Una exigencia que obliga a decidir entre los principios y el pragmatismo
Si hay algo que la agroindustria argentina puede ofrecer como ventaja competitiva son los sistemas sanitarios y de trazabilidad. Más allá de las dificultades crónicas del Estado, especialmente p...
Si hay algo que la agroindustria argentina puede ofrecer como ventaja competitiva son los sistemas sanitarios y de trazabilidad. Más allá de las dificultades crónicas del Estado, especialmente presupuestarias, para hacer valer su papel como órgano para garantizar la sanidad y calidad agroalimentaria, lo cierto es que hay una tradición por sostener los criterios técnicos y científicos en lugar de las modas pasajeras.
Muchas veces se elogia a Brasil en su carácter de potencia agroindustrial, particularmente por el crecimiento que ha tenido en las últimas décadas, pero se sabe que la trazabilidad de su producción tiene vacíos importantes. Se demostró en el reciente caso del cierre del mercado que dispuso la Unión Europea a los productos brasileños por no otorgar garantías suficientes en el control de antimicrobianos. No se trata de “sacar partido” de la desgracia ajena, pero en un mundo donde nadie da ventajas desde el punto de vista comercial es bueno tener la perspectiva de lo que se hace en el país. A esto no se ha llegado por arte de magia, muy por el contrario: hubo golpes. El más estruendoso fue el de principios de este siglo cuando la Argentina pasó de declararse libre de fiebre aftosa a negar oficialmente su reaparición pocos meses después de esa decisión. La lección fue aprendida.
Ahora hay otro desafío. Uno de los mercados más importantes para la agroindustria argentina, la Unión Europea, por razones políticas y presiones sociales adoptó una política supuestamente en favor del medio ambiente y de protección de sus consumidores. Más en lo profundo, con la aplicación del llamado “Pacto Verde” se propone prescindir en el largo plazo de los avances de la tecnología en materia de protección de cultivos, mejoramiento genético y uso de fertilización. Esto lo padecen los propios productores europeos que se sienten arrinconados no solo en cómo trabajan, sino en su forma de vida.
Hace tres años, como parte de esa política, aprobó una resolución, la EUDR 115, por la cual un conjunto de productos (ganado bovino, cacao, café, palma aceitera, caucho, soja y madera y sus derivados) deben originarse de zonas que no han sido deforestadas después de 2020. Tras postergarse su aplicación en los dos últimos años, los importadores europeos comenzaron en las últimas semanas a realizar órdenes de compra con el requisito de cumplir los términos de esta normativa. El punto clave es contar con una declaración de diligencia debida que incluya trazabilidad y georreferenciación de las parcelas de producción. En la Argentina se desarrolló una plataforma llamada Visec que, según sus impulsores, permite en forma gratuita registrarse y cumplir con los requisitos. Quienes la objetan afirman que se brinda demasiada información al eslabón exportador que puede no ser utilizada para los fines con los que fue creada.
Esta semana, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) sostuvo en un comunicado que había frigoríficos que estaban ofreciendo precios más bajos por la hacienda que no estuviera certificada por Visec. No identificó a las industrias.
“O te adaptás o no le vendés”, afirma Andrés Costamagna, director de la Sociedad Rural Argentina (SRA), a cargo de la comisión de Sustentabilidad de la entidad. “Es una barrera para arancelaria, eso está claro, pero ya no es cuestión de una resistencia política sino de decisión comercial”, considera.
Para Costamagna, la decisión de adoptar una plataforma de certificación es voluntaria. “En los últimos días, los exportadores de granos comenzaron a ofrecer un plus de US$5 por tonelada por soja inscripta en Visec; es más, hay corredores que recomiendan esperar porque la prima podría ser más alta”.
En la SRA, dijo, asesoran no solo a los socios sino también a productores interesados en cumplir con el requisito de la UE.
“El día de mañana se podrá plantear el reclamo diplomático y político”, dice el dirigente rural en referencia a la posible presentación de una queja en organismos como la Organización Mundial de Comercio (OMC) que hoy parece enfrentar una parálisis por el retroceso de las políticas multilaterales y el crecimiento de las guerras comerciales entre países.
Quizás sea el mercado el que en el corto plazo tenga la última palabra sobre este tipo de medidas que imponen los bloques económicos con consumidores de elevado poder adquisitivo. Pero en el mercado también hay fallas y no faltará quien intente tomar alguna ventaja. Nadie regala nada.