Alpha: una distopía que se pierde en representaciones y alusiones, pero no alcanza profundidad dramática
Alpha (Francia/2025). Guion y dirección: Julia Ducornau. Fotografía: Ruben Impens. Edición: Jean-Christophe Bouzy. Elenco: Mélissa Boros, Tahar Rahim, Golshifteh Farahani, Emma Mackey, Finnegan...
Alpha (Francia/2025). Guion y dirección: Julia Ducornau. Fotografía: Ruben Impens. Edición: Jean-Christophe Bouzy. Elenco: Mélissa Boros, Tahar Rahim, Golshifteh Farahani, Emma Mackey, Finnegan Oldfield, Louai El Amrousy. Calificación: No disponible. Distribuidora: Maco Cine. Duración: 128 minutos. Nuestra opinión: regular.
La directora francesa Julia Ducornau parecía haber encontrado un audaz equilibrio entre ideas y representaciones. En su ópera prima, Grave (2016), el deseo adolescente asumía la forma del canibalismo y la expresión visual de un terror visceral y contagioso, como el reguero de una pólvora demasiado inflamable. En Titane (2021) fue una paternidad viscosa y destructiva la que implicaba al cuerpo mecánico de una joven tan máquina como monstruo, una narrativa deudora de David Cronenberg, de otros acólitos del body horror quizás, pero con una impronta artie que la hizo merecedora de la Palma de Oro en Cannes. ¿Qué seguiría a continuación? Alpha expresa esa disyuntiva entre la presión de la consagración temprana y el deber de dar una vuelta más, una astucia nueva, una representación que concilie a la vez la evaluación del pasado y la premonición del futuro. Quizás demasiado.
Alpha no llega a cumplir su promesa, pero también es posible que haya sido ubicada en el casillero equivocado. Desde su paso por la competencia del festival francés en mayo pasado, los rumores sobre la nueva odisea de Ducornau y el viraje hacia una alegoría distópica cerraron el camino para su tercera película. Una alegoría de los tiempos del sida, una reflexión distópica sobre los caminos presentes de la xenofobia. Pero Alpha es también una película sobre las raíces y su extravío, sobre el miedo a desaparecer que cobra cuerpo en la invisibilidad, en la negación cultural. Por ello el tiempo es casi abstracto entre pasado y presente, es fabulado entre la realidad y la memoria; y la muerte es menos la real que espiritual, exiliada entre culturas, entre lenguajes, entre la melodía de viejas canciones.
2 stars
Hay un recuerdo imborrable y desconocido en la memoria infantil de Alpha (Mélissa Boros). Un hombre enfermo, su brazo tachonado de pequeñas pústulas, una línea negra dibujada entre esos puntos rojizos, un insecto colorido liberado de su puño. “Un secreto”, le susurra él. Tiempo después, Alpha ha vivido una noche febril con sus amigos adolescentes y llega a casa de su madre con un tatuaje sangrante. Su madre (la iraní Golshifteh Farahani) se alarma, intenta hacerle pruebas médicas, teme que se haya contagiado un virus que anda circulando. Mientras la paranoia se propaga en el colegio -en parte como una excusa perfecta para la violencia de siempre-, Alpha recibe la visita de ese hombre olvidado, tan enfermo como entonces, ahora más delgado. Es Amin (Tahar Rahim en un despliegue corporal admirable), el hermano menor de su familia materna, un adicto en fase terminal, el último eslabón de esa cultura bereber cuyo idioma ha sido vedado. Ahora es él quien viene a recordárselo.
Ducornau elige el punto de vista de Alpha, cuya conciencia de 13 años está en el limbo entre el saber y la pesadilla, para contar la compleja relación entre su madre y su tío, para rastrear las raíces culturales de esa familia y los contradictorios efectos de la asimilación a la nueva patria francesa. Todo ello con una puesta de cuño fantástico, que combina cuerpos grisáceos y petrificados como zombis que anuncian enfermedad y confinamiento, con un pavor subrayado al diferente, al contagiado, al sanguinolento que implica la amenaza. Y entre esas ideas también está el deseo adolescente, el despertar sexual, el anhelo de una figura paterna, la amalgama del amor y el miedo, de la protección y el egoísmo.
Y son las representaciones las que fallan, aún en ese mar de ideas que hay debajo. El Viento Rojo, los cuerpos petrificados, los tiempos dobles y el virus infernal son alusiones a la xenofobia de hoy y al miedo al sida de ayer, que combinan horror y prejuicios en una ensalada algo maniquea que no se termina de resolver. Los personajes no tienen demasiada profundidad, e incluso Alpha nos conduce a ciegas entre la carga de representaciones que debe asimilar. Pese a las buenas actuaciones y al interés de Ducornau en la posibilidad de retorcer géneros como el terror o la ciencia ficción como clave de abordaje, su película adolece de verdadera carga dramática y se complace en el mero poder afirmativo de sus representaciones. Y en cine, con eso no alcanza.