Generales

Opinión: la oportunidad 10X de la Argentina y el desafío urgente de formar el talento del futuro

Por años, la Argentina discutió su desarrollo mirando variables macroeconómicas, ciclos políticos o restricciones estructurales. Hoy, a todo eso se le suma un cambio más profundo: el cambio de...

Por años, la Argentina discutió su desarrollo mirando variables macroeconómicas, ciclos políticos o restricciones estructurales. Hoy, a todo eso se le suma un cambio más profundo: el cambio de lenguaje que organiza la economía global.

Estamos pasando de una sociedad donde el valor se generaba a partir de activos físicos y procesos lineales a otra donde el diferencial competitivo surge de los datos, la inteligencia artificial y la capacidad de resolver problemas complejos a velocidad.

Los tamberos argentinos cobran los precios más bajos del mundo

Este cambio tiene una consecuencia directa. Un relevamiento de McKinsey (noviembre 2025) plantea que más del 50% de las horas trabajadas puede ser automatizado con tecnologías ya disponibles. Desde la gestión de facturas, remitos y cartas de porte hasta la planificación logística o el análisis de campaña, tareas que antes llevaban días hoy se resuelven en minutos.

Esto obliga a replantear qué significa “agregar valor”. Aquí aparece, entonces, una tensión estructural. Mientras las empresas necesitan adaptarse a este nuevo entorno, nuestros sistemas de formación siguen en gran medida preparando para uno que está desapareciendo. En este contexto, la empresa agropecuaria deja de ser solo un espacio de producción para convertirse también en un espacio de formación. Ya no alcanza con demandar talento: hay que crearlo.

Una región inundada tiene más de 400.000 cabezas de ganado en emergencia y advierten que llegará más agua

¿En qué consiste ese talento necesario? En la capacidad de identificar problemas relevantes, caracterizarlos correctamente, diseñar soluciones, validarlas rápido, iterar sin miedo al error, trabajar con metodologías, escuchar al cliente y ejecutar con velocidad y bajo costo. En síntesis: la capacidad de innovar.

Pero hay un punto clave que suele pasarse por alto. Estas capacidades no solo representan una oportunidad para quienes las desarrollan. También definen el futuro de las organizaciones que los incorporan.

En un entorno donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de adaptación, las empresas que no cuenten con personas capaces de trabajar con estas lógicas tendrán enormes dificultades para capturar valor.

La adopción tecnológica no es un problema de acceso a herramientas, es un problema de capacidades humanas. Por eso, la relación es profundamente simbiótica: los jóvenes necesitan espacios donde desarrollar estas habilidades, pero las empresas necesitan esos jóvenes para poder evolucionar.

No se trata solo de formar talento; se trata de integrarlo como condición de competitividad. Esto puede leerse como una crisis o como una oportunidad extraordinaria.

La Argentina tiene una plataforma única en su sistema agroindustrial: producción de biomasa, conocimiento técnico acumulado y una creciente integración con biotecnología, datos y servicios.

Si logramos cruzar esa plataforma con las capacidades del mundo digital, el potencial no es incremental: es exponencial. Solo en maíz, con niveles de transformación similares a los de Estados Unidos, se podrían generar más de 120.000 empleos directos y US$12.000 millones adicionales por año. Si esto se extendiese a todas las cadenas,se pueden generar hasta US$40.000 millones anuales, a los que se les pueden sumar las empresas biotecnológicas, intangibles montados en activos digitales, servicios ambientales, etc.

Pero este salto no es tecnológico, es organizacional. No lo van a dar las máquinas, lo van a dar las personas. La pregunta entonces ya no es si hay oportunidades; es qué estamos haciendo para capturarlas.

Ahí el foco cambia. Ya no alcanza con discutir empleo. Tenemos que discutir capacidades. Ya no alcanza con formar profesionales, tenemos que formar solucionadores de problemas. Ya no alcanza con transmitir conocimiento, tenemos que desarrollar criterio, método y capacidad de acción. Esto interpela directamente a quienes tomamos decisiones.

El primer paso es tomar conciencia: no estamos frente a un cambio tecnológico, sino frente a un cambio de época. El segundo es actuar; no desde grandes declaraciones, sino desde decisiones concretas: abrir las organizaciones al aprendizaje, trabajar sobre problemas reales, incorporar metodologías de innovación y animarse a experimentar.

No necesitamos condiciones perfectas. Podemos empezar hoy. La oportunidad está, el talento también. El desafío es combinarlos. Y eso no depende del futuro; depende de lo que hagamos ahora.

El autor es cofundador de Club AgTech y de Agro 10X

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/arquitectura/opinion-la-oportunidad-10x-de-la-argentina-y-el-desafio-urgente-de-formar-el-talento-del-futuro-nid29042026/

Volver arriba