Los sicarios que ejecutaron a un narco uruguayo en Palermo no dejaron huellas, pero un error los delató
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A Carlos Andrés Migales Viera, un sindicado narco uruguayo que había viajado a la Argentina para ocultarse porque sabía que su cabeza en Uruguay tenía precio, lo ejecutaron cuando estaba en el baño del departamento que alquilaba en Palermo. Los sicarios le dispararon al menos ocho balazos con pistolas con silenciador. Los homicidas procuraron no dejar huellas en la escena del crimen. Pero una serie de errores llevó a que dos sospechosos fueran detenidos minutos después del asesinato. La clave para identificar a uno de los supuestos tiradores fue la suela de una zapatilla.
“En cuanto al móvil del homicidio, si bien es materia de investigación, podría tener relación con un enfrentamiento de bandas criminales vinculadas al narcotráfico en Montevideo, Uruguay, del cual la víctima intentó refugiarse en Buenos Aires”, dijeron a LA NACION calificadas fuentes judiciales que participan de la investigación del crimen.
Hoy, el juez nacional en lo criminal y correccional Damián Kirszenbaum procesó con prisión preventiva a Cristian Nahuel Paiva, de 21 años, y a Ulises Aladro, de 22, los dos sospechosos detenidos por detectives de la Policía de la Ciudad.
“Se consideró probable que hayan participado en el episodio ocurrido el 4 de este mes en el barrio de Palermo, en el que tres sicarios ingresaron a un departamento y mataron a Migales Viera utilizando armas con silenciadores. También se dictaron sus procesamientos por haber portado pistolas calibre 9 mm con silenciadores y por haber recibido un vehículo robado que utilizaron para llegar al lugar del hecho”, sostuvieron a LA NACION fuentes judiciales.
Paiva, Aladro y un tercer sicario escaparon a pie de la escena del crimen. Tras ejecutar a la víctima, no consiguieron arrancar el Peugeot 2008 con el que habían llegado para concretar el plan criminal y que habían estacionado en la puerta del edificio donde vivían Migales Viera y su familia, en Costa Rica al 5600.
Personal de la Policía de la Ciudad llegó a la zona del crimen tras un llamado al 911.
“Operadores del Centro de Monitoreo Urbano (CMU) lograron ubicar a Aladro y a Paiva mientras caminaban por la avenida Juan B. Justo y dieron aviso a los uniformados de las Comisarías Vecinales 14A y 14B de la Policía de la Ciudad, que encontraron a los sospechosos en avenida Bullrich y avenida Santa Fe”, dijeron las fuentes consultadas.
La madrugada del crimen hubo un tercer detenido: un joven que hoy fue liberado después de que se dispusiera su falta de mérito.
“Se trata de una persona en situación de calle que solía estar por la avenida Córdoba, a la altura de Juan B. Justo, y que el personal policial encontró donde estaban los otros imputados, caminando en la misma dirección que uno de ellos. Él tenía una coartada sólida que pudo ser, en principio, corroborada con filmaciones de cámaras de seguridad de donde dijo haber estado esa noche antes del crimen, y testigos negaron que este haya estado en el edificio donde ocurrió el crimen o que hubiera actuado de forma extraña durante esa madrugada, prueba que recabó la División Homicidios de la Policía de la Ciudad luego de su declaración indagatoria. Los detectives policiales recientemente descartaron que esta persona fuera de interés para la investigación a partir de las pruebas que se incorporaron en los últimos días. Más allá de eso, se está esperando el resultado de nuevos peritajes antes de decidir si se lo sobresee o si se dicta su procesamiento”, explicaron las fuentes consultadas.
En la investigación intervienen el fiscal Anselmo Castelli y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), encabezada por el fiscal federal Diego Iglesias.
Una de las primeras testigos del caso fue María Mercedes Boneta Mandera, de 27 años, esposa de la víctima.
“Sostuvo que los asesinos, que estaban encapuchados, entraron en el departamento y, sin decir palabra alguna, le dispararon a Migales Viera. Ella no vio el rostro de ninguno de los homicidas y lo primero que hizo fue salir al balcón para pedir auxilio”, dijo a LA NACION una fuente del caso.
Detectives que participan de la investigación del homicidio de Migales Viera sospechan que la víctima fue “entregada” en Uruguay. Alguien sabía dónde se “había escondido” en la Argentina y “lo vendió”.
“A los dos sospechosos detenidos por su supuesta participación en el crimen se los pudo vincular al hecho a través de las filmaciones de las cámaras de seguridad del edificio donde vivía la víctima. Si bien los sicarios usaron guantes y máscaras para evitar ser reconocidos, las ropas que vestían eran idénticas a las que tenían Paiva y Aladro al ser detenidos. Particularmente, Aladro llevaba unos jeans con bordados blancos y una gorra con visera blanca, los cuales tenía consigo cuando fue detenido. Paiva llevaba un chaleco gris, pantalones negros con un estampado y zapatillas, idénticos a los que vestía uno de los sicarios registrados en el video. Además, al huir de la policía, descartó una pistola Glock con silenciador que no figuraba en las bases oficiales del Registro Nacional de Armas (Renar)”, dijeron fuentes del caso.
Calificadas fuentes de la investigación explicaron: “Más allá de que los sicarios procuraron no dejar huellas dactilares en el departamento que la víctima alquilaba, personal de criminalística encontró la marca de una suela de zapatilla. Con ella hicieron una comparación y determinaron que correspondía a las zapatillas que llevaba puestas Paiva cuando fue detenido. De tal manera, se pudo determinar que los detenidos fueron dos de los tres tiradores que ingresaron al departamento y dispararon a la víctima. Ocho de los disparos se hicieron a través de la puerta del baño del departamento, mientras la víctima se encontraba dentro. El disparo fatal impactó en el abdomen de Migales Viera sin haber atravesado primero la puerta, ya que el proyectil dejó un tatuaje de pólvora en su piel”.
Ahora, detectives de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad continúan con las tareas investigativas para dar con el tercer tirador e identificar a los autores intelectuales del plan criminal.