Sara, nutricionista: “Unas 10 ó 12 horas de ayuno son suficientes para darle un descanso a nuestro sistema digestivo”
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El retorno a la rutina después de las vacaciones (ya sea de verano o las de invierno) suele generar una presión innecesaria sobre los hábitos alimentarios. Durante el descanso, la flexibilización de horarios, el consumo de alcohol y la reducción de fibra en la dieta afectan la salud intestinal de muchas personas. Según Sara Martínez, dietista-nutricionista y tecnóloga alimentaria, el sistema digestivo experimenta alteraciones visibles mediante hinchazón o estreñimiento. Sin embargo, la profesional advierte contra las soluciones rápidas o las dietas detox que suelen aparecer en esta época del año. “No debemos compensar ni pensar que tenemos que reparar ningún daño”, señala Martínez en una entrevista con La Vanguardia.
La experta sostiene que el organismo posee mecanismos naturales para eliminar sustancias, por lo que en este sentido, la práctica del ayuno intermitente no resulta obligatoria para depurar el cuerpo. De hecho, Martínez afirma: “Unas 10 o 12 horas de ayuno son suficientes para dar un descanso a nuestro sistema digestivo”. Este periodo de pausa natural ocurre cuando las personas mantienen horarios regulares, tales como cenar temprano y desayunar a las ocho de la mañana. Esta ventana temporal favorece la recuperación del sistema digestivo sin necesidad de aplicar protocolos rígidos o ayunos prolongados que, en ocasiones, los pacientes emplean como una forma de castigo tras excesos estivales.
Para retomar el equilibrio, el enfoque debe centrarse en la organización: la planificación de la compra semanal es un paso clave para facilitar la toma de buenas decisiones. La nutricionista recomienda priorizar el consumo de frutas, verduras de estación, legumbres y proteínas de alta calidad como el pescado, los huevos o el tofu. El uso de cereales integrales y grasas saludables, principalmente el aceite de oliva, completa esta estructura alimentaria. La profesional subraya que el éxito reside en la progresividad.
No es necesario realizar cambios drásticos desde la primera jornada, ya que la constancia y la flexibilidad superan en eficacia a los intentos de perfección absoluta que suelen abandonar los pacientes a los pocos días. La falta de tiempo constituye otra barrera frecuente en el regreso al trabajo. Para resolver esta dificultad, la experta propone alternativas prácticas como la compra de verduras congeladas, las cuales conservan gran parte de sus propiedades nutricionales, minerales y vitaminas. Asimismo, sugiere el uso de conservas de pescado y legumbres cocidas en frascos para optimizar el armado de platos nutritivos.
Estas opciones permiten una alimentación saludable pese a las jornadas laborales extensas. Ante el picoteo frecuente en las oficinas, Martínez recomienda tener a mano frutas frescas, frutos secos sin sal, humus o yogur con cereales. Estas elecciones reemplazan a los productos ultraprocesados y estabilizan la energía necesaria para la jornada. La actividad física también requiere un abordaje similar, ya que la nutricionista sugiere evitar el salto brusco desde el sedentarismo absoluto hacia un entrenamiento diario intenso.
Lo ideal es aumentar el movimiento cotidiano, por ejemplo, caminar, utilizar escaleras o elegir el transporte público, para luego sumar sesiones de ejercicios de fuerza o actividades cardiovasculares de forma progresiva. El descanso, la alimentación equilibrada y el ejercicio físico conforman pilares interconectados que deben trabajarse de manera conjunta para obtener resultados duraderos en el tiempo. La clave reside en evitar los extremos y apostar por hábitos sostenibles a largo plazo, ya que las soluciones milagrosas carecen de sustento científico para reparar los cambios de rutina realizados durante el período vacacional.