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“Tenemos 140 chicos en lista de espera”

Desde muy niña, Angelina sentía miedo por la lluvia. “Si llovía, no la llevaba a la escuela. Pero ahora eso ya no le importa”, dice Ximena, su mamá. Angelina Troncoso tiene síndrome de Dow...

Desde muy niña, Angelina sentía miedo por la lluvia. “Si llovía, no la llevaba a la escuela. Pero ahora eso ya no le importa”, dice Ximena, su mamá. Angelina Troncoso tiene síndrome de Down y desde los 4 años –con acompañamientos– cursó la primaria y después inició la secundaria en el Instituto María Madre Nuestra, una escuela común en Manuel Alberti, partido de Pilar.

“Todo me cuesta mucho, me canso, me duermo”, empezó a decir Angelina cuando llegó a segundo año del secundario. Tenía buenas amigas, pero sentía que sus intereses habían cambiado y los contenidos se le hacían muy difíciles. Los directivos de la escuela le sugirieron a su mamá que buscara una escuela especial porque ya no podían brindarle lo que su hija necesitaba.

Pero esa solución no conformaba al propio colegio. Por eso el María Madre Nuestra sacó del cajón un viejo proyecto de crear una escuela especial, postergado por falta de recursos. “Cuando empezamos a analizar la posibilidad de abrir una escuela especial, el resultado del estudio de factibilidad fue que económicamente era absolutamente imposible”, dice Franco Ricoveri, director de la institución, que retomó la iniciativa en 2024 y finalmente pudo concretar el plan.

La escuela especial, llamada Santo Tomás, abrió sus puertas el 1 de marzo de 2025, en un predio contiguo al Instituto María Madre Nuestra. Ese año, empezó con 28 inscriptos. Pero rápidamente se fueron sumando más inscriptos. Hoy tiene 43 alumnos y agotó su capacidad. De hecho, actualmente tiene 146 estudiantes en lista de espera. Por eso, existe un proyecto para sumar aulas y ampliar la matrícula.

“Las opciones de escuelas especiales en el distrito son escasas y la demanda aumenta cada año”, dice Marcela Pérez, directora general del Santo Tomás, profesora de educación especial y exinspectora de la modalidad en el partido de Pilar. En ese sentido, actualmente hay solo cuatro escuelas públicas especiales y dos privadas en un corredor de casi 30 kilómetros entre los partidos de Pilar y Malvinas Argentinas. “La lista de espera en las escuelas especiales del distrito es histórica”, añade.

El contexto provincial confirma la urgencia de esta demanda. Según el Relevamiento Anual 2025 de la Secretaría de Educación de la Nación, la matrícula en educación especial en todo el país alcanzó los 112.914 alumnos en los niveles inicial, primario y secundario, un 5% más que en 2024 y un 12% más que en 2020. A su vez, los diagnósticos que más aparecen son el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD). “El 85% de los alumnos actuales tiene una de esas dos condiciones”, señala Marcela Pérez y agrega: “Están llegando cada vez más temprano, desde la primera infancia”.

El predio de la escuela tiene dos hectáreas y fue cedido por el padre Tomás Llorente, fundador del Instituto María Madre Nuestra e impulsor de esta nueva escuela. A sus 82 años reunió apoyo del sector privado y público para hacer realidad este proyecto. El césped bien cortado y cuatro edificios que lucen recién pintados encuadran una huerta y una pileta que aún no está en uso. Junto a ella, un gran salón de usos múltiples que sirve como gimnasio y salón de actos es el espacio para todas las reuniones. Todo se ve luminoso y colorido.

Las familias que llegan al Santo Tomás, casi sin excepción, vienen de recorrer un camino largo y agotador. Durante dos años, Gladys buscó una vacante para su hija Mora, de 11 años con TEA. "Dejé su carpeta en más de 30 escuelas comunes y especiales”, dice, y agrega que nadie la llamó. Su hija asistía a escuelas comunes con apoyos de inclusión, pero no hablaba. Cuando vio que en el barrio se estaba por abrir una escuela especial, tocó el timbre y entró con las pocas ilusiones que le quedaban.

Era cerca de Navidad y sabía que habría muy pocas chances, porque las inscripciones habían cerrado. Pero la recibieron y la escucharon igual. “El 23 de diciembre de 2024 me avisaron que Morita podría ingresar a la escuela”, rememora con la voz quebrada y a un año y medio de eso su hija empezó a hablar y hasta cantar.

“Ya cuando decís que un niño tiene CUD (Certificado Único de Discapacidad), es complicado”, dice Camila, mamá de Francisco, de 8 años, también con TEA. Viene de un colegio privado común, con acompañamiento. Francisco tampoco hablaba y Camila recorrió muchas escuelas entre Pilar, Escobar y Tigre para encontrarle una escuela especial que le permitiera aprender y mejorar su condición. “No me importaba ir a la otra punta de la ciudad, si era necesario”, agrega Camila. A un año y medio de su ingreso, Francisco entra a la escuela en forma autónoma, se comunica con sus docentes y tiene varios amigos.

La escuela Santo Tomás funciona sin subsidio estatal y su financiamiento depende solamente de donaciones, padrinazgos y cuotas variables de acuerdo a lo que cada familia puede pagar, en una población escolar de ingresos muy bajos.

“Un tercio de los alumnos están becados”, dice Vanesa González, la representante legal, y agrega: “El costo por alumno es de $500.000 mensuales y las cuotas de quienes no están becados varían entre $80.000 y $300.000, de acuerdo a lo que cada familia pueda pagar”. La Fundación Ayudar a Soñar, creada por el Padre Tomás Llorente hace 15 años, además de ser un pilar fundamental para la construcción de la escuela, beca a varios de sus alumnos y tiene la responsabilidad de la administración de sus fondos.

Pero también hay casos como el de Santiago, con una discapacidad motora que, a sus 16 años, no le impidió hacer su trayecto escolar en una escuela privada común de familias de altos ingresos. Un día, en tercer año de secundario, Santiago les dijo a sus padres que no quería ir más al colegio y ellos quedaron impactados. Santiago se sentía solo, aislado.

“Siempre tuvimos miedo del colegio especial. Pensábamos que lo estábamos limitando si lo anotábamos en una escuela así”, explica Marcela, su mamá. Y aclara: “La palabra ‘especial’ tenía un peso que a todos nos costaba, pero nos equivocamos”. Santiago ingresó al Santo Tomás el año pasado y hoy se siente mucho mejor, llega de buen humor a la escuela y lo único que les preguntó a sus padres, cuando lo inscribieron, fue: “¿Y voy a poder hablar con los otros chicos?”.

La inclusión en escuelas comunes se consolidó como paradigma, primero en la legislación y luego, con más dificultades, en la práctica. Según datos de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), entre 2014 y 2024 casi se duplicó la cantidad de alumnos con discapacidad en escuelas comunes, de 65.790 a 127.456. Pero la demanda de escuelas especiales de las familias también mostró un leve crecimiento.

¿Cómo trabaja el Santo Tomás? La relación docente-alumno es diferente a una de nivel común, donde los grupos son de 25 a 30 niños. “En el caso de la educación especial, el número máximo de alumnos por docente es de 12, y si hay un número importante de alumnos en el espectro autista, es de 7, además de un preceptor por turno”, explica Marcela Pérez y agrega que ello permite que el vínculo con los estudiantes sea muy personalizado. El avance en lectoescritura y matemáticas, por ejemplo, se hace de acuerdo a los tiempos de los alumnos y esa es otra de las claves para que se sientan cómodos y contenidos.

Cocinar con productos de la huerta que ellos mismos cuidan o hacer actividades plásticas en un espacio que respeta su creatividad los estimula a confiar en sí mismos, a ser valorados, a no ser mirados como diferentes. “Notamos cómo les cambia la cara cuando entran: vienen de mal humor a la mañana y se alegran y sonríen al pasar la puerta. No dudan en buscarme si necesitan un abrazo porque están tristes o algo les preocupa”, dice la preceptora y docente de educación especial Yiuliana Yurgeli.

Más información

Para comunicarse con el colegio Santo Tomás existen varias alternativas:

Por teléfono al 02320-406048 o al celular 15-2894-9129Por mail a fundacionayudarasoniar@gmail.com o escuelasantotomasespecial@gmail.comPor Instagram a @fundacionayudarasoniarPor donaciones se puede colaborar al CBU 0070361920000000605377 de la Fundación Ayudar a Soñar

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/tenemos-140-chicos-en-lista-de-espera-nid14072026/

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