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Los laboratorios de observación interna, un proceso íntimo que jaquea al autosabotaje

Los Laboratorios de Observación Interna proponen algo poco habitual: la clave está en vivenciar. No se trata solo de leer o escuchar. Son encuentros grupales donde la lectura, la práctica...

Los Laboratorios de Observación Interna proponen algo poco habitual: la clave está en vivenciar. No se trata solo de leer o escuchar.

Son encuentros grupales donde la lectura, la práctica meditativa y la dinámica colectiva se entrelazan en tiempo real. “Hay algo que no cierra en la presentación tradicional de un libro de autoconocimiento”, explica Gaby Piccoli, investigadora y divulgadora en ciencia, conciencia no-dual y energía, que elige este tipo de experiencias para presentar cada nuevo título de su colección Autosabotaje, una serie de nueve libros que exploran los mecanismos invisibles que frenan el crecimiento personal. Ya lleva cuatro títulos publicados.

Piccoli observaba un fenómeno que muchos lectores conocen de cerca: “La mayoría de nosotros lee algo potente, entiende el concepto, quizás incluso se emociona, pero a los dos días vuelve al mismo estado previo. Obviamente no por falta de voluntad, sino porque falta un cuerpo, un grupo, una experiencia que materialice aquello que entró a través de la razón”, relata.

¿Cómo funcionan los laboratorios?

La lectura solitaria —no importa cuántas veces subrayemos o marquemos un libro— tiene un techo que el cuerpo colectivo logra trascender. Así funcionan los laboratorios.

Se leen fragmentos del libro, proponen ejercicios, meditaciones guiadas y se trabaja con lo que va surgiendo en el momento, en vivo, bajo el eje temático de cada volumen. La lectura se interrumpe cuantas veces haga falta, se dialoga y se vuelve al texto. En una época marcada por la hiperestimulación y el cansancio mental. La gente no necesita tanta información. Busca experiencias donde pueda bajar el ruido mental y verse a sí misma sin todo el bullicio.

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La idea nació de una incomodidad. “Tuve un momento de mucha introspección en el que llegué a la conclusión de que no quería presentar los libros de manera tradicional porque quería que la gente los pruebe, los experimente”, cuenta Piccoli. El problema, tal como ella lo vio, era estructural: estos libros no están pensados para consumirse intelectualmente. Tienen ejercicios, silencios, quiebres. Son, en sus propias palabras, “tecnologías de observación, manuales vivos, dispositivos para generar una experiencia perceptual”. Meterlos en el molde de una charla convencional sería traicionarlos.

Lo que emerge en esos encuentros no es individual: los laboratorios funcionan como espacios de resonancia colectiva. Lo grupal aparece como espejo. Escuchar los patrones de otros permite reconocer mecanismos propios que en soledad suelen permanecer invisibles.

En primera persona

Hay una anécdota que ella recuerda con particular intensidad. Fue en Córdoba, en la presentación del segundo libro de la colección. El encuentro era en un restaurante, en un salón largo dividido por una puerta de vidrio. Los mozos entraban y salían, con cuidado pero con constancia.

Hasta que Piccoli propuso una meditación para reconocer al “personaje autosaboteador”. Algo cambió en el ambiente. “Se generó un silencio muy profundo”, recuerda. “Abrí los ojos y vi que los mozos ya no circulaban. Estaban quietos, todos alineados a un costado del salón, como si fueran custodios del lugar, como una barrera amorosa entre el ruido que venía del otro lado y la experiencia del laboratorio”.

Cuando terminó la práctica, varios de ellos se acercaron emocionados. Uno, muy joven, le dijo: “estaba trabajando, así que no sé exactamente qué estaban haciendo, pero sí sentí que lo que estaba pasando era muy verdadero”.

Esa frase condensa el alma de la propuesta. No se trata de explicar el autosabotaje desde las grandes definiciones, sino de rozarlo, de mirarlo con nuevos ojos, de entenderlo desde otro lado. Desde esa mirada, el trabajo no ocurre sobre el contenido de la mente, sino sobre el lugar desde donde la mente interpreta. Y ese desplazamiento, según ella, difícilmente sucede en soledad.

Cuando terminó la práctica, varios de ellos se acercaron emocionados. Uno, muy joven, le dijo algo que Piccoli no olvidó: “Yo estaba trabajando, así que no sé exactamente qué estaban haciendo, pero sí sentí que lo que estaba pasando era muy verdadero”. Muy verdadero. Esa frase condensa el alma de la propuesta. No se trata de explicar el autosabotaje desde las grandes definiciones, sino de rozarlo, de mirarlo con nuevos ojos, de entenderlo desde otro lado. Desde esa mirada, el trabajo no ocurre sobre el contenido de la mente, sino sobre el lugar desde donde la mente interpreta. Y ese desplazamiento, según ella, difícilmente sucede en soledad.

Por eso, los laboratorios no buscan resolver nada rápidamente. No hay recetas mágicas ni consignas motivacionales. La propuesta es más sutil y, en cierto modo, más exigente: ampliar la percepción desde donde el problema está siendo leído y disminuir el ruido para volver a percibir con un nuevo lente, sintetiza Piccoli, mientras planea su próximo Laboratorioen Las Balsas, Villa la Angostura, donde trabajará la confianza vs el control.

La autora es especialista en terapias alternativas y de autoconocimiento y creadora de Shamanic & Healing

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/vida_sana/los-laboratorios-de-observacion-interna-un-proceso-intimo-que-jaquea-al-autosabotaje-nid28052026/

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