Generales

Viaje a la cabeza de los campeones del mundo: cómo prepara mentalmente Argentina la defensa de la conquista en Qatar

KANSAS CITY (Enviado especial).- Un Mundial se prepara con entrenamientos, táctica, descanso, alimentación y una planificación física minuciosa. Pero también con la cabeza. Argentina afrontar?...

KANSAS CITY (Enviado especial).- Un Mundial se prepara con entrenamientos, táctica, descanso, alimentación y una planificación física minuciosa. Pero también con la cabeza. Argentina afrontará la defensa del título con una base que pocos campeones pudieron conservar: 17 de los 26 que este martes, frente a Argelia, saldrán a la cancha en Kansas City, ya levantaron la Copa del Mundo en Qatar 2022. Y eso abre un interrogante tan inevitable como difícil de responder: ¿qué pasa por la cabeza de un equipo que ya consiguió el objetivo máximo? ¿Llegar como campeón da más confianza, agrega presión o puede generar cierta relajación?

La respuesta no es lineal. Haber llegado a la cima puede brindar mayor seguridad, y eso se ve reflejado tanto en el día a día como en la toma de decisiones durante los partidos. Pero también agrega un desafío extra: mantenerse arriba. Y en un Mundial, donde un detalle puede definir un partido, la cabeza pesa tanto como las piernas.

En el Compass Minerals National Performance Center, donde este domingo la selección realizó su penúltimo entrenamiento antes del estreno mundialista, no se ve un grupo condicionado por el peso de revalidar el título. Pero tampoco uno que se conforme con lo que ya consiguió. Las lesiones y las recuperaciones de algunos futbolistas también fueron marcando el pulso de estos días: los más experimentados se ocuparon de sostener el equilibrio y el cuerpo técnico, de transmitir una regla inalterable: quien no esté en condiciones, no jugará. Hay espacio para las bromas y cierta distensión, pero a medida que se acerca el debut la concentración va ganando terreno.

La AFA cuenta con un psicólogo para todas sus categorías y disciplinas: Juan Manuel Brindisi, hijo del exfutbolista de Huracán, Boca y Racing que disputó con la selección el Mundial de 1974. Sin embargo, no integra el cuerpo técnico estable de la mayor ni acompaña al plantel durante la Copa del Mundo. La vida cotidiana del plantel, entonces, se sostiene principalmente sobre dos pilares: el liderazgo de Lionel Scaloni y sus colaboradores, y la dinámica interna de un grupo que lleva años compartiendo vestuario, éxitos y también momentos difíciles.

“La mente tiene algo muy interesante: cuando uno trae un recuerdo, para el cerebro esa experiencia se revive casi como si fuera presente. Estos jugadores tienen registrado lo que sintieron cuando fueron campeones y pueden volver a conectarse con esa sensación”, explica Verónica Franciscutti, psicoterapeuta argentina radicada en Kansas City desde hace poco menos de dos años, con una larga trayectoria en el trabajo con deportistas y exfutbolistas, entre ellos varios argentinos que pasaron por la selección. Para ella, ese antecedente funciona como un punto a favor: “El mismo cerebro que procesó aquella final interminable contra Francia, aquella tanda de penales, aquel grito. Esa experiencia vive en su sistema nervioso. La pregunta es cómo está operando hoy ese circuito”.

La idea encuentra respaldo en un concepto que suele repetirse entre quienes acompañan a deportistas de elite: la memoria afectiva del logro. Esta selección construyó ese capital después de la consagración en Qatar y lo fue reforzando con nuevos objetivos, como la Copa América 2024, los triunfos frente a Brasil y el primer puesto en las eliminatorias. Esa huella los atravesó y, lejos de generar conformismo, alimentó la confianza del grupo y hoy les permite afrontar el torneo con menos incertidumbre que un plantel que todavía está construyendo su identidad, aunque en el fútbol, claro, entran en juego muchos otros factores, un terreno en el que Argentina también construyó una de sus principales virtudes.

Para el psicólogo deportivo Carlos Lionti, autor del libro El Factor Social y especialista en el trabajo con equipos de alto rendimiento, la continuidad del grupo representa una ventaja difícil de medir, pero muy importante. “La experiencia suele ser una fuente de confianza. Haber atravesado determinadas situaciones reduce el impacto de la incertidumbre, porque esos jugadores ya tienen ese registro y saben cómo responder”, explica. Y agrega que, en una época en la que la preparación física, técnica y táctica está cada vez más pareja, “la constitución del grupo, sus liderazgos, sus códigos y sus regulaciones internas tienen un enorme porcentaje de impacto en el resultado deportivo”.

Sin embargo, ese pasado también puede convertirse en un arma de doble filo. “Ser campeón tiene las dos caras de la moneda. O puede activar todos tus mecanismos para defender lo que es tuyo, o puede aparecer, aunque sea de manera inconsciente, la sensación de ‘ya cumplimos’. Y una milésima de segundo de relajación, en un Mundial, puede hacer la diferencia”, advierte Franciscutti. Pero, desde la mirada de los especialistas, ese miedo a no estar a la altura no es necesariamente un enemigo: es la señal de que hay algo importante en juego. El desafío no pasa por evitar esa sensación, sino por saber convivir con ella. Y esa parece ser una de las fortalezas que fue construyendo esta selección.

Esa es, quizás, la principal batalla invisible que enfrenta la selección. Lionel Scaloni la resumió hace algunas semanas en una publicidad con una frase que hoy aparece ploteada, con los colores argentinos, en distintos sectores del hotel Origin, donde se concentra el plantel: “No la vamos a ir a ganar. La vamos a ir a defender”. Una especie de mantra para el reto que tiene por delante este grupo. No es casual: el entrenador insiste desde hace tiempo en no subestimar ninguna situación ni ningún rival, una premisa que se reforzó después del inesperado debut con derrota frente a Arabia Saudita en Qatar.

Para Franciscutti, esa diferencia no es sólo una cuestión de palabras. “Si el mensaje es ‘vamos a defender lo que es nuestro’, la mente activa mecanismos de protección y de motivación muy fuertes. Es una manera de decir: ‘esto nos costó muchísimo conseguirlo y no lo vamos a entregar’”, plantea.

Lo que se percibe en el día a día de la selección parece ir en esa dirección. Hay una dinámica grupal consolidada que funciona casi de manera automática. En las prácticas abiertas al periodismo no se ve un plantel paralizado por la presión; más bien, un grupo de futbolistas que ya conoce los tiempos de una Copa del Mundo y que parece saber perfectamente cuándo es momento para cada cosa.

Las lesiones que fueron apareciendo durante la preparación, de hecho, pusieron a prueba esa dinámica. La baja de Leonardo Balerdi, las molestias de Emiliano Martínez y las recuperaciones de Nahuel Molina, Gonzalo Montiel y Leandro Paredes obligaron al plantel a atravesar días incómodos en la previa del debut. Y otra vez fueron los más experimentados los que sostuvieron el equilibrio. Los campeones de Qatar, los que ya atravesaron juntos situaciones límite, volvieron a cumplir ese rol silencioso de contención.

Algo parecido había ocurrido en marzo. En la fecha FIFA en la que la selección debía enfrentar a España por la Finalissima, Argentina venció con lo justo a Mauritania y, por primera vez en mucho tiempo, dejó la sensación de un equipo desconectado del contexto y de la exigencia que implicaba representar al campeón del mundo. Quienes conocen la intimidad del plantel cuentan que aquel partido encendió una señal de alarma puertas adentro. Intervinieron Scaloni, el cuerpo técnico y los referentes. Y la respuesta fue inmediata: apenas tres días después, el equipo mostró otra cara y derrotó con autoridad a Zambia.

Lionti considera que, en un plantel cuyo trabajo cotidiano no pasa por la presencia permanente de un psicólogo dentro del staff, el liderazgo del entrenador y de los referentes adquiere un peso todavía mayor. “El rendimiento de un equipo es el reflejo directo de quién lo lidera. Cuando el conductor transmite claridad, es coherente y predica con el ejemplo, la cultura competitiva del grupo tiende a ser positiva”, explica. Un estudio de la consultora estadounidense Gallup, basado en más de dos millones de respuestas, revela que el 70% del compromiso de un equipo depende de su líder.

A horas del debut frente a Argelia, el principal capital de esta selección quizá no sea únicamente el talento individual de sus figuras: la personalidad de Dibu Martínez, la seguridad de Cuti Romero, el fútbol de Lionel Messi o los goles de Julián Alvarez y Lautaro Martínez. Lo que distingue a este grupo es algo menos visible: la vivencia compartida de haber llegado juntos al punto más alto y comprobar que ese camino ya les dio resultado. Tal vez porque la mejor manera de defender una Copa sea recordar, todos los días, lo difícil que fue conseguirla.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/viaje-a-la-cabeza-de-los-campeones-del-mundo-como-prepara-mentalmente-argentina-la-defensa-de-la-nid15062026/

Volver arriba