí, puede estar en esa línea. Hay partes de rock sinfónico y partes pianísticas de tipo clasicoide. Los tratamientos de los temas, que son largos, son como para compararlos con algo, como si hubiéramos estado haciendo una suite. En cada uno tenés una intro, un adagio, un andante... Pero, claro, no es algo tan rígido como una verdadera suite clásica. De todos modos, aún en ese contexto, nunca perdí mi forma de cantar ni mi sonido, que siempre fue muy ciudadano. Yo no soy un tanguero, pero tampoco un tipo que canta heavy metal; digamos que soy un tipo que canta medio melódico.

-El otro disco, Bazar de los milagros, por el contrario, presenta una marcada influencia del folk y del jazz-rock, con más guitarras, en el estilo del space jazz-rock.

-Todo el disco está dedicado a Brasil. Sucedió después de mi lectura de Jorge Amado. Es más, el primer tema del disco está inspirado en la novela La tienda de los milagros. Después hay muchas cositas brasileñas sin ser música brasileña ni bossa nova ni nada de eso. Y también su parte experimental. Porque no lo grabé con el trio del disco anterior –que conformábamos con Jorge González (en contrabajo) y Néstor Astarita (en batería y percusión). Este lo grabé sólo con Daniel Homer, un guitarrista excelente que también toca muy bien el bajo. Lo grabamos los dos solos, y yo no toqué solo el piano y los teclados sino también la batería. Si lo escuchás atentamente parece que fuésemos una banda, pero no, estamos sólo nosotros haciendo de todo.

El hip hop, el rap y la sorpresa de Rosario

- ¿Es cierto que, más acá en el tiempo, el tema “La caída” fue sampleado en producciones de hip hop, por ejemplo en las de los raperos Jay Electronica y Jay-Z?

-Sí, el tema fue tomado por el rapero Jay Electronica y por Jay Z para armar una base de rap. Estuvieron muy caballeros porque antes de hacerlo me llamaron y me ofrecieron darme un adelanto autoral. Ellos tomaron prácticamente toda la canción y la usaron de base para hacer arriba su rapeo. Y te dije lo de caballeros porque en este momento tengo 18 canciones que, por todo el mundo, han tomado sin mi consentimiento para sampleos y de dinero por supuesto ni hablar. Ahora, por esas versiones sampleadas de “Caída” aparecemos como coautores en todo el mundo Jay Electronica, Jay Z y yo. Por eso, cuando recibo mis liquidaciones de derecho autoral, me aparecen porcentajes de lugares inesperados. Hace poco cobré importes provenientes de Bélgica y Canadá, lugares donde ellos estuvieron tocando.

-¿Te hubieras imaginado alguna vez que tu música estuviera linkeada con el hip hop?

-No, de hecho esto yo nunca lo busqué. En principio, porque hay un montón de cosas del hip hop que a mí no me gustan, que me parecen excesivamente comerciales, agresivas y repetitivas. Sin embargo, lo que hicieron estos tipos me gustó, está bien hecho, está correcto. Lo que más me asombró de ellos fue su elección: eligieron para el sampleo el tema más difícil del disco. Por eso me merecen respeto, no fueron por lo más fácil. Además, eso me abrió un poco la cabeza.

–A partir de estas experiencias, ¿te gustaría relacionarte más con los músicos del hip hop?

-Bueno, mirá... yo sigo amando la música en cuanto arte, y entiendo que en ella siempre debe haber armonía, línea melódica y rítmica, tres elementos mínimos para que me guste o no una canción. Entonces, me dije, ya voy a encontrar a alguien dentro del mundo del hip hop que entienda esto. ¡Y mirá vos dondé lo vine a encontrar! En mis pagos, en Rosario, escuché un dúo de jóvenes que también sin conocerme tomaron una canción y la samplearon. Entonces, hace ya medio año, les mandé un mail y les conté de mi experiencia con Jay Electronica y Jay-Z y les propuse trabajar juntos. Les sugerí ponerle un título al trabajo de ellos con la música mía y, luego, registrarlo juntos en Sadaic. Así, de paso, logré que se hicieran socios de la entidad, porque los tipos recién empezaban y vivían como lúmpenes. Ellos, después de asustarse un poco, quedaron contentísimos y ahora le dicen a todos sus amigos raperos que eso es lo que deben hacer cuando “tomen” un tema de otro.

-¿Cómo se llama el dúo y cuándo saldrá publicado el tema de los tres?

-Se llaman Nasir Catriel & Fasciolo y el tema se titula “Bienvenidos”. En un mes estará en todas las plataformas y formará parte de un trabajo mayor, un EP o tal vez un álbum, que saldría durante el año próximo. Yo ya les escribí dos temas nuevos, bien para ellos, con una parte rítmica para los dos y con otras para que entre uno y descanse el otro y viceversa. Mi hija se está encargando de los videoclips.

-¿Siempre te gustó relacionarte con las nuevas generaciones de músicos o es algo nuevo para vos?

-Siempre me gustó estar con gente que no es ortodoxa, es decir, que tiene la cabeza abierta, que no tiene prejuicios de nada, ni de arte ni de política ni de sexo. No se puede vivir siendo prejuicioso, así no se puede laburar. Me gusta la gente que aunque no le guste lo que yo hago se pueda emocionar igual; y la que no se ofende si, de repente, le digo que no me gusta lo que hace. Es bueno poder manejarse con mucha libertad. Ese nivel de libertad lo encuentro específicamente en la gente joven.

“La balsa”

-Más allá de la música, ¿cuán decisivas fueron en Fuera del cielo y Bazar de los milagros, a tu criterio, las letras de tu exmujer, Mirtha Defilpo?

-Muy decisivas. Porque lo que hizo mi mujer no tenía nada que ver con el tipo de letras mías. Mis letras son siempre evocativas, sobre relaciones humanas, y en primera persona, sobre algo que he vivido o que me gusta o no me gusta. En cambio, las de Mirtha tenían un rigor mayor, no eran simplemente letras de canciones, como yo llamo a las mías; las de ella eran poesía, por eso resultaron ideales para esa etapa experimental de mi carrera. Yo creo que por aquel entonces habremos hecho como unas 60 canciones juntos; algunas son conocidas, como “La ventana sin cancel”, que versionó Juan Carlos Baglietto, y “Memento Mori”.

-¿En el recital del 31 en el Teatro Santa María presentarás ambos álbumes completos o sólo parte de ellos?

-De los 13 temas originales tocaremos nueve y, a manera de bonus tracks, dos temas que se habían perdido.

-¿Cómo que se habían perdido?

-Es que en esa época siempre te pedían algún tema para un compiladito. Bueno, cuando a mí me pedían uno, yo siempre ofrecía alguno del disco que estaba grabando. Ahora vamos a tocar esos dos temas que finalmente no formaron parte de Fuera del cielo y Bazar de los milagros pero que fueron compuestos para ellos. Son “Ellos, los mares” y Manías de Graciela”.

-¿Cómo te sentís ahora ensayando ese material histórico?

-Me gusta mucho este proceso. A veces me parece que estoy haciendo música nueva, y no es porque me la haya olvidado; es como si ahora, de grande, te contara una anécdota de mi adolescencia. Te la contaría con otro vocabulario, de una manera diferente. O sea, conceptualmente es la misma música porque tiene la misma línea melódica, pero a la vez es diferente. Y creo que el público que venga el sábado también la va a percibir así.

-¿La lista de temas del recital se restringirá a las canciones de Fuera del cielo y Bazar de los milagros o también incluirá algunos de tus clásicos?

-No, y de hecho no pienso tocar todos los temas de esos álbumes de corrido. Los pienso intercalar con otros. Voy a tocar como dos horas, que es lo que duran habitualmente mis recitales. Así que habrá de todo. Matizaré aquellos temas con otros de distintas épocas. En total voy a tocar 31 temas. Aún no sé cuáles serán los clásicos, pero seguro que van a estar “Solo se trata de vivir” y una nueva versión de “La balsa”. También tocaré unas canciones que no son muy conocidas pero que a mí me gustan mucho hacer en vivo, como “Cadenas y moneda” y Fuera de la ley”.

-¿Con este nuevo show luego recorrerás el país?

-No, este será un show único. Luego seguiré recorriendo el país pero con mi show habitual, que incluye un poco de todo mi repertorio. Y el año que viene vamos a concentrar toda la energía en algo inédito: los 60 años del primer disco de Los Gatos, el que incluye “La balsa”, “El rey lloró” y “Ayer nomás”. Tocaremos el disco entero en todos los lugares que se pueda. Es algo que aún no lo puedo creer. Es el primer disco del rock nacional que cumple tantos años y con el que empezó todo, claro.

-Siempre se dice que los grupos fundacionales del rock nacional fueron tres: Los Gatos, Manal y Almendra. Pero que el padre del rock nacional fue y es uno solo: Litto Nebbia. ¿Cómo te va ese sayo?

-Mirá, es un halago que me llamen el padre del rock nacional; pero por otro lado sufro con esos nombramientos porque este es un país tan pero tan discutidor que me rompe las bolas. Todo el mundo discute algo. Están los que dicen que soy eso y están los que dicen que no. “La balsa” está por cumplir 60 años y desde el vamos escucho que algunos preguntan quién la escribió. A esta altura creo que es a propósito, para injuriarme. Hay que ser bien tarado para seguir poniendo en duda mi autoría, como quien sigue discutiendo si Piazzolla hacía tango o no. No se me puede seguir restando mérito diciendo que la escribió Tanguito. Él sólo escribió el verso inicial, ya lo he explicado mil veces. En algún momento hay que parar con el ánimo de calumniar y de ensuciar a todo el mundo. Bah, a esta altura creo que se trata de envidia.

-Por último, ¿te imaginás el retiro?

-No, eso no me lo imagino para nada porque no pienso en el mañana. Sólo me interesa seguir haciendo música y hacer las cosas bien. Todas las mañanas, cuando no estoy de gira, me levanto a las 6 de la mañana y me siento frente al piano de cola con la misma ilusión de siempre: encontrar una cosa nueva, algo, lo que sea. Y como no tengo explicación certera de por qué ha llegado antes todo lo que ha llegado –vaya a saber si fue por estudio o por inspiración, aunque creo que algunas canciones descienden del cielo- me siento a esperar y ver qué llega. Esto hace que nunca se me ocurra decir “me retiro”. No es poco motivo, ¿no? El otro motivo es el afecto de la gente, que me invita a seguir y seguir.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/litto-nebbia-de-la-balsa-y-la-polemica-que-va-a-cumplir-60-anos-al-halago-que-le-provoca-que-lo-nid29102026/

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