El auto con nombre satánico que incomodó a la Iglesia, desapareció y volvió décadas después
En la industria automotriz, los nombres de los vehículos se piensan para reflejar la esencia del modelo. Buscan vender potencia, velocidad o sofisticación. Otros, en cambio, tienen intenciones de...
En la industria automotriz, los nombres de los vehículos se piensan para reflejar la esencia del modelo. Buscan vender potencia, velocidad o sofisticación. Otros, en cambio, tienen intenciones de provocar.
A comienzos de los años 70, Dodge eligió una de las denominaciones más audaces de su archivo con el Demon. El muscle car tenía un emblema con un pequeño diablo, un tridente y una comunicación comercial que jugaba deliberadamente con esa imagen.
La apuesta funcionaba como declaración de carácter, pero también terminó generando rechazo en sectores religiosos de Estados Unidos.
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El resultado fue una de esas historias curiosas que mezclan marketing, cultura popular e industria automotriz. El auto con nombre “satánico” duró apenas dos años en el mercado, donde tras las presiones fue rebautizado con una denominación mucho más neutra y, décadas más tarde, la marca decidió recuperar aquel nombre para aplicarlo a algunos de los modelos más extremos de su historia.
El Dodge Demon apareció en 1971. No era un desarrollo completamente independiente, sino la respuesta de la automotriz al éxito del Plymouth Duster, un fastback compacto de la misma familia del grupo Chrysler. Sobre esa base, la marca construyó su propia versión, con trompa de Dodge Dart, detalles de diseño específicos y una identidad más agresiva.
La versión más recordada fue el Demon 340, equipada con un motor V8. En aquel contexto, representaba una fórmula muy propia de la época: carrocería relativamente chica, motor grande, precio más accesible que el de los muscle cars de mayor tamaño y una imagen juvenil, directa y provocadora.
El modelo llevaba un logotipo con un diablo caricaturesco y tridente, y la comunicación comercial reforzaba esa idea con juegos de palabras vinculados al “demonio”. En términos de marketing, era una forma de presentar al auto como una máquina traviesa, rebelde y peligrosa. Invitaba a los conductores a sacar su lado más salvaje.
El nombre que generó incomodidadLa estrategia, sin embargo, tuvo un costo. Según reconstrucciones históricas y de museos especializados, el nombre Demon y su iconografía provocaron quejas de sectores cristianos en Estados Unidos. La objeción no apuntaba solamente a la palabra elegida, sino también al personaje del emblema y a la manera en que la marca explotaba esa estética en sus avisos.
Cabe aclarar que en la industria automotriz de comienzos de los años 70 también pesaban otros factores como nuevas regulaciones, cambios en los estándares de seguridad, caída de potencia en los motores, mayores restricciones ambientales y un mercado que empezaba a alejarse de los excesos de los muscle cars.
Pero la incomodidad existió. El nombre y el logo habían generado ruido y Dodge terminó retirando esa denominación. Para el año modelo 1973, el Demon fue reemplazado por el Dodge Dart Sport, una marca mucho más convencional, sin referencias religiosas ni provocaciones visuales.
El auto seguía siendo, en esencia, una evolución del mismo concepto. Pero ya no tenía el diablo en la carrocería ni el nombre que había despertado controversia. La rebeldía había sido domesticada.
El cambio de nombre también coincidió con una etapa de transición para la industria estadounidense. Los autos de alto rendimiento comenzaban a perder protagonismo frente a normativas más estrictas y a un consumidor que, poco después, sería golpeado por la crisis del petróleo. Las cifras de potencia empezaban a bajar y la época de los grandes V8 sin restricciones entraba en retirada.
El regreso del nombre prohibidoDécadas después, Dodge terminó de cerrar el círculo cuando recuperó el nombre. Primero lo hizo en 2007 con un prototipo llamado Dodge Demon Concept, un roadster compacto con motor delantero y tracción trasera que nunca llegó a producción. Pero el verdadero regreso se produjo en 2018, cuando la marca presentó el Dodge Challenger SRT Demon.
Esta vez, la denominación no fue usada para un compacto accesible, sino para uno de los autos de producción más extremos jamás creados por la marca.
Tenía un motor V8 HEMI sobrealimentado, podía alcanzar hasta 840 CV y estaba preparado para acelerar con una violencia inusual incluso dentro del mundo de los muscle cars modernos.
El capítulo final llegó con el Dodge Challenger SRT Demon 170, presentado como parte de la despedida de los muscle cars con motor V8 antes de la transición hacia nuevas tecnologías. Con cifras superiores a los 1000 caballos cuando utilizaba combustible E85, el Demon 170 llevó el concepto al límite.
En términos narrativos, era casi una revancha histórica. El nombre que alguna vez había sido retirado por resultar demasiado provocador volvió asociado al auto más salvaje de la marca. Ya no como un problema de reputación, sino como una marca de identidad.