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Reliquias digitales y una valija llena de “Boludos”: de Buenos Aires a San Francisco, un artista postula una estética del descarte

Antes de tallar madera, mucho antes de pintar los espacios que se forman entre las líneas o indagar en las profundidades de los anillos de un tronco. Atrás en el tiempo, el artista y diseñador a...

Antes de tallar madera, mucho antes de pintar los espacios que se forman entre las líneas o indagar en las profundidades de los anillos de un tronco. Atrás en el tiempo, el artista y diseñador argentino Ramiro Cairo desarrolló una familia de personajes singulares, sin saber que inauguraba una de las tendencias que hoy son furor. La recuperación de basura digital fue el primer paso para la creación de Los Boludos, una familia de personajes simpáticos, prolijos, simétricos, únicos.

Cerca de su casa, en el barrio de Caballito, vivía un técnico jubilado, especialista en reparar televisores blanco y negro. Cairo le propuso un trato: ordenarle el taller a cambio de llevarse una caja de válvulas electrónicas. La negociación fue un auténtico win-win. El taller quedó impecable y las figuras comenzaban a tomar forma, encapsuladas en tubitos transparentes. Para los ojos saltones de los Boludos, Cairo usó resortes pequeños de goma, que originalmente se escondían debajo de las teclas de computadoras viejas. Para nariz y boca, buscó accesorios de indumentaria. Con la parentela bien consolidada, su firma, Doméstico, recorrió ferias y locales de diseño, cuando Palermo recién despuntaba su perfil creativo y vanguardista.

Pioneros de una tecnología obsoleta y desplazados por la modernidad, estas criaturas recuperaban las entrañas de los televisores viejos que no conocieron el color. Aquellos componentes que funcionaban como amplificadores de señales, expandieron su potencia en el universo creativo de Ramiro Cairo, que luego se mudó a Londres, después a Brooklyn y hoy vive en San Francisco.

A todas partes llegó con una valija cargada de Boludos, y de otros diseños. Los viajes no fueron turísticos, fueron por amor. Una noche, mientras tocaba la batería con su banda de música en San Telmo, una chica inglesa repasaba su clase de castellano. Hubo miradas, flechazo y charla larga. Los personajes encapsulados hicieron su magia. A Eve le parecieron simpatiquísimos los ojos saltones, las bocas dentadas, los sombreritos. Corría 2011 y Cairo dejaba Buenos Aires para probar suerte, en todo sentido, con su novia ingeniera. A pesar de las mudanzas, las clases de inglés y los aviones, la pareja se casó en el bar Homero Manzi, una locación bien porteña.

Hoy, en su taller de San Francisco, Oliver, su hijo de 9 años, lo mira fascinado cuando dibuja líneas meticulosas, desarma y arma entramados con accesorios de cámaras y computadoras.

De los espejos realizados con frentes de TV, luminarias con circuitos y muebles recuperados a las galerías de arte, sin escalas. “Me atraen muchísimo los sistemas internos de la tecnología, qué pasa con el despiece de todos los engranajes”, dice Cairo, en una de sus visitas anuales a Buenos Aires. Aquí sostiene un ritual: buscar reliquias digitales y llevarlas a su taller para prolongarles la vida y cambiarles de piel. Además de cuadros y esculturas, allí crece una versión 2.0 de Los Boludos, con libros de cuentos, historias y packaging propio.

“Cuando llegué a San Francisco toqué la puerta de un local de diseño que vendía muebles y objetos. Fue como en la vieja escuela. Abrí mi bolso y brotaron los muñequitos. Se vendieron todos”, repasa Cairo, que heredó de su papá arquitecto el pulso para el dibujo, el estímulo y la inquietud por los materiales. Sus estudios secundarios en el instituto Huergo y en la carrera de Diseño Gráfico de la FADU-UBA, (su hermano es diseñador gráfico) ratificaron su vocación.

El taller que montó en el garaje de su casa suele abrir las puertas para formar parte de Open Studios, el evento anual impulsado por la organización ArtSpan donde todos los artistas de la ciudad muestran sus producciones durante un fin de semana. “Participo hace 10 años y estoy feliz con los intercambios que se generan”, afirma.

Mientras deja en reposo a los personajes, ahora Cairo investiga las posibilidades de la madera. “Un cambio de materialidad inesperado”, apunta. Con estética constructivista, el desafío de tallar, moldear y pulir las obras lo tiene más que entusiasmado. “Recuperé el amor por la línea, en realidad el espacio que se genera entre ellas, los ritmos que se suceden, las continuidades rítmicas y las definiciones que provocan”, señala. Para muchas de sus obras, Cairo se valió de los marcadores de dibujo técnico 003 que utilizaba en sus tiempos de estudiante, las clásicas Rotring de alta precisión.

Tronco, papel y madera

La serie Mutation, por ejemplo, se inspira en la naturaleza del interior del tronco de un árbol y propone una interpretación abstracta de las líneas que surgen del corte. Con el paso del tiempo, ese corte genera anillos que, en formato longitudinal, pueden leerse como líneas o vetas. El papel, como símbolo de su origen, retorna a ese punto de partida a través de estas composiciones. “Esta serie surgió cuando empecé a interesarme por los misterios que se encuentran dentro de un tronco: allí se configuran huellas únicas”, señala Cairo.

La producción Tensión y liberación (2020-2021), por ejemplo, surgió del miedo a lo desconocido. La incertidumbre que aceleró la pandemia, el encierro y la fragilidad, lo llevaron a tomar nota de ciertas palabras. “Tensión, fragilidad, verdadero o falso, fake, interior, optimismo, equilibrio, esperanza, empatía, armonía”, enumera el artista. “Durante esa introspección estas palabras resonaron en mí. Fueron una fuente de inspiración y me llevaron trabajar en una serie que las incluyera y tradujera en una forma geométrica y abstracta”, define.

Otro de sus trabajos, IndustRealization, incorpora geometría y piezas industriales en esculturas que, a su vez, evocan una nueva máquina. Entre válvulas y vetas, Cairo asume el rol de arqueólogo de la era analógica. Y deja su impronta industrial en obras de arte que remiten a la anatomía de máquinas y sistemas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/reliquias-digitales-y-una-valija-llena-de-boludos-de-buenos-aires-a-san-francisco-un-artista-postula-nid31052026/

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