Suavizó la impronta brutalista de esta casa en San Isidro con una piel interior de petiribí
En una arbolada calle de las Lomas de San Isidro, una imponente cáscara de hormigón de más de 400 m2 comenzaba a imponer su fuerte impronta brutalista. Sin embargo, los dueños y futuros morador...
En una arbolada calle de las Lomas de San Isidro, una imponente cáscara de hormigón de más de 400 m2 comenzaba a imponer su fuerte impronta brutalista. Sin embargo, los dueños y futuros moradores sentían que el hormigón, por sí solo, no lograba abrigar el sueño de la casa familiar que anhelaban. En esa frontera entre la solidez de la arquitectura y la necesidad de habitarla con calidez, fue convocada la diseñadora de interiores Lalá Bussoli.
“Cuando me llamaron, ya habían empezado el proyecto de arquitectura y la obra con el Estudio MVAR, pero estaban trabados con el tema del interiorismo”, rememora Lalá. Con la estructura armada, pero las decisiones de revestimientos, colores, griferías y mobiliario en foja cero, el gran desafío fue transformar la frialdad inicial en un hogar vibrante para una pareja y sus tres hijos de 11, 6 y 4 años. “Aún sin conocernos, trabajamos muy bien -de forma paralela y en conjunto- con el estudio de arquitectura. Ellos se adaptaron mucho a mis pedidos de obra, lo que facilitó enormemente el proceso”.
En el living, el protagonismo se lo lleva un imponente panel de madera que esconde un secreto técnico y funcional. “En esa pared había unos conductos de aire acondicionado que debíamos tapar. Diseñamos un mueble desde cero, generando un falso cajón para ocultar las instalaciones y aprovechando el resto del espacio para crear un gran placard de guardado y vajillero”, revela Lalá. A su lado, una biblioteca con estantes de MDF laqueados en un sofisticado gris grafito aporta contraste y elegancia.
El espacio social en planta baja, totalmente integrado, se orientó hacia un gran ventanal corrido que diluye los límites con la galería y el jardín con pileta diseñado por la paisajista Carolina Pell.
Para que la cáscara de hormigón con pisos grises no resultara demasiado fría, Lalá introdujo un elemento noble y texturado: la madera de petiribí, que se convirtió en la espina dorsal del diseño de mobiliario y revestimientos. Por su parte, las paredes se revistieron con un sutil estucado en tono piedra, aportando una textura orgánica que abraza sin competir con el hormigón.
Una puerta “invisible” revestida en la misma madera del amoblamiento de cocina que, al empujarla, da acceso a un pasillo donde se conectan el mudroom, la despensa y el lavadero, manteniendo el orden visual intacto.
La cocina es un claro ejemplo de equilibrio cromático. “La clienta quería que predominara el gris y le gustaba la mesada oscura, por lo que propuse agregar la calidez del petiribí para que el espacio no resultara sombrío”, detalla la diseñadora.
Family junto a la cocinaEl toiletteSi el área social destaca por su armonía y sobriedad, el toilette de recepción es el espacio donde Lalá decidió romper las reglas de la neutralidad. “Cuando diseño un toilette, lo pienso en modo escenográfico. Me gusta proponerle al cliente jugar un poco más y salirse de lo común de la casa”, cuenta con entusiasmo. El resultado es un ambiente sofisticado y de alto impacto.
El mármol se trabajó ranurado para el revestimiento de pared y liso para la mesada, a la que se le puso frente de petiribí macizo.
A la planta altaAl llegar a la planta alta, nos recibe un playroom de distribución central que conecta todos los dormitorios. Al ser un espacio de uso estrictamente familiar, la diseñadora se permitió jugar con una paleta diferente. “Quería que fuera un espacio más para los chicos, salir de los neutros e incorporar toques de color”, explica, destacando la presencia de una impactante alfombra color granate que define la zona de juego.
Arriba, nuevamente ventanales corredizos con vista al jardín.
Los dormitorios infantiles fueron diseñados contemplando las transiciones vitales de cada chico. En el cuarto de sus hijas (de 6 y 4 años), la clienta solicitó un rincón especial: “Querían generar un ambiente de refugio, fantasía y paz. Aunque la casa cuenta con otra habitación que hoy funciona como cuarto de juegos, decidieron compartir el dormitorio en esta etapa de la infancia”.
Por último, la suite principal se presenta como un remanso de texturas donde las cortinas de lino liviano tamizan la luz y las fibras naturales aportan la dosis justa de suavidad. Aquí, una alfombra de gran presencia se convirtió en el broche de oro del espacio. “Nos costó mucho encontrarla, pero cuando apareció, sentimos que le dio el cierre perfecto al ambiente”, concluye Lalá.