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Construido por el arquitecto del Teatro Colón, fue sede de la Sociedad Rural y hoy reabre sus puertas al público

“La residencia del señor Antonio Peña puede contarse entre las más distinguidas de Buenos Aires, no por la ostentación de sus riquezas, sino por la armonía de su arquitectura, la elegancia d...

“La residencia del señor Antonio Peña puede contarse entre las más distinguidas de Buenos Aires, no por la ostentación de sus riquezas, sino por la armonía de su arquitectura, la elegancia de su decoración y el exquisito gusto con que ha sido concebida”. La reseña puede leerse en la edición del 1° de agosto de 1903 de la revista Caras y Caretas, que bajo el título “Buenos Aires Suntuoso” describe la inauguración de lo que desde hace más de un siglo se conoce con el nombre de Palacio Peña.

Ubicado en el número 460 de la entonces calle Florida, peatonal recién desde 1913, este edificio de estilo academicista francés, ejemplo de la arquitectura residencial de la Belle Époque porteña, fue erigido como residencia de una de las familias terratenientes más importantes de su época, para poco tiempo después convertirse (y ser durante casi un siglo) sede de la Sociedad Rural Argentina.

Tras 16 meses de tareas de restauración y puesta en valor, en la que participaron expertos de oficios prácticamente desaparecidos, el edificio construido por el mismo arquitecto que puso su firma en la conclusión del Teatro Colón (el belga Julio Dormal, quien también construyó el edificio aledaño a Palacio Peña, donde funcionó la célebre Confitería Richmond) reabre hoy sus puertas bajo el nombre de Casa República.

Desde mañana, Casa República comenzará a funcionar como restaurante, pero también como espacio de arte y para la realización de múltiples experiencias vinculadas con la historia de la ciudad de Buenos Aires y de la Argentina. El proyecto, cuentan sus hacedores, propone un diálogo entre la arquitectura, la cultura y la gastronomía.

“No se trata únicamente de abrir un restaurante dentro de un edificio histórico, sino de recuperar un patrimonio arquitectónico emblemático y ponerlo nuevamente en circulación a través de una experiencia viva, contemporánea y profundamente argentina. En ese recorrido, la cocina ocupa un lugar central”, comentó Nicolás de la Cruz, a cargo de la curaduría general de Casa República.

Un paseo por la Belle Époque

Basta con subir los escalones que se encuentran tras el portal que marca el ingreso sobre peatonal Florida para encontrarse inmerso en un edificio de valor patrimonial indiscutible (de hecho se encuentra protegido por la ley N°1227 de Patrimonio Histórico). La escalera de calle abre al gran hall, espacio de doble altura en cuya planta baja o “piano nobile”, se encuentan las que fueron pensada áreas sociales de la residencia, en donde Casa República desarrolla su área gastronómica.

Distribuidos entre el Salón Dorado, el Salón de las Pinturas, el Salón Comedor y el Salón Fume funciona su restaurante, conectado con su bar, que con carta propia abrirá en forma simultánea. En su decoración de estilo ecléctico se entrecruzan elementos de estilos Renacimiento, Luis XVI, Regencia y Luis XV.

En la planta superior, a la que se accede mediante la imponente escalera, se encuentran los aposentos familiares: hacía el frente de la propiedad, lo que fueron el salón de té, vestidor y dormitorio de Adela Blaye de Peña, esposa de Antonio y alma mater del proyecto original (que falleció a los 3 meses de su concreción); enfrentados, los dormitorios de Antonio Peña y su hijo Julio. En estas habitaciones (algunas todavía en proceso de restauración) funcionarán espacios de marcas afines al proyecto.

En otras áreas del edificio (como la sala de carruajes o el auditorio que fuera de la Sociedad Rural Argentina, que se encuentran en el subsuelo) funcionarán una sala de arte y otra de eventos.

Cocina con identidad

Casa República ofrece, además, una carta conformada por platos representativos de la cocina argentina. Allí está la empanada tucumana, el pastel de papa, el revuelto gramajo, la milanesa de bife de chorizo y los distintos cortes de parrilla en los que se echa mano a carnes provenientes de algunas de las cabañas Angus y Hereford más representativas del país. En el apartado de los postres, entre ítems como el “Flan de la República”, el panqueque de dulce de leche con caña de azúcar quemada o la pastafrola, asoma un postre clásico hoy difícil de hallar en las cartas de los restaurantes porteños: el Omelette Sorpresa, en la versión del Gato Dumas como un guiño de Martiniano Molina a quien fue su maestro.

En todos los platos de la carta se refleja una búsqueda detrás de los productores de las distintas regiones del país, que va desde la anchoas de Mar del Plata a los membrillos cuyanos, pasando por la mandioca del litoral e incluso el whisky argentino añejado en la Antártida.

“La cocina fue pensada como parte del mismo relato patrimonial –cuentan desde Casa República–. Cada plato, cada vino, cada bebida y cada producto fueron seleccionados para expresar una identidad argentina amplia, diversa y federal. La carta no busca reproducir una cocina genérica ni seguir modas ajenas al espíritu del proyecto. Por el contrario, propone una mirada situada: una gastronomía argentina contemporánea, construida a partir del respeto por el producto nacional, por los oficios y por las historias que existen detrás de cada ingrediente”.

Para el desarrollo de esta propuesta gastronómica, Casa República armó un equipo conducido por dos chefs (Sebastian Raggiante y Nicolás Raimundo) que han estado en grandes y premiadas cocinas de la Argentina y el mundo, mientras que la curaduría conceptual de gastronomía y producto está en manos de Martiniano Molina. Raggiante nació en Bolonia (Italia), pasó por el Bulli y en la Argentina creó Raggio Ostería, recomendado por la Guía Michelin. Raimundo, por su parte, se desempeñó en el Llao Llao, Aramburu y también como jefe de cocina de Casa Veltri, en Recoleta.

Inicialmente, la cocina de Casa República ofrecerá su servicio entre las ocho de la mañana y las ocho de la noche, y más adelante extenderá su horario de atención hasta la medianoche para incluir la cena.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/construido-por-el-arquitecto-del-teatro-colon-fue-sede-de-la-sociedad-rural-y-hoy-reabre-sus-puertas-nid09072026/

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