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Reseña. La realidad absoluta, de Luis Sagasti

Todas las historias se han contado ya. Del mismo modo, toda la información, todos los datos –a pesar y con pesar de conspiradores reincidentes– están allá, acá, sobre la mesa, disponibles a...

Todas las historias se han contado ya. Del mismo modo, toda la información, todos los datos –a pesar y con pesar de conspiradores reincidentes– están allá, acá, sobre la mesa, disponibles a un clic de distancia. Y, no obstante, tanto la omnisciencia narrativa como los saberes enciclopédicos se han ido diluyendo en una actualidad efervescente en la que cada cual cree lo que –ideológica y emocionalmente– representa un menor costo para sí.

En la estela de sus producciones anteriores –especialmente de Bellas artes y Lenguas vivas– Luis Sagasti (Bahía Blanca, 1963) concibe una clase de artefacto orbitado menos por un narrador sabelotodo –de la clase que supo gobernar en otro tipo de mundo literario, el decimonónico, por ejemplo– que por un tipo de mente diseñada para cohesionar aquello que, a simple vista, se muestra tanto desconectado como inasible.

Allí donde todo emerge como caos y pura arbitrariedad, las filigranas de esta mente tejen un lenguaje secreto desinteresado de toda linealidad, que vierte sobre la herida de la humanidad el ungüento del sentido. Así, ya sea una anécdota infantil autoral, un cuadro renacentista, un anodino profesor de filosofía, una pieza de Wagner, las guardas de las Biblias medievales, la lógica de las abejas, los restos del Ser heideggeriano; o la forma de la biblioteca de Aby Warburg, una película de Fellini o un transeúnte que se resbala con las tripas de un cadáver asesinado por las bombas de la Revolución Libertadora –por hacer una enumeración harto escueta–, se entreveran en un artefacto –trenzado de ensayos, observaciones y relatos– que Sagasti –se intuye, a esta altura– pone en funcionamiento con sobrada facilidad.

Aunque no es solo la fragmentación de las sociedades actuales lo que exaspera; hay otro registro, inhabitable para el ser humano, traumático por excelencia, previo al lenguaje, en el que toda regla se infringe y todo marco interpretativo se disuelve: la realidad absoluta, en cuyo presente absoluto tambalean los fundamentos de la Razón. Es, por caso, la selva inexpugnable a la que se enfrenta Lope de Aguirre en el film de Herzog; o la locura santificada del coronel Kurtz en Apocalypse Now, de Coppola; o la instancia primal del corredor olímpico de los cien metros llanos que, en una cifra de segundo, precede toda simbolización para integrar una totalidad, una pura naturaleza; lugares-estados a los que, de acceder, no se regresa; y, de regresar, se lo hace irremediablemente dañado.

La Mente-Sagasti imprime sobre el mapa de las cosas un puñado de filigranas que pavimentan de sentido ciertas rutas; o que emergen, a su vez, como señales de advertencia: franquear las puertas de la percepción tiene su costo. Mientras tanto, elabora un lenguaje posible, para poner a raya el delirio e insuflarle melodía a la mudez. El salvoconducto para el náufrago que, aún despabilado, sobrevive en el desierto de lo real.

La realidad absoluta

Luis Sagasti

Eterna Cadencia

144 páginas

$29.800

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-la-realidad-absoluta-de-luis-sagasti-nid13062026/

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