Eduardo Carrera, de Gran Hermano: de la fama “apabullante” a los motivos por los que hoy le pide perdón a su hija
Eduardo Carrera no es un novato en el mundo Gran hermano. Luego de tener una participación en la edición de 2003 de este reality, se animó a probar suerte una segunda. Sin embargo, un mano a man...
Eduardo Carrera no es un novato en el mundo Gran hermano. Luego de tener una participación en la edición de 2003 de este reality, se animó a probar suerte una segunda. Sin embargo, un mano a mano contra Cinzia Francischiello lo dejó fuera de juego. En diálogo con LA NACION, Carrera reveló cómo se lleva con la exposición y habló sobre su hija Mía, con quien espera poder reencontrarse y tener una charla sincera.
—¿Qué diferencias notaste entre la edición 2003 de GH y la actual?
—Lo particular es la cantidad de jugadores que había en la casa. En Gran hermano de 2003 éramos solamente 12 participantes, no había repechaje, no ingresaba ninguno y se iba un participante cada quince días, o sea, el tiempo era mucho mayor. Acá hay galas todos los días, es mucho más intenso, se va un jugador cada semana y a veces hasta se pueden ir dos. Van cambiando, van ingresando, algunos pueden abandonar y pueden ingresar participantes nuevos. Creo que ya van cuarenta y dos participantes en tres meses. Las diferencias son muchas, la intensidad también, pero el juego sigue siendo el mismo y me parece que es apasionante para la gente porque veo la repercusión que existe.
—¿Pensás que se perdió algo de inocencia entre los jugadores actuales, teniendo en cuenta que muchos ingresan siendo influencers?
—La verdad es que uno puede creer que eso influye mucho. En mi caso, me hice un Instagram antes de entrar, tenía ochenta y ocho personas, pero tampoco influía. Estaba en placas de nominación y no me iba. Adentro no influye que seas muy conocido, que seas un actor, un cantante o un deportista de primera línea porque como dice Santiago , en la casa somos todos iguales. Y la realidad es esa: todos quieren ganar, todos quieren jugar, y se los respeta a cada uno como persona y como jugador, y no por lo que hayan hecho afuera o por las visitas que tenga en su perfil.
“La vorágine es la regla”—¿En qué sentís que mejoraste como jugador y cuál fue tu punto débil?
—Tal vez ahora tengo otra edad y otro aplomo. Ahora puedo tener cierta intensidad, pero soy mucho más pensante. Yo fui uno de los más grandes de la casa, ya había estado en el juego y sabía que uno cuando se enoja, pierde. Y el que ríe último, ríe mejor. Ahora son seis meses, antes eran cuatro, y en esta casa la vorágine es la regla, todo puede cambiar en un minuto y todos adentro lo saben. En la otra casa todo era mucho más tranquilo.
—¿Cómo manejaste la repercusión o “la fama” que te dio tu primer paso por este reality?
—La fama era totalmente apabullante. Yo estuve en Gran hermano 3 y mientras los chicos del primer GH no sabían nada y creían que era solo un experimento, los que estuvimos en ediciones posteriores ya sabíamos a lo que nos exponíamos y que cuando saliéramos íbamos a tener fama. Uno lo puede ver, pero no lo podés sentir hasta que salís a la calle y verdaderamente no podés caminar. Es grato y hermoso.
—¿Y ahora?
—Por ahora todavía estoy en el hotel y no puedo ver cuál es la intensidad de la fama, pero me imagino que a todos los chicos les pasa lo mismo. Este es un programa que mueve multitudes y que siempre mide lo mismo. Así que imagino que debe ser igual, pero ahora, con mayor edad lo puedo tomar distinto y hasta usarlo de trampolín para trabajar en los medios, que es lo que yo más quiero.
—¿Qué le dirías a los que son más jóvenes respecto a esto?
—Les diría que se preparen porque la fama se pierde. Lo mejor es prepararse para que continúe y si no continúa, entonces que cuando aparezcan los trabajos que quieran hacer, estén preparados. ¿Se quieren dedicar a los medios? Bueno, hagan una carrera relacionada. Si quieren ser actores, entonces estudien teatro. Hay que prepararse porque afuera hay muchos, y por más fama que tengan si quieren estar en una novela o en medios sin haberse preparado, la verdad es que no lo van a lograr. Hay que prepararse muchísimo. Teatro, baile, canto, cuanto más preparado, más se abre el abanico de posibilidades.
“Incertidumbre”—¿Cómo recordás esos días posteriores a Gran Hermano?
—El primer año no fue muy bueno. Telefe me pedía que estudiara, que me preparara y yo lo hice, pero no aparecía nada. Al año, cuando menos lo esperaba, empecé a estar en los medios, estuve en una ficción en Polka, en otras de Telefe y ahí cambió un poco la cosa. Sin embargo, la situación era de una incertidumbre constante porque la gente me reconocía, pero por momentos yo no tenía trabajo. Hacía muchas participaciones en boliches, eso garpaba muchísimo y así recorrí toda la Argentina.
—¿Hay algo de esos años que no harías en la actualidad?
—Sinceramente no sé qué no haría o de qué me arrepiento porque todo es un aprendizaje. Hasta de las cosas malas se puede aprender. Bueno, ahora que pienso me gustaba ir a los boliches, pero no me gustaba el horario porque terminaba muy tarde, a las siete u ocho de la mañana y el día no rendía. Estaba contento por el trabajo, pero no era fácil.
—¿Después trabajaste un tiempo en Ecuador?
—Sí, en 2004 y 2005 me fui a hacer una novela porque un productor que hacía Gran hermano acá me llevó a Ecuador a hacer una novela durante un año y medio. La experiencia fue increíble porque ahí sí empecé a entender cómo era el rubro de la televisión. Para mí es indispensable estudiar, tener vocación, tener un trabajo, entender adónde tenés que pararte. Es como me dijo un actor una vez: “¿Dónde me paro? ¿Dónde miro? ¿Cuánto cobro?”. La televisión es eso. No es como el teatro que uno puede moverse por todas partes. La televisión es quedarte parado, decir el texto, ver si el plano es corto o largo, y otras cosas que te da el oficio. A mí eso me gustaba.
—¿Qué te pareció esa experiencia...?
—Y Ecuador me pareció un país encantador, me trataban súper bien, iba a los museos, conocí el país y me encantaba. Lo que me parecía raro es que me estaba haciendo famoso en otro país. Y ahora con 57 años podría pensar que se me fue el tren, pero siempre todo puede cambiar. No esperaba a esta edad volver a Gran Hermano. Me anoté en el casting pensando que no me iban a llamar, pero me llamaron y estuve. Y este es un mensaje para todas las personas que tienen una edad en la que piensan que las oportunidades pasaron. Eso es mentira. Después del tren puede venir un avión.
Escuchar y perdonar—¿Cuál es tu mirada frente al hecho de tener una hija con la que nunca tuviste ningún tipo de relación?
—No tengo relación con ella. De hecho, un día antes de entrar a la casa, no quería participar porque no quería involucrar a una madre y a una hija que no querían participar del juego. Y yo no las quería hacer entrar al show, hasta de eso me quise cuidar. Lo que puedo decir con todo lo que se está hablando es que lo que más deseo es construir, y creo que Gran Hermano me da esta oportunidad. Poder construir y unir algo desde el amor. Unir al otro hijo que tengo con Mía desde el amor. Porque ellos se pueden conocer y eso lo podría guardar como un tesoro para mi intimidad, eso es lo que más quiero. Lo demás tengo que decírselo a ellos. Si Mía me perdona, lo que más me gustaría es hablar con ella. Estoy abierto para escuchar y para que me escuche. Que me diga lo que quiera. Me hago cargo y me responsabilizo por todo lo que hice mal.
-¿Y llegaste a pensar en tu entrada en Gran Hermano como una forma de lograr un acercamiento?
-Nunca lo pensé hasta que vi que esto efectivamente podía provocar un acercamiento. La verdad es que hay días en los que no puedo dormir por este tema. Es algo que puede ser muy lindo y aparte, lo quiero hacer desde el amor. La unión de mi hijo con Mía sería desde el amor. Todo lo que le tengo que decir a Mía, se lo quiero decir a ella, que me escuche y que me pueda decir todo lo que quiera porque estoy para escuchar y para pedir perdón porque me equivoqué muchísimo.