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Susanna Tamaro: “La vida es una aventura extraordinaria”

“Antiguamente existían las cartas; se escribían a los novios, se las escribían los padres a sus hijos, los hijos que estaban lejos de sus padres, las escribían millones de soldados desesperad...

“Antiguamente existían las cartas; se escribían a los novios, se las escribían los padres a sus hijos, los hijos que estaban lejos de sus padres, las escribían millones de soldados desesperados forzados a luchar en guerras inútiles, y esas breves cartas a menudo llenas de faltas quedaban como los únicos testimonios de sus breves vidas”, reflexiona Chiara, la narradora de El viento sopla donde quiere (Seix Barral, $34.900), novela epistolar de la escritora italiana Susanna Tamaro (Trieste, 1957), con traducción de la española Julia Osuna Aguilar.

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Articulada en tres largas cartas escritas en soledad a sus dos hijas y a su esposo durante una nevada noche invernal, a la espera de un diagnóstico, la novela despliega con emoción las vidas de Alisha, la luminosa hija adoptiva llegada de la India, de veinte años; Ginevra, su hija biológica, orgullosa y de mirada chispeante; Davide, su pareja, un pediatra que se ha recuperado de una falsa denuncia de abuso sexual que casi arruina su carrera profesional. También la de la propia Chiara, hija única de un matrimonio burgués de trato distante y profesora de biología que ha elegido como esposo a un hombre del sur de Italia.

“Si alguien lo quiso, si alguien nos quiso, si nosotros hemos querido a alguien: es la gran pregunta que debería iluminar toda búsqueda de sentido, pero esa pregunta nace siempre de una herida”, le escribe Chiara a Ginevra, mientras recorre la vida en común de su familia.

Descendiente del escritor italiano Italo Svevo, la autora había ensayado con éxito el género de la novela epistolar con Donde el corazón te lleve, de 1994, llevada al cine por Crisitna Comencini. Ganadora del Premio Elsa Morante con su primera novela, La cabeza en las nubes, y del Premio PEN Internacional con su primer libro de relatos, Para una voz sola, Tamaro es, además de una novelista excepcional, autora de libros para chicos, guionista, directora de cine y activista en contra de la carrera armamentística. “El papa León XVI es la única voz contra la locura del rearme”, ha dicho.

Retirada de la vida social, reside en el campo, cerca de Orvieto, rodeada de sus queridos animales. Además, se dedica a proyectos humanitarios que ayudan a las personas más vulnerables a través de la Fundación Tamaro, creada en el año 2000 y que financia con los derechos de autor de sus libros. Desde su granja, respondió por correo electrónico las preguntas de LA NACION.

-¿Cómo nació el personaje de Chiara y en qué se parecen usted y ella?

-Chiara pertenece a mi generación, la que participó en un gran cambio social, sobre todo en las relaciones entre hombres y mujeres. Para mí fue un gran desafío explorar un mundo tan complicado, tan lleno de riqueza y también de fragilidad. Un mundo, el de la familia, sobre el que se ha sustentado gran parte de la literatura.

-¿Por qué la familia es tan importante en su obra?

-Todos venimos de una familia. Nadie nos pregunta si queremos venir al mundo, pero de pronto estamos aquí. Y estamos aquí gracias a nuestros padres, unos padres que nunca son perfectos; eso es un mito moderno. A menudo, de hecho, son frágiles y están confundidos en su papel. Pero, aun así, estamos constituidos por partes de ellos, y esas partes se nutren tanto de la genética como de esa realidad tan compleja y misteriosa que se llama memoria de las generaciones.

-¿Siguen existiendo diferencias entre las comunidades del sur y las del norte en su país?

-Sí, creo que esa diferencia existe. Y ese fue uno de los grandes retos: contar un matrimonio entre dos personas procedentes de realidades sociales, culturales y humanas muy distintas. Sin duda, en el centro y sur de Italia la familia sigue siendo una estructura bastante estable, formada por numerosas relaciones de apoyo mutuo: tíos, primos, abuelos, bisabuelos. En cambio, en el próspero norte, la familia, cuando logra mantenerse, es casi siempre nuclear, sometida al estrés de los ritmos productivos, especialmente en las grandes ciudades, y a la falta de una red familiar de apoyo. De ahí surgen la gran soledad y el sentimiento de aislamiento social.

-¿Cómo vive la actual situación mundial y los conflictos en curso, en Europa y en su país? ¿A qué atribuye el auge de la extrema derecha?

-Como hija del siglo XX, es decir, como alguien que creció con la memoria familiar de dos guerras mundiales y de dos grandes dictaduras que sembraron muerte y destrucción, hasta comienzos de los años 2000 estaba bastante convencida de que no volveríamos a vivir horrores semejantes. Sin embargo, ya de niña pensaba que, así como mis abuelos habían vivido la Primera Guerra Mundial y mis padres la Segunda, mi generación tendría la suya propia. Y ahora tenemos lo que el papa Francisco definió acertadamente como una Tercera Guerra Mundial en entregas. Una guerra en la que la tecnología desempeña un papel dominante. Más que el auge de la extrema derecha, me preocupa el ascenso descontrolado del poder tecnológico, del algoritmo que modifica el cerebro de los adultos y de los niños y los transforma en servidores obedientes e inconscientes. Me preocupa más la financiarización que ha devorado la economía real y, al mismo tiempo, todo lo que había de humano en ella. El mundo hacia el que nos dirigimos será sin duda un mundo totalitario, pero de un totalitarismo muy diferente de los que solemos imaginar a partir de la memoria del siglo XX.

-¿Cómo trabaja el lenguaje de sus novelas para que resulten aparentemente sencillas al abordar temas universales?

-Trabajar el lenguaje es una de las tareas más difíciles. Es mucho más efectista escribir frases rebuscadas y complicadas que pretenden simular profundidad de pensamiento y de emoción. Sin embargo, el camino más arduo es el de la sencillez. Para alcanzarla hay que aprender a restar, a eliminar todo lo que es inútil, retórico o redundante. Todos los grandes clásicos que seguimos leyendo están marcados por una lengua sencilla capaz de interpretar de manera universal la condición humana.

-¿Por qué le interesan tanto las relaciones entre adultos y jóvenes?

-Pienso que la relación entre las generaciones, es decir, entre la memoria, el tiempo y nuestra responsabilidad ética, constituye el núcleo de la vida de cualquier ser humano que aspire a ser plenamente humano. La vida es una aventura extraordinaria. Mis sobrinos, por ejemplo, son muy distintos de mí porque han crecido en tiempos diferentes, pero una parte de mí vive en ellos. Relacionarnos y confrontarnos a partir de esas diferencias es una riqueza tanto para mí como para ellos.

-¿Cómo nació su vocación literaria?

-Surgió de repente, de forma inesperada, hacia los veintidós años, cuando en realidad pensaba dedicarme al cine. Estudiando guion aprendí a conocer bien los clásicos y sus mecanismos, y eso me impulsó a aceptar el desafío. En aquella época, para escribir un libro bastaba con un cuaderno; en cambio, para hacer una película había que tejer una enorme cantidad de relaciones sociales que yo nunca habría sido capaz de afrontar, especialmente en un mundo que penalizaba fuertemente a las mujeres.

-¿Qué papel social ocupan hoy los escritores en su país? ¿Se escuchan sus voces?

-Solo se escuchan las voces más politizadas y con acceso frecuente a los medios de comunicación. Para todos los demás no existe prácticamente ningún tipo de atención ni consideración. Italia sigue siendo un país fuertemente ideológico y machista.

-¿Qué opina de la creciente tendencia a adaptar obras literarias a series de televisión y películas?

-Puede ser algo positivo, siempre que anime a leer el libro original. Pienso, por ejemplo, en el éxito que tuvo Cumbres borrascosas entre las adolescentes, que inmediatamente después corrieron a comprar la novela.

-¿En qué está trabajando actualmente? ¿Tiene previsto visitar pronto la Argentina?

-No estoy trabajando en nada porque he tenido problemas de salud. Hace dos años sufrí un accidente importante y todavía no me he recuperado. Espero que en los próximos años consiga escribir al menos un libro más que me apasione y me sorprenda. Estuve en la Argentina hace muchos años con unas amigas y fue maravilloso visitar la gran librería-teatro de Buenos Aires y descubrir todos mis libros expuestos. Siento una gran afinidad con los argentinos y espero poder volver algún día. Les revelo una noticia que nadie conoce: la primera entrevista que concedí en toda mi vida, incluso antes de publicar mi primer libro en Italia, fue precisamente en los años ochenta para un periódico argentino, El Litoral, gracias a mi amistad con Enrique Butti, un escritor argentino que estudió conmigo en la escuela de cine de Roma. ¡Una auténtica primicia!

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/susanna-tamaro-la-vida-es-una-aventura-extraordinaria-nid29072026/

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