Traicionado por su propio ego: tras el boicot de la TV, Trump recurre a un clásico del manual de Hugo Chávez
Todavía no se escucharon gritos de “¡Exprópiese!”, al estilo Hugo Chávez. Pero ya llegaron las primeras comparaciones: en el laberinto en el que se metió por su interminable guerra contra ...
Todavía no se escucharon gritos de “¡Exprópiese!”, al estilo Hugo Chávez. Pero ya llegaron las primeras comparaciones: en el laberinto en el que se metió por su interminable guerra contra los medios, Trump anunció el lunes que tendrá su propio canal de streaming las 24 horas, al mejor estilo Aló, Presidente, de Hugo Chávez.
Ese mismo día, a las 19 en punto, nació Trump TV: The Essentials Station, una suerte de canal MAGA sin filtros de “los momentos más importantes” de la administración, que la Casa Blanca vende como una alternativa al “ruido” de la prensa tradicional. Su primera transmisión fue un discurso viejo, en el Monte Rushmore, del 3 de julio.
Es, en los hechos, un canal estatal financiado para alimentar el ego de un solo hombre, sin periodistas ni preguntas: un instrumento de propaganda que parece más propio de países como Rusia o Corea del Norte. Sin filtro.
Para un presidente que nació, vive y se alimenta de las cámaras, la decisión de las principales cadenas de TV de responder a su veto contra CNN, MS NOW y Politico con un virtual apagón fue el equivalente a dejarlo sin soporte vital. Le apagaron las cámaras, le sacaron el aire.
“La mala prensa a veces es mejor que nada de prensa”, había admitido él mismo hace 40 años, en El arte de la negociación. Y esta semana lo está viviendo en carne propia.
El martes, no hubo imágenes de Trump llegando a la Asamblea General de la ONU, producto del boicot de los canales del pool. El discurso lo transmitió el propio streaming de Naciones Unidas y muchas de las cadenas lo tomaron de ahí. CNN ni siquiera lo difundió en vivo. El lines, la escena había sido aún más humillante: en la ceremonia de corte de cinta de su nuevo helipuerto, un capricho de 13 millones de dólares, tuvo que gritar por sobre el sonido del helicóptero y la estática porque no había micrófonos. Solo los que estaban al lado suyo lo escucharon. Tal como escribió David A. Graham ayer en The Atlantic: “La censura puede silenciar a cualquiera, incluso, a veces, al censor”.
Desde 1950, los presidentes de Estados Unidos rara veces se han movido sin la compañía del pequeño grupo rotativo de periodistas con acceso a los espacios más reducidos, como el Salón Oval o el Air Force One, que después comparten esa cobertura con el resto de la prensa acreditada. Son las mismas cámaras que captaron momentos tan icónicos como la acalorada discusión de Trump y Volodimir Zelensky en el Salón Oval o el atentado de Butler, Pensilvania.
En un video que difundió esa misma tarde, el respetado periodista Peter Baker, de The New York Times, afirmó que en sus 30 años cubriendo la Casa Blanca nunca había vivido un día como el del lunes. Por primera vez, contó, el presidente salió de su oficina sin una sola cámara acompañándolo. “Esto no tiene precedentes”, afirmó.
En efecto, fue apenas una embestida más de Trump contra los medios, pero esta vez fue distinto. La solidaridad cruzó todas las líneas políticas en el ecosistema de medios, incluso entre rivales. Brian Stelter, especialista en medios de CNN, dijo: “Esto es diferente. Todo el resto de los medios saben, temen, que ellos pueden ser los siguientes. Están tratando de trazar una línea”.
Algunos fueron más allá, como The Washington Post, el Times, AP, Reuters, AFP y Getty, y anunciaron que retendrían las fotos de los eventos presidenciales del lunes hasta la medianoche. Hasta C-SPAN (el canal público que transmite las sesiones del Congreso) difundió un comunicado pidiendo que se levante el veto.
Para muchos analistas, la sorpresiva pero no por eso inesperada decisión de Trump de expulsar de la Casa Blanca a tres cadenas “porque quiero” desencadenó la mayor crisis de la historia en la relación entre la Casa Blanca y la prensa. Nada menos que la semana en la que Trump busca mostrarse en la vidriera más grande del mundo: la ONU, además de un esperado encuentro con Xi Jinping. ¿Habrá cámaras? ¿O sólo los medios chinos? Todo un interrogante.
“Esta es una crisis real para el presidente”, dijo a The New York Times Ramin Setoodeh, autor de un libro sobre la relación de Trump y la televisión. Alyssa Farah Griffin, que antes de romper con Trump fue su directora de comunicaciones, añadió: “El presidente no le ve valor a hacer las cosas si no hay cámaras”.
¿Tendremos un nuevo TACO? El acrónimo “Trump Always Chickens Out”, (algo así como Trump siempre se va al mazo) ya se ha vuelto célebre en Washington. Seguramente el presidente y sus asesores estén buscando desesperadamente una salida a esta nueva crisis autoinfligida.
Posiblemente pueda encontrar una manera de salvar la cara si, tal como se espera, la Justicia falla en su contra. CNN, MS NOW y Politico presentaron una demanda conjunta por violación de la Primera Enmienda, que se suma a la que la AP mantiene abierta desde febrero por su negativa a usar el nombre “Golfo de América”, y a las citaciones y presiones sobre The Washington Post, The New York Times y el Wall Street Journal. El caso volvió a caer, por sorteo, en Timothy Kelly, el mismo juez, nombrado por Trump, que en 2018 le ordenó a la Casa Blanca devolverle la acreditación a Jim Acosta, de CNN. La audiencia es este miércoles.
Nadie tiene claro cuál fue la chispa que encendió la nueva explosión de Trump contra estos tres medios en particular. The Wall Street Journal afirmó que estalló cuando su controvertida asistente Natalie Harp le mostró una recopilación de críticas de MS NOW. También hay quienes afirman que se enfureció con CNN porque difundió unas encuestas que no lo favorecían. Pero no hay dudas de cuál es el trasfondo, a poco más de un mes de las elecciones de medio término en las que el horizonte asoma oscuro para la Casa Blanca: probablemente sea una nueva cortina de humo. El presidente se enoja con los que cuentan las noticias, y no con la realidad. Ahora, Trump TV le puede contar la realidad que él quiere escuchar.
“Primero, Trump expulsó a los medios independientes de la Casa Blanca. Ahora lanza lo que es, literalmente, televisión estatal para intentar tapar el hecho de que él y su administración corrupta le están fallando al pueblo. Es un comportamiento verdaderamente autocrático”, afirmó el gobernador demócrata de California, Gavin Newsom.
Pero posiblemente no tenga por qué preocuparse: el lunes, poco después de su debut, Trump TV llegó a un pico máximo de 8000 espectadores, antes de caer a la mitad. Ayer por la tarde, cuando difundía la actividad del presidente en la ONU, había menos de 2000 personas conectadas. Nada que se asemeje a un éxito.
Una vez más, el ego de Trump se volvió un búmeran. El popular presentador Jimmy Kimmel lo resumió en su programa mejor que cualquier analista: “¿Se dan cuenta de lo mal que tienen que estar las cosas para que Fox News salga a defender a CNN?”